La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es un misterio, descúbrelo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es amor, gózalo.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es aventura, vívela.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es VIDA, defiéndela.
Madre Teresa de Calcuta
sábado, 11 de diciembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
Los padres educadores de los adolescentes.
Los hijos son, desde luego, queridos por los padres, pero es fundamental que lo sepan, y sobre todo que lo vean en sus padres y se sientan queridos por ellos, siendo para ellos necesario conocer que son muy importantes para sus padres y que éstos están accesibles y a su disposición.
La crisis de la adolescencia, lo que generalmente se llama edad del pavo, aunque a mí me encanta la definición que una niña de doce años dio a su madre sobre su hermana de catorce: “Mi hermana no está en la edad del pavo, tiene la gripe aviar “, supone una serie de transformaciones físicas, psicológicas y sociales, lo que supone riesgos, pero sobre todo oportunidades, pues es una crisis de crecimiento, aunque no es un tiempo fácil para nadie, ni para ellos, ni para sus padres. No es extraño que en la adolescencia haya choques con el mundo adulto en general y con los padres en particular.
La actitud de éstos es fundamental, pues es muy importante que cada hijo reciba la dosis necesaria de amor, respeto y confianza, pues los hijos crecen y quieren ser libres, lo que es el objetivo de la educación: personas libres, con suficiente autoestima y autoconfianza, conscientes de sus responsabilidades y de sus límites, que se saben queridos y son a su vez capaces de amor y entrega, es decir individuos de provecho. Pero su personalidad no está todavía integrada, y sus problemas les hacen sufrir, por lo que no debemos minusvalorarlos. Con respecto a los adultos, está claro que desean independizarse de nosotros, pero también que estemos a mano de ellos, por si nos necesitan. Nos desean a los adultos lejos, pero a tiro.
Los hijos son, desde luego, queridos por los padres, pero es fundamental que lo sepan, y sobre todo que lo vean en sus padres y se sientan queridos por ellos, siendo para ellos necesario conocer que son muy importantes para sus padres y que éstos están accesibles y a su disposición. El cariño hacia los educandos es la única receta universalmente válida en educación. Aunque a veces sea desesperante y difícil el trato con ellos, pues su inseguridad les lleva a la reacción contraria de creerse ya autosuficientes, es una de las épocas en que más necesitan nuestra ayuda en forma de escucha y diálogo, especialmente las chicas con su madre.
Conviene, a su vez, que los padres sepan que son queridos por sus hijos, más de lo que ellos a menudo piensan. La mayor parte de los adolescentes tienen un gran cariño hacia sus padres, se saben queridos y están orgullosos de ellos, conformes e incluso agradecidos con la educación que reciben, aunque, con frecuencia, les da vergüenza manifestar externamente su cariño. Más de una vez les he preguntado que si tuviesen un hijo de su edad, cómo lo educarían. La respuesta casi siempre es: más o menos como a mí. Sólo hay un punto en que el desacuerdo es radical, y se da en todos los países: la hora de llegar a casa.
Ante las ansias de libertad de sus hijos, los padres han de ser sus moderadores, pero sin inmovilismos. Los muchachos de esta edad que han tenido una evolución sana saben apreciar los valores, quieren ser mejores, pero incluso ni en las mejores condiciones familiares y escolares pueden excluirse los conflictos. Desgraciadamente, con excesiva frecuencia nuestros adolescentes tienen demasiadas cosas, y los padres los protegen demasiado, A su vez, los padres han de procurar no cometer equivocaciones, de las que las más frecuentes son el querer que los hijos vivan lo más cómodamente posible, con la intención laudable pero errónea de evitar a los hijos los momentos duros por los que ellos han tenido que pasar, con el resultado de hacerles blandos e incapaces de enfrentarse con las dificultades de la vida. También por esto de vez en cuando los padres deben decir no a sus hijos, para que el adolescente comprenda que sigue estando sometido a una autoridad, que no puede hacer todo lo que le apetezca y que está bajo la tutela de unos padres que se preocupan por él, lo que en el fondo le hace sentirse protegido, cosa que no sucedería si se le concediese todo lo que pide. Además así se les prepara para las inevitables desilusiones de la vida y a que tienen que adaptarse a los demás, pues los demás también existen y no se puede hacer lo que a uno le venga en gana.
Pero hoy no basta ya la simple imposición de unas normas u obligaciones, sino que hay que indicar también los valores que encierran. Para ello, los padres han de intentar sobre todo convencer a sus hijos, evitando los extremos de una rigidez excesiva que con frecuencia impulsa a la rebelión y a transgredir las normas, así como una permisividad inmoderada, que lleva al joven al convencimiento de que no les interesa a sus padres y en consecuencia al sentimiento de abandono. Es frecuente también el error de que para evitar problemas los padres traten de no hablar de las cuestiones religiosas, políticas o sociales, con lo que dejan a sus hijos sin puntos de apoyo para su vida, cuando lo que éstos necesitan son referentes sólidos en los cuales basarse.
Educar, en efecto, es mostrar el sentido de la vida, tener una idea precisa del modelo de persona que se persigue, el por qué y para qué vivir, lo que propicia el desarrollo de la dimensión religiosa de la persona, es decir enseñar a que se tenga muy claro qué merece el empleo de nuestro esfuerzo y de nuestra vida y qué no lo merece; qué es sustancial y qué accidental, y por tanto opinable; si apostamos por la verdad, la honradez y el respeto a los demás, o si lo hacemos por el dinero, el éxito, el placer o el poder. El papel principal de los padres es el de educadores, correspondiendo, mas bien pero no exclusivamente, al padre marcar las normas o pautas de conducta y a la madre el de apaciguar tensiones, acompañando ambos a sus hijos en su recorrido desde lo que son hacia lo que deben ser, enseñando a sus hijos el valor del esfuerzo, del sacrificio, del trabajo bien hecho, que es aquello que nos permite ganarnos la vida, pero también nuestro primer servicio a los demás, alcanzando éstos la verdadera libertad y autonomía cuando han aprendido qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, es decir cuando su conducta es una conducta moral.
P.Pedro Trevijano, sacerdote
La crisis de la adolescencia, lo que generalmente se llama edad del pavo, aunque a mí me encanta la definición que una niña de doce años dio a su madre sobre su hermana de catorce: “Mi hermana no está en la edad del pavo, tiene la gripe aviar “, supone una serie de transformaciones físicas, psicológicas y sociales, lo que supone riesgos, pero sobre todo oportunidades, pues es una crisis de crecimiento, aunque no es un tiempo fácil para nadie, ni para ellos, ni para sus padres. No es extraño que en la adolescencia haya choques con el mundo adulto en general y con los padres en particular.
La actitud de éstos es fundamental, pues es muy importante que cada hijo reciba la dosis necesaria de amor, respeto y confianza, pues los hijos crecen y quieren ser libres, lo que es el objetivo de la educación: personas libres, con suficiente autoestima y autoconfianza, conscientes de sus responsabilidades y de sus límites, que se saben queridos y son a su vez capaces de amor y entrega, es decir individuos de provecho. Pero su personalidad no está todavía integrada, y sus problemas les hacen sufrir, por lo que no debemos minusvalorarlos. Con respecto a los adultos, está claro que desean independizarse de nosotros, pero también que estemos a mano de ellos, por si nos necesitan. Nos desean a los adultos lejos, pero a tiro.
Los hijos son, desde luego, queridos por los padres, pero es fundamental que lo sepan, y sobre todo que lo vean en sus padres y se sientan queridos por ellos, siendo para ellos necesario conocer que son muy importantes para sus padres y que éstos están accesibles y a su disposición. El cariño hacia los educandos es la única receta universalmente válida en educación. Aunque a veces sea desesperante y difícil el trato con ellos, pues su inseguridad les lleva a la reacción contraria de creerse ya autosuficientes, es una de las épocas en que más necesitan nuestra ayuda en forma de escucha y diálogo, especialmente las chicas con su madre.
Conviene, a su vez, que los padres sepan que son queridos por sus hijos, más de lo que ellos a menudo piensan. La mayor parte de los adolescentes tienen un gran cariño hacia sus padres, se saben queridos y están orgullosos de ellos, conformes e incluso agradecidos con la educación que reciben, aunque, con frecuencia, les da vergüenza manifestar externamente su cariño. Más de una vez les he preguntado que si tuviesen un hijo de su edad, cómo lo educarían. La respuesta casi siempre es: más o menos como a mí. Sólo hay un punto en que el desacuerdo es radical, y se da en todos los países: la hora de llegar a casa.
Ante las ansias de libertad de sus hijos, los padres han de ser sus moderadores, pero sin inmovilismos. Los muchachos de esta edad que han tenido una evolución sana saben apreciar los valores, quieren ser mejores, pero incluso ni en las mejores condiciones familiares y escolares pueden excluirse los conflictos. Desgraciadamente, con excesiva frecuencia nuestros adolescentes tienen demasiadas cosas, y los padres los protegen demasiado, A su vez, los padres han de procurar no cometer equivocaciones, de las que las más frecuentes son el querer que los hijos vivan lo más cómodamente posible, con la intención laudable pero errónea de evitar a los hijos los momentos duros por los que ellos han tenido que pasar, con el resultado de hacerles blandos e incapaces de enfrentarse con las dificultades de la vida. También por esto de vez en cuando los padres deben decir no a sus hijos, para que el adolescente comprenda que sigue estando sometido a una autoridad, que no puede hacer todo lo que le apetezca y que está bajo la tutela de unos padres que se preocupan por él, lo que en el fondo le hace sentirse protegido, cosa que no sucedería si se le concediese todo lo que pide. Además así se les prepara para las inevitables desilusiones de la vida y a que tienen que adaptarse a los demás, pues los demás también existen y no se puede hacer lo que a uno le venga en gana.
Pero hoy no basta ya la simple imposición de unas normas u obligaciones, sino que hay que indicar también los valores que encierran. Para ello, los padres han de intentar sobre todo convencer a sus hijos, evitando los extremos de una rigidez excesiva que con frecuencia impulsa a la rebelión y a transgredir las normas, así como una permisividad inmoderada, que lleva al joven al convencimiento de que no les interesa a sus padres y en consecuencia al sentimiento de abandono. Es frecuente también el error de que para evitar problemas los padres traten de no hablar de las cuestiones religiosas, políticas o sociales, con lo que dejan a sus hijos sin puntos de apoyo para su vida, cuando lo que éstos necesitan son referentes sólidos en los cuales basarse.
Educar, en efecto, es mostrar el sentido de la vida, tener una idea precisa del modelo de persona que se persigue, el por qué y para qué vivir, lo que propicia el desarrollo de la dimensión religiosa de la persona, es decir enseñar a que se tenga muy claro qué merece el empleo de nuestro esfuerzo y de nuestra vida y qué no lo merece; qué es sustancial y qué accidental, y por tanto opinable; si apostamos por la verdad, la honradez y el respeto a los demás, o si lo hacemos por el dinero, el éxito, el placer o el poder. El papel principal de los padres es el de educadores, correspondiendo, mas bien pero no exclusivamente, al padre marcar las normas o pautas de conducta y a la madre el de apaciguar tensiones, acompañando ambos a sus hijos en su recorrido desde lo que son hacia lo que deben ser, enseñando a sus hijos el valor del esfuerzo, del sacrificio, del trabajo bien hecho, que es aquello que nos permite ganarnos la vida, pero también nuestro primer servicio a los demás, alcanzando éstos la verdadera libertad y autonomía cuando han aprendido qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, es decir cuando su conducta es una conducta moral.
P.Pedro Trevijano, sacerdote
sábado, 9 de octubre de 2010
Mauro Piacenza, el hombre del Papa para la reforma del clero
Continuando con su paciente labor de reforma de la Curia Romana, Benedicto XVI aceptó hoy la renuncia por límite de edad del Cardenal Hummes al cargo de Prefecto de la Congregación para el Clero y llamó para sucederlo en el mismo cargo a Mons. Mauro Piacenza, hasta ahora Secretario de dicho dicasterio.
Es interesante notar que no es común la práctica de nombrar como prefecto de un dicasterio romano a quien cumplía las funciones de secretario en el mismo organismo. No obstante esto, algunas veces esta costumbre no se sigue, como ha sucedido hoy con el nuevo prefecto Piacenza, quien, como se sabe, ha sido formado en la escuela de Giuseppe Siri, el gran cardenal de Génova, de la cual provienen también don Guido Marini y Mons. Marc Aillet.
Muchos comentaristas coinciden en señalar que, dado que el nombramiento se ha realizado ahora (con 76 años, el cardenal Hummes podría haber permanecido algunas semanas más en el cargo), es casi seguro que Mons. Piacenza estará entre aquellos que serán creados cardenales en el próximo consistorio. En efecto, a diferencia de los Pontificios Consejos que cuentan con un arzobispo presidente (que, eventualmente y si el Sumo Pontífice lo desea, puede ser creado cardenal), las Congregaciones romanas tienen a la cabeza, por derecho, un cardenal prefecto. La inclusión de Piacenza en el consistorio, sin embargo, plantearía el problema del excesivo número de italianos que son candidatos a la púrpura, lo cual podría provocar que no se incluyera en el consistorio de fines de noviembre a alguno de los arzobispos italianos que presiden dicasterios menores y para los cuales se esperaba el cardenalato.
La noticia del nombramiento de Mons. Piacenza es, sin lugar a dudas, muy buena. Una vez más, y sin previsiones periodísticas de por medio, el Papa ha elegido para un cargo importante a un hombre de su entera confianza y que comparte con él su pensamiento y visión eclesial. El nuevo prefecto conoce muy bien el dicasterio del Clero, dado que ha trabajado allí por muchos años, primero como subsecretario y luego como secretario. A Mons. Piacenza, en efecto, se le atribuyen algunas de las iniciativas más fuertes del Año Sacerdotal, relacionadas con la vida espiritual de los presbíteros, la importancia de la Adoración Eucarística y de la digna celebración del Sacrificio Eucarístico, la recuperación de la verdadera identidad del sacerdote católico y la necesidad de una hermenéutica de la continuidad sacerdotal.
Precisamente sobre esta hermenéutica, Mons. Piacenza explicaba hace pocos meses que “es una expresión providencialmente utilizada por el Papa en su alocución a los más de quinientos participantes en el congreso. Creo que, dada también la contigüidad terminológica, debe necesariamente ser interpretada a la luz de la hermenéutica de la continuidad eclesial, que el Papa ha indicado como la única posible interpretación correcta del concilio ecuménico Vaticano II, en el discurso dirigido a la Curia romana el 22 de diciembre de 2005. No existen sacerdotes pre-conciliares y post-conciliares, así como no existe una Iglesia pre y post conciliar. Existe la única Iglesia de Cristo, con el único sacerdocio de Cristo participado a aquellos que él llama en toda época y circunstancia. El modelo es siempre el Señor y la identificación total con la llamada que Él ha dirigido, como vivió y enseñó san Juan María Vianney”.
De la Buhardilla de Jerónimo
Es interesante notar que no es común la práctica de nombrar como prefecto de un dicasterio romano a quien cumplía las funciones de secretario en el mismo organismo. No obstante esto, algunas veces esta costumbre no se sigue, como ha sucedido hoy con el nuevo prefecto Piacenza, quien, como se sabe, ha sido formado en la escuela de Giuseppe Siri, el gran cardenal de Génova, de la cual provienen también don Guido Marini y Mons. Marc Aillet.
Muchos comentaristas coinciden en señalar que, dado que el nombramiento se ha realizado ahora (con 76 años, el cardenal Hummes podría haber permanecido algunas semanas más en el cargo), es casi seguro que Mons. Piacenza estará entre aquellos que serán creados cardenales en el próximo consistorio. En efecto, a diferencia de los Pontificios Consejos que cuentan con un arzobispo presidente (que, eventualmente y si el Sumo Pontífice lo desea, puede ser creado cardenal), las Congregaciones romanas tienen a la cabeza, por derecho, un cardenal prefecto. La inclusión de Piacenza en el consistorio, sin embargo, plantearía el problema del excesivo número de italianos que son candidatos a la púrpura, lo cual podría provocar que no se incluyera en el consistorio de fines de noviembre a alguno de los arzobispos italianos que presiden dicasterios menores y para los cuales se esperaba el cardenalato.
La noticia del nombramiento de Mons. Piacenza es, sin lugar a dudas, muy buena. Una vez más, y sin previsiones periodísticas de por medio, el Papa ha elegido para un cargo importante a un hombre de su entera confianza y que comparte con él su pensamiento y visión eclesial. El nuevo prefecto conoce muy bien el dicasterio del Clero, dado que ha trabajado allí por muchos años, primero como subsecretario y luego como secretario. A Mons. Piacenza, en efecto, se le atribuyen algunas de las iniciativas más fuertes del Año Sacerdotal, relacionadas con la vida espiritual de los presbíteros, la importancia de la Adoración Eucarística y de la digna celebración del Sacrificio Eucarístico, la recuperación de la verdadera identidad del sacerdote católico y la necesidad de una hermenéutica de la continuidad sacerdotal.
Precisamente sobre esta hermenéutica, Mons. Piacenza explicaba hace pocos meses que “es una expresión providencialmente utilizada por el Papa en su alocución a los más de quinientos participantes en el congreso. Creo que, dada también la contigüidad terminológica, debe necesariamente ser interpretada a la luz de la hermenéutica de la continuidad eclesial, que el Papa ha indicado como la única posible interpretación correcta del concilio ecuménico Vaticano II, en el discurso dirigido a la Curia romana el 22 de diciembre de 2005. No existen sacerdotes pre-conciliares y post-conciliares, así como no existe una Iglesia pre y post conciliar. Existe la única Iglesia de Cristo, con el único sacerdocio de Cristo participado a aquellos que él llama en toda época y circunstancia. El modelo es siempre el Señor y la identificación total con la llamada que Él ha dirigido, como vivió y enseñó san Juan María Vianney”.
De la Buhardilla de Jerónimo
viernes, 1 de octubre de 2010
Las familias numerosas
REFLEXIONES DE UN CURA ESPAÑOL
Otra vez he estado en Santiago de Compostela confesando con motivo del año jubilar, y uno de los recuerdos entrañables que me llevo es haber confesado, con dos días diferencia, a dos familias francesas completas, una con ocho y otra con diez hijos. Ciertamente es muy bueno que los padres se confiesen junto a sus hijos, dándoles así ejemplo. Ante la segunda familia, me pudo la curiosidad y pregunté a los niños: «¿Qué opinan sus compañeros que sean diez hermanos?». La contestación tipo fue: «de entrada no se lo creen, piensan que es una broma; pero luego cuando se dan cuenta de que es verdad, algunos dicen que así no tendremos la ropa que queremos ni dinero para nuestros caprichos. Pero la gran mayoría responde con un simple: ¡qué suerte tienen!
Recuerdo que en cierta ocasión, dando una charla sobre sexualidad, alguien del público me preguntó que qué opinaba sobre las familias numerosas. Respondí que yo era el sexto hermano y que estaba muy contento de haber nacido.
En la Escritura, la mentalidad es que el hijo, el nuevo ser, es fundamentalmente una bendición de Dios. Dando vida, también se recibe vida, y salir de uno mismo y adherirse a la bendición de la creación es esencialmente bueno para el hombre.
Acerca de la fecundidad del matrimonio el Concilio Vaticano II dice: «los esposos cristianos, confiando en la divina Providencia y cultivando el espíritu de sacrificio, glorifican al Creador y tienden a la perfección en Cristo cuando cumplen su tarea de procrear con generosa, humana y cristiana responsabilidad. Entre los cónyuges que cumplen de este modo la tarea que les ha sigo confiada por Dios, merecen una especial mención los que con prudencia y de común acuerdo aceptan con generosidad una prole incluso numerosa para educarla dignamente» (Gaudium et Spes nº 50).
La vida humana es un bien, y considerarlo así es un paso adelante para tener una visión auténticamente cristiana de la existencia. Los cónyuges no son, por tanto, sujetos meramente pasivos, sino que con su responsabilidad generosa, humana y cristiana, están llamados a ser los intérpretes de la voluntad de Dios en la transmisión de la vida
Así queda superada, por una parte, la consideración de que el número de hijos depende tan solo de la providencia divina, y, por otra parte, también esa concepción anticristiana que no quiere saber de sacrificio y abnegación y da paso libre al egoísmo. La racionalidad lleva a los esposos a tener los hijos que pueden atender y educar debidamente, pero también atendiendo a los hijos que puedan venir, incluso en contra de sus intenciones.
En una sociedad tan cerrada a la vida como la nuestra, donde hay auténtico miedo a engendrar, no hay que olvidar que los hijos consolidan el matrimonio y que el confiar en la providencia a la luz de las posibilidades reales del matrimonio es una actitud digna de elogio. Y es que, como dice Benedicto XVI, «en el actual contexto social, los núcleos familiares con muchos hijos constituyen un testimonio de fe, de valentía y de optimismo, pues sin hijos no hay futuro». Este testimonio de los padres hace que sea más fácil que los hijos, arrastrados por el ejemplo vivan los valores, se ayuden entre sí, aprendan a compartir sus cosas, incluidos sus juguetes, y vayan creciendo y madurando adecuadamente. Estas familias son una auténtica riqueza para la sociedad y para la Iglesia, y un testimonio vivo de fe y de alegría para los futuros cónyuges y para otros matrimonios. No nos olvidemos además que Dios no se deja ganar en generosidad.
Recordemos que no engendran miseria los que educan a las personas a la fidelidad, el amor y el respeto a la vida, mientras que sí la engendran los que tratan de destruir los valores éticos y morales, fomentando el egoísmo y la irresponsabilidad.
La miseria es consecuencia de una sociedad que no cree en valores permanentes, desprecia a la persona y trata de destruir a las organizaciones que funcionan defendiendo la dignidad del ser humano.
por padre Pedro Trevijano
Otra vez he estado en Santiago de Compostela confesando con motivo del año jubilar, y uno de los recuerdos entrañables que me llevo es haber confesado, con dos días diferencia, a dos familias francesas completas, una con ocho y otra con diez hijos. Ciertamente es muy bueno que los padres se confiesen junto a sus hijos, dándoles así ejemplo. Ante la segunda familia, me pudo la curiosidad y pregunté a los niños: «¿Qué opinan sus compañeros que sean diez hermanos?». La contestación tipo fue: «de entrada no se lo creen, piensan que es una broma; pero luego cuando se dan cuenta de que es verdad, algunos dicen que así no tendremos la ropa que queremos ni dinero para nuestros caprichos. Pero la gran mayoría responde con un simple: ¡qué suerte tienen!
Recuerdo que en cierta ocasión, dando una charla sobre sexualidad, alguien del público me preguntó que qué opinaba sobre las familias numerosas. Respondí que yo era el sexto hermano y que estaba muy contento de haber nacido.
En la Escritura, la mentalidad es que el hijo, el nuevo ser, es fundamentalmente una bendición de Dios. Dando vida, también se recibe vida, y salir de uno mismo y adherirse a la bendición de la creación es esencialmente bueno para el hombre.
Acerca de la fecundidad del matrimonio el Concilio Vaticano II dice: «los esposos cristianos, confiando en la divina Providencia y cultivando el espíritu de sacrificio, glorifican al Creador y tienden a la perfección en Cristo cuando cumplen su tarea de procrear con generosa, humana y cristiana responsabilidad. Entre los cónyuges que cumplen de este modo la tarea que les ha sigo confiada por Dios, merecen una especial mención los que con prudencia y de común acuerdo aceptan con generosidad una prole incluso numerosa para educarla dignamente» (Gaudium et Spes nº 50).
La vida humana es un bien, y considerarlo así es un paso adelante para tener una visión auténticamente cristiana de la existencia. Los cónyuges no son, por tanto, sujetos meramente pasivos, sino que con su responsabilidad generosa, humana y cristiana, están llamados a ser los intérpretes de la voluntad de Dios en la transmisión de la vida
Así queda superada, por una parte, la consideración de que el número de hijos depende tan solo de la providencia divina, y, por otra parte, también esa concepción anticristiana que no quiere saber de sacrificio y abnegación y da paso libre al egoísmo. La racionalidad lleva a los esposos a tener los hijos que pueden atender y educar debidamente, pero también atendiendo a los hijos que puedan venir, incluso en contra de sus intenciones.
En una sociedad tan cerrada a la vida como la nuestra, donde hay auténtico miedo a engendrar, no hay que olvidar que los hijos consolidan el matrimonio y que el confiar en la providencia a la luz de las posibilidades reales del matrimonio es una actitud digna de elogio. Y es que, como dice Benedicto XVI, «en el actual contexto social, los núcleos familiares con muchos hijos constituyen un testimonio de fe, de valentía y de optimismo, pues sin hijos no hay futuro». Este testimonio de los padres hace que sea más fácil que los hijos, arrastrados por el ejemplo vivan los valores, se ayuden entre sí, aprendan a compartir sus cosas, incluidos sus juguetes, y vayan creciendo y madurando adecuadamente. Estas familias son una auténtica riqueza para la sociedad y para la Iglesia, y un testimonio vivo de fe y de alegría para los futuros cónyuges y para otros matrimonios. No nos olvidemos además que Dios no se deja ganar en generosidad.
Recordemos que no engendran miseria los que educan a las personas a la fidelidad, el amor y el respeto a la vida, mientras que sí la engendran los que tratan de destruir los valores éticos y morales, fomentando el egoísmo y la irresponsabilidad.
La miseria es consecuencia de una sociedad que no cree en valores permanentes, desprecia a la persona y trata de destruir a las organizaciones que funcionan defendiendo la dignidad del ser humano.
por padre Pedro Trevijano
EL MÉTODO DEL "ACOMODAMIENTO"
El método de acomodamiento, central en la actividad misionera de Mateo Ricci, tiene sus raíces teológicas en el pensamiento de Tomás de Aquino y de Erasmo de Rótterdam. Era un instrumento hermenéutico adecuado para afrontar cuestiones culturales y religiosas complejas, con sus implicancias doctrinales.
Ricci notó que muchos pasajes de los textos clásicos chinos coincidían con la doctrina cristiana y propuso un paralelo entre la relación del cristianismo con la cultura greco-romana y la del cristianismo con el pensamiento confuciano.
La distinción entre la doctrina original de los clásicos y los sucesivos comentarios neo-confucianos es un punto clave en la interpretación del confucianismo hecha por Ricci. Él afirmó que los antiguos creían en un Dios creador: los términos antiguos "Soberano de lo alto" (Shangdi) y "Cielo" (Tian), no son impersonales e inmanentes, sino personales y trascendentes. Ricci, pues, adoptó los términos "Soberano del Cielo" y "Cielo", junto al neologismo "Señor del Cielo" (Tianzhu), para traducir el nombre de Dios.
Una ulterior y fundamental prueba de la acomodación como instrumento hermenéutico se encuentra en el método utilizado por Ricci para predicar y escribir libros de argumento religioso. En "De la entrada de la Compañía de Jesús y cristiandad en China" y en numerosas cartas, Ricci ilustra elocuentemente su método catequético, basado en la neta distinción entre catecismo y doctrina cristiana.
El "Catecismo" de Ricci, publicado en 1603 después de años de elaboración con el título "El verdadero significado del Señor del Cielo", era una presentación de conceptos fundamentales como la existencia de Dios y la retribución del bien y del mal, en diálogo con los literarios confucianos y en polémica con budistas y taoístas.
La "Doctrina cristiana" ("Doctrina del Señor del Cielo", 1605), contenía un resumen completo de la doctrina cristiana para catecúmenos y creyentes: la doctrina de la Trinidad y del Cristo, las Sagradas Escrituras, los sacramentos, los preceptos de la Iglesia, la oración cristiana, etc. [...]
El "Catecismo" era pues una representación cristiana del contexto cultural y de los clásicos chinos. En 1609, en una carta al vice-provincial de los jesuitas en Japón, Francisco Pasi, Ricci daba la siguiente interpretación teológica de los textos confucianos: "Examinando bien todos estos libros, encontraremos en ellos muy pocas cosas contra la luz de la razón y muchísimas conformes a ella." [...]
En el "Catecismo", que es el libro más importante de Ricci, Jesús es mencionado sólo en el octavo y último capítulo, como maestro y operador de milagros enviado por Dios. Sin embargo, el capítulo no describe explícitamente a Jesús como hijo de Dios y salvador de la humanidad. En él más bien se lee que sus enseñanzas son la base de la civilización occidental y después de la venida de Jesús "muchas naciones occidentales realizaron grandes progresos en la vía de la civilización". El intento era que la figura de Jesús habría suscitado un cierto interés en los literarios confucianos si hubiese sido vista como un equivalente occidental de los "maestros" en la tradición filosófica china. No obstante ello, Ricci evita proponer una comparación directa entre Jesús y Confucio. Jesús, en realidad, es presentado como superior a todos los otros maestros, santos y reyes. Por más que busque ponerse en el mismo plano de sus interlocutores confucianos, Ricci afirma siempre la superioridad de Cristo. […]
La "Doctrina cristiana" contiene en cambio las enseñanzas de la revelación, esenciales para recibir el bautismo y practicar una vida cristiana. Era publicada anónima porque su contenido no era otro que la enseñanza tradicional cristiana: ninguno habría podido poner la propia firma a la doctrina común, trasmitida desde siempre. […] La única cosa que le falta en la primera edición son cinco preceptos de la Iglesia. En aquel tiempo los cristianos bautizados eran en China sólo 500, esparcidos en varias ciudades y sin ninguna organización eclesiástica, y Ricci probablemente pensó que sería prematuro y no posible introducir esos cinco preceptos en China. [...]
Ricci aplicó la distinción entre catecismo y doctrina cristiana también a su predica oral, adoptando lo que a continuación serían llamados "apostolado indirecto" y "apostolado directo". El primero tenía como interlocutores a los literatos confucianos; el segundo a los catecúmenos y a los bautizados.
Cuando practicaba la predica indirecta en sus reuniones con los literatos, Ricci utilizaba el diálogo y la discusión según el modelo de las tesis clásicas chinas y occidentales. Sus conversaciones partían de los tratados de temas científicos, éticos y filosóficos, desarrollando los elementos semejantes en los clásicos chinos y occidentales a favor de sus propias argumentaciones. Sucesivamente Ricci conducía a los interlocutores a discutir sobre creencias religiosas y éticas, como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, la recompensa de los buenos en el paraíso y el castigo de los malvados en el infierno. [...]
El "Catecismo" de Ricci, o sea "El verdadero significado del Señor del Cielo", no estaba escrito sólo para los literarios, los convertidos y los catecúmenos, sino también para los opositores de la fe y para quien estuviera interesado. Era un libro para todos y comprensible por cualquiera y, como tal, fue impreso en numerosas copias y difundido en toda la China. Los libros viajaban incluso sin los misioneros y alcanzaban las naciones vecinas: Corea, Japón y Vietnam. [...]
A la inversa, la "Doctrina cristiana" no había sido compilada para ser distribuida a cualquiera, sino a los cristianos y catecúmenos. Sin embargo, este libro era ocasionalmente dado también a los no cristianos hacia los cuales los misioneros tenían esperanzas fundadas de que se convertirían. La dinámica de la misión en China era más compleja de cuanto una esquematización cualquiera pueda darnos una idea sobre ella. Hay algo de similar entre el método de Ricci y la catequesis de los primeros siglos del cristianismo, cuando se tomaba para los catecúmenos una introducción gradual, en etapas, a los misterios de la fe.
por Gianni Criveller
Ricci notó que muchos pasajes de los textos clásicos chinos coincidían con la doctrina cristiana y propuso un paralelo entre la relación del cristianismo con la cultura greco-romana y la del cristianismo con el pensamiento confuciano.
La distinción entre la doctrina original de los clásicos y los sucesivos comentarios neo-confucianos es un punto clave en la interpretación del confucianismo hecha por Ricci. Él afirmó que los antiguos creían en un Dios creador: los términos antiguos "Soberano de lo alto" (Shangdi) y "Cielo" (Tian), no son impersonales e inmanentes, sino personales y trascendentes. Ricci, pues, adoptó los términos "Soberano del Cielo" y "Cielo", junto al neologismo "Señor del Cielo" (Tianzhu), para traducir el nombre de Dios.
Una ulterior y fundamental prueba de la acomodación como instrumento hermenéutico se encuentra en el método utilizado por Ricci para predicar y escribir libros de argumento religioso. En "De la entrada de la Compañía de Jesús y cristiandad en China" y en numerosas cartas, Ricci ilustra elocuentemente su método catequético, basado en la neta distinción entre catecismo y doctrina cristiana.
El "Catecismo" de Ricci, publicado en 1603 después de años de elaboración con el título "El verdadero significado del Señor del Cielo", era una presentación de conceptos fundamentales como la existencia de Dios y la retribución del bien y del mal, en diálogo con los literarios confucianos y en polémica con budistas y taoístas.
La "Doctrina cristiana" ("Doctrina del Señor del Cielo", 1605), contenía un resumen completo de la doctrina cristiana para catecúmenos y creyentes: la doctrina de la Trinidad y del Cristo, las Sagradas Escrituras, los sacramentos, los preceptos de la Iglesia, la oración cristiana, etc. [...]
El "Catecismo" era pues una representación cristiana del contexto cultural y de los clásicos chinos. En 1609, en una carta al vice-provincial de los jesuitas en Japón, Francisco Pasi, Ricci daba la siguiente interpretación teológica de los textos confucianos: "Examinando bien todos estos libros, encontraremos en ellos muy pocas cosas contra la luz de la razón y muchísimas conformes a ella." [...]
En el "Catecismo", que es el libro más importante de Ricci, Jesús es mencionado sólo en el octavo y último capítulo, como maestro y operador de milagros enviado por Dios. Sin embargo, el capítulo no describe explícitamente a Jesús como hijo de Dios y salvador de la humanidad. En él más bien se lee que sus enseñanzas son la base de la civilización occidental y después de la venida de Jesús "muchas naciones occidentales realizaron grandes progresos en la vía de la civilización". El intento era que la figura de Jesús habría suscitado un cierto interés en los literarios confucianos si hubiese sido vista como un equivalente occidental de los "maestros" en la tradición filosófica china. No obstante ello, Ricci evita proponer una comparación directa entre Jesús y Confucio. Jesús, en realidad, es presentado como superior a todos los otros maestros, santos y reyes. Por más que busque ponerse en el mismo plano de sus interlocutores confucianos, Ricci afirma siempre la superioridad de Cristo. […]
La "Doctrina cristiana" contiene en cambio las enseñanzas de la revelación, esenciales para recibir el bautismo y practicar una vida cristiana. Era publicada anónima porque su contenido no era otro que la enseñanza tradicional cristiana: ninguno habría podido poner la propia firma a la doctrina común, trasmitida desde siempre. […] La única cosa que le falta en la primera edición son cinco preceptos de la Iglesia. En aquel tiempo los cristianos bautizados eran en China sólo 500, esparcidos en varias ciudades y sin ninguna organización eclesiástica, y Ricci probablemente pensó que sería prematuro y no posible introducir esos cinco preceptos en China. [...]
Ricci aplicó la distinción entre catecismo y doctrina cristiana también a su predica oral, adoptando lo que a continuación serían llamados "apostolado indirecto" y "apostolado directo". El primero tenía como interlocutores a los literatos confucianos; el segundo a los catecúmenos y a los bautizados.
Cuando practicaba la predica indirecta en sus reuniones con los literatos, Ricci utilizaba el diálogo y la discusión según el modelo de las tesis clásicas chinas y occidentales. Sus conversaciones partían de los tratados de temas científicos, éticos y filosóficos, desarrollando los elementos semejantes en los clásicos chinos y occidentales a favor de sus propias argumentaciones. Sucesivamente Ricci conducía a los interlocutores a discutir sobre creencias religiosas y éticas, como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, la recompensa de los buenos en el paraíso y el castigo de los malvados en el infierno. [...]
El "Catecismo" de Ricci, o sea "El verdadero significado del Señor del Cielo", no estaba escrito sólo para los literarios, los convertidos y los catecúmenos, sino también para los opositores de la fe y para quien estuviera interesado. Era un libro para todos y comprensible por cualquiera y, como tal, fue impreso en numerosas copias y difundido en toda la China. Los libros viajaban incluso sin los misioneros y alcanzaban las naciones vecinas: Corea, Japón y Vietnam. [...]
A la inversa, la "Doctrina cristiana" no había sido compilada para ser distribuida a cualquiera, sino a los cristianos y catecúmenos. Sin embargo, este libro era ocasionalmente dado también a los no cristianos hacia los cuales los misioneros tenían esperanzas fundadas de que se convertirían. La dinámica de la misión en China era más compleja de cuanto una esquematización cualquiera pueda darnos una idea sobre ella. Hay algo de similar entre el método de Ricci y la catequesis de los primeros siglos del cristianismo, cuando se tomaba para los catecúmenos una introducción gradual, en etapas, a los misterios de la fe.
por Gianni Criveller
miércoles, 22 de septiembre de 2010
El diálogo con los anglicanos tiene ahora dos caminos
Mons. Koch: “El diálogo con los anglicanos tiene ahora dos caminos: uno es el de Anglicanorum coetibus”
Ofrecemos nuestra traducción de una entrevista al Arzobispo Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, publicada hoy en L’Osservatore Romano, en la que hace un balance del viaje papal al Reino Unido, habla sobre la aplicación de la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, y menciona la sesión plenaria del diálogo teológico con los ortodoxos, que ha comenzado ayer en la ciudad de Viena y que estudia el tema del primado del Obispo de Roma en el primer milenio.
***
Antes de partir para Gran Bretaña, usted había deseado que los aspectos más auténticos de la visita del Papa no fueran oscurecidos por polémicas y prejuicios. ¿Cómo ha ido finalmente?
Pienso que muy bien. Los otros miembros del séquito y yo hemos tenido la impresión de que los pueblos del Reino Unido han percibido realmente cómo es en verdad el Pontífice, en su sencillez, en su profundidad. La sensación es que ha sido recibido con afecto por todos y que finalmente este viaje se ha revelado como un gran éxito. Desde todo punto de vista.
*
¿Cómo ha afrontado esta experiencia, para usted inédita?
En realidad, ya había vivido en primera persona un viaje internacional del Papa cuando, el 13 de mayo de dos años atrás, recibí a Benedicto XVI en el Caritas Baby Hospital de Belén, como obispo de Basilea y presidente de la Conferencia episcopal suiza, que está entre los mayores sostenedores del hospital pediátrico. En aquella ocasión, me impresionó el hecho de que el Papa no viviera aquellos momentos con la mirada puesta en el reloj. Recuerdo que se entretuvo largo rato con los niños enfermos, sobre todo con los prematuros. Aquella fue una experiencia maravillosa. Pero esta vez mi alegría es todavía mayor: participé en cada evento en Edimburgo, Glasgow, Londres y Birmingham; y en todas partes tuve la impresión de que el Papa logró siempre mostrarse tal como es y que la gente lo recibió con afecto.
*
¿Cuál ha sido, en su opinión, el momento más significativo desde el punto de vista ecuménico?
Todo el viaje ha tenido una dimensión ecuménica porque en cada uno de los dieciocho discursos pronunciados, el Papa hizo referencia al rol de la comunidad de los creyentes en las sociedades europeas, hablando continuamente de las raíces cristianas del continente. Pero para responder a su pregunta, es evidente que la tarde del viernes 17 ha representado, desde nuestro punto de vista, la jornada más importante.
*
¿Está hablando de la primera visita de un Papa a la residencia londinense del arzobispo de Canterbury o de la sucesiva celebración, también una primera vez histórica, en la abadía de Westminster?
Ambos eventos han tenido una relevancia sin precedentes. En el Lambeth Palace, los dos encuentros con el arzobispo Rowan Williams – el público y el otro más reservado – han sido muy amables y fraternos. El comunicado difundido conjuntamente al final del cordial diálogo ha subrayado cómo Benedicto XVI y el primado de la Comunión anglicana han reafirmado, entre otras cosas, la importancia de incrementar las relaciones ecuménicas y de profundizar el diálogo teológico, en particular sobre el tema de la Iglesia como comunión.
*
Y luego han estado las Vísperas ecuménicas en la Abadía de Westminster. ¿Qué es lo que más le ha impresionado en este rito tan sugestivo?
Sobre todo, la oración común frente a la tumba de Eduardo el Confesor, el rey inglés venerado como santo en ambas tradiciones. Pero quisiera detenerme también en algunos gestos: el abrazo y el beso entre el Papa y el arzobispo Williams, que han sellado el intercambio de la paz, en sencillez y amistad; y también, al final de la celebración, la bendición impartida conjuntamente. Han sido momentos muy emotivos y en los diversos discursos tuve la sensación de que los dos se encuentran en sintonía en muchos puntos, proponiendo un mensaje compartido: es decir, que en una sociedad secularizada es absolutamente necesario un testimonio común. Jesucristo ha estado en el centro de todas las intervenciones. Estos encuentros han ofrecido un verdadero testimonio para la fe cristiana en la sociedad de Inglaterra y Escocia, los dos países visitados por el Papa en su viaje.
*
Analizados los progresos, tal vez es el momento de hablar también de los problemas. ¿O se han borrado de golpe?
Existen, por supuesto, pero con la conciencia viva de que es absolutamente necesario trabajar en el futuro y continuar el diálogo, que ya ha dado frutos. En más de una circunstancia, algunos obispos anglicanos me han saludado diciéndome que están contentos por cómo este diálogo continúa y se busca realmente la unidad entre las dos comunidades.
*
Aunque, en los últimos tiempos, la Constitución Apostólica “Anglicanorum coetibus” parece haber creado algunas dificultades.
Debe ser aclarado, en primer lugar, que la oferta pastoral del ordinariato para anglicanos que quieran entrar en plena comunión con la Iglesia católica ha sido una respuesta del Papa a explícitos pedidos en este sentido. Lo repito: ha habido peticiones de anglicanos de reencontrar a la Iglesia católica y el Pontífice no podía decir no. La diferencia con otros tiempos es que siempre ha habido conversiones individuales, y el ejemplo del cardenal Newman es iluminador; pero ahora se trata de grupos que quieren entrar en la Iglesia católica con sus pastores y tal vez con los obispos. Es un gran gesto por parte de Benedicto XVI, que abre las puertas a quien llama. Pero esto no cambia nada en el diálogo, que debe continuar. Quisiera además precisar que todo lo que respecta al diálogo entra en la responsabilidad del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Mientras que la aplicación de la Anglicanorum coetibus se ubica en la esfera de competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y esto es un bien, porque tenemos dos caminos para continuar la búsqueda de la comunión con los anglicanos.
*
En el discurso a los obispos de Inglaterra, Gales y Escocia, el Papa les ha pedido nuevamente que sean generosos en la aplicación de la Constitución apostólica. ¿Es signo de que todavía hay problemas?
Pienso que se trata, sobre todo, de problemas prácticos. Por ejemplo: ¿cómo se debe proceder en el caso de que una entera comunidad anglicana quiera entrar en la Iglesia católica con su obispo? ¿Cómo integrar a estos grupos y a los obispos a través de la institución de un ordinariato personal? Hasta hoy, no tenemos experiencias en este sentido. Pienso que siempre es un poco así cuando se introducen novedades, pero con sentido común se pueden superar también tales temores.
*
¿Es en este espíritu que se prepara para afrontar también la cita de Viena?
Diría que sí. La duodécima sesión plenaria de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto se reúne durante una semana entera, hasta el 27 de septiembre, y espero que se den pasos adelante en la profundización del tema en agenda: el primado del Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, en el primer milenio. Se trata de un nudo crucial en las cuestiones históricas y doctrinales entre Oriente y Occidente. Dado que hay diferencias de interpretación sobre los testimonios y los fundamentos escriturísticos y teológicos, es muy interesante que las dos partes se esfuercen en leer los textos de otro modo, a través de un análisis común y una hermenéutica compartida. Sólo de este modo se puede cambiar la visión de las cosas y retomar un viaje fructífero hacia el futuro.
***
Fuente: L’Osservatore Romano
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo
Ofrecemos nuestra traducción de una entrevista al Arzobispo Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, publicada hoy en L’Osservatore Romano, en la que hace un balance del viaje papal al Reino Unido, habla sobre la aplicación de la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus, y menciona la sesión plenaria del diálogo teológico con los ortodoxos, que ha comenzado ayer en la ciudad de Viena y que estudia el tema del primado del Obispo de Roma en el primer milenio.
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Antes de partir para Gran Bretaña, usted había deseado que los aspectos más auténticos de la visita del Papa no fueran oscurecidos por polémicas y prejuicios. ¿Cómo ha ido finalmente?
Pienso que muy bien. Los otros miembros del séquito y yo hemos tenido la impresión de que los pueblos del Reino Unido han percibido realmente cómo es en verdad el Pontífice, en su sencillez, en su profundidad. La sensación es que ha sido recibido con afecto por todos y que finalmente este viaje se ha revelado como un gran éxito. Desde todo punto de vista.
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¿Cómo ha afrontado esta experiencia, para usted inédita?
En realidad, ya había vivido en primera persona un viaje internacional del Papa cuando, el 13 de mayo de dos años atrás, recibí a Benedicto XVI en el Caritas Baby Hospital de Belén, como obispo de Basilea y presidente de la Conferencia episcopal suiza, que está entre los mayores sostenedores del hospital pediátrico. En aquella ocasión, me impresionó el hecho de que el Papa no viviera aquellos momentos con la mirada puesta en el reloj. Recuerdo que se entretuvo largo rato con los niños enfermos, sobre todo con los prematuros. Aquella fue una experiencia maravillosa. Pero esta vez mi alegría es todavía mayor: participé en cada evento en Edimburgo, Glasgow, Londres y Birmingham; y en todas partes tuve la impresión de que el Papa logró siempre mostrarse tal como es y que la gente lo recibió con afecto.
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¿Cuál ha sido, en su opinión, el momento más significativo desde el punto de vista ecuménico?
Todo el viaje ha tenido una dimensión ecuménica porque en cada uno de los dieciocho discursos pronunciados, el Papa hizo referencia al rol de la comunidad de los creyentes en las sociedades europeas, hablando continuamente de las raíces cristianas del continente. Pero para responder a su pregunta, es evidente que la tarde del viernes 17 ha representado, desde nuestro punto de vista, la jornada más importante.
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¿Está hablando de la primera visita de un Papa a la residencia londinense del arzobispo de Canterbury o de la sucesiva celebración, también una primera vez histórica, en la abadía de Westminster?
Ambos eventos han tenido una relevancia sin precedentes. En el Lambeth Palace, los dos encuentros con el arzobispo Rowan Williams – el público y el otro más reservado – han sido muy amables y fraternos. El comunicado difundido conjuntamente al final del cordial diálogo ha subrayado cómo Benedicto XVI y el primado de la Comunión anglicana han reafirmado, entre otras cosas, la importancia de incrementar las relaciones ecuménicas y de profundizar el diálogo teológico, en particular sobre el tema de la Iglesia como comunión.
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Y luego han estado las Vísperas ecuménicas en la Abadía de Westminster. ¿Qué es lo que más le ha impresionado en este rito tan sugestivo?
Sobre todo, la oración común frente a la tumba de Eduardo el Confesor, el rey inglés venerado como santo en ambas tradiciones. Pero quisiera detenerme también en algunos gestos: el abrazo y el beso entre el Papa y el arzobispo Williams, que han sellado el intercambio de la paz, en sencillez y amistad; y también, al final de la celebración, la bendición impartida conjuntamente. Han sido momentos muy emotivos y en los diversos discursos tuve la sensación de que los dos se encuentran en sintonía en muchos puntos, proponiendo un mensaje compartido: es decir, que en una sociedad secularizada es absolutamente necesario un testimonio común. Jesucristo ha estado en el centro de todas las intervenciones. Estos encuentros han ofrecido un verdadero testimonio para la fe cristiana en la sociedad de Inglaterra y Escocia, los dos países visitados por el Papa en su viaje.
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Analizados los progresos, tal vez es el momento de hablar también de los problemas. ¿O se han borrado de golpe?
Existen, por supuesto, pero con la conciencia viva de que es absolutamente necesario trabajar en el futuro y continuar el diálogo, que ya ha dado frutos. En más de una circunstancia, algunos obispos anglicanos me han saludado diciéndome que están contentos por cómo este diálogo continúa y se busca realmente la unidad entre las dos comunidades.
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Aunque, en los últimos tiempos, la Constitución Apostólica “Anglicanorum coetibus” parece haber creado algunas dificultades.
Debe ser aclarado, en primer lugar, que la oferta pastoral del ordinariato para anglicanos que quieran entrar en plena comunión con la Iglesia católica ha sido una respuesta del Papa a explícitos pedidos en este sentido. Lo repito: ha habido peticiones de anglicanos de reencontrar a la Iglesia católica y el Pontífice no podía decir no. La diferencia con otros tiempos es que siempre ha habido conversiones individuales, y el ejemplo del cardenal Newman es iluminador; pero ahora se trata de grupos que quieren entrar en la Iglesia católica con sus pastores y tal vez con los obispos. Es un gran gesto por parte de Benedicto XVI, que abre las puertas a quien llama. Pero esto no cambia nada en el diálogo, que debe continuar. Quisiera además precisar que todo lo que respecta al diálogo entra en la responsabilidad del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Mientras que la aplicación de la Anglicanorum coetibus se ubica en la esfera de competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y esto es un bien, porque tenemos dos caminos para continuar la búsqueda de la comunión con los anglicanos.
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En el discurso a los obispos de Inglaterra, Gales y Escocia, el Papa les ha pedido nuevamente que sean generosos en la aplicación de la Constitución apostólica. ¿Es signo de que todavía hay problemas?
Pienso que se trata, sobre todo, de problemas prácticos. Por ejemplo: ¿cómo se debe proceder en el caso de que una entera comunidad anglicana quiera entrar en la Iglesia católica con su obispo? ¿Cómo integrar a estos grupos y a los obispos a través de la institución de un ordinariato personal? Hasta hoy, no tenemos experiencias en este sentido. Pienso que siempre es un poco así cuando se introducen novedades, pero con sentido común se pueden superar también tales temores.
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¿Es en este espíritu que se prepara para afrontar también la cita de Viena?
Diría que sí. La duodécima sesión plenaria de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto se reúne durante una semana entera, hasta el 27 de septiembre, y espero que se den pasos adelante en la profundización del tema en agenda: el primado del Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, en el primer milenio. Se trata de un nudo crucial en las cuestiones históricas y doctrinales entre Oriente y Occidente. Dado que hay diferencias de interpretación sobre los testimonios y los fundamentos escriturísticos y teológicos, es muy interesante que las dos partes se esfuercen en leer los textos de otro modo, a través de un análisis común y una hermenéutica compartida. Sólo de este modo se puede cambiar la visión de las cosas y retomar un viaje fructífero hacia el futuro.
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Fuente: L’Osservatore Romano
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân
Sobre Doctrina Social de la Iglesia
http://www.vanthuanobservatory.org/?lang=es
http://www.vanthuanobservatory.org/?lang=es
miércoles, 1 de septiembre de 2010
¿Qué significa creer?
La fe es la respuesta del hombre a la revelación divina (cf Dei Verbum 5). Dios ha querido comunicarse a sí mismo, darse a conocer, para invitar a los hombres a participar de la vida divina. La revelación, que tiene su punto de partida en la misma creación y que se ha ido desplegando en la historia de la salvación, encuentra su centro y plenitud en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. A través de la mediación de la Iglesia, la revelación divina llega a nosotros.
Creer a Dios significa escuchar y obedecer. Escuchar a Dios, oír su palabra. La escucha es posible porque la predicación de la Iglesia hace resonar de modo vivo, hoy, en el mundo, la palabra de Dios. San Pablo recuerda que “la fe viene de la predicación, y la predicación, a través de la palabra de Cristo” (Rm 10,17). Pero, en la fe, la escucha se convierte en obediencia, en sumisión libre a la palabra escuchada y en abandono a Dios que se revela.
En el creer se entrecruzan el asentimiento, la confianza, la obediencia y la entrega. Estas actitudes las vemos reflejadas en los grandes modelos de creyentes que nos presenta la Sagrada Escritura. Por ejemplo, en Abraham, que no se limitó a escuchar lo que Dios le comunicaba, sino que, inmediatamente, lo puso en práctica: “Por la fe, Abrahám obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba” (Hb 11,8).
En la Virgen María se unen, igualmente, la escucha y la obediencia. A las palabras del ángel, que le transmiten lo que Dios espera de ella, contesta con un asentimiento obediente: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Por eso, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “la Virgen realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe”.
Solamente Dios, que es nuestro Creador y nuestro Señor, puede pedir una entrega tan plena y absoluta, un acto de expropiación de uno mismo motivado por el reconocimiento hacia Él, por la adoración a Él. En realidad, en el sentido teológico del término, el creer está dirigido únicamente a Dios. No sería sensato depositar una fe semejante en una criatura.
Le creemos a Él. La fe se apoya, se fundamenta, en la autoridad de Dios revelante; es decir, en la autoridad de la Verdad. Dios ni se engaña – porque es infalible – ni nos engaña, porque es veraz. Se da, pues, en el creer una entrega sostenida por la confianza. La “autoridad de Dios” no es una magnitud abstracta, sino que se hace concreta y toma forma visible en la figura de Cristo. No tiene sentido desconfiar de Cristo, que merece infinitamente toda nuestra confianza. Como los apóstoles, los creyentes de todos los tiempos pueden decir: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
Creemos a Dios y creemos en Dios, porque Él constituye el centro y el contenido de la fe. La revelación divina nos da a conocer, ante todo, el Misterio de Dios - el Misterio que es Dios - , en el cual el hombre encuentra la salvación. Cristo hace presente este Misterio en medio de nosotros, haciéndonos saber, por la fe, que Dios es la comunión trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Las formulaciones de la fe – como las fórmulas de los diversos artículos del Credo – son mediaciones lingüísticas necesarias para expresar el misterio divino, pero el acto del creyente no se finaliza en la fórmula, sino en la realidad expresada en ella.
Creer supone un dinamismo que tiende hacia Dios, hacia la plena comunión con Él en el cielo. Creer en Dios es caminar hacia Él, en un compromiso creciente, en un vivo anhelo que no se sacia más que con Dios mismo. La fe se une, de este modo, a la esperanza y a la caridad, porque, como decía San Agustín, “quien cree en Cristo, espera en Cristo y ama a Cristo”.
La escucha y la obediencia a Dios inauguran en el hombre una existencia nueva que tendrá su culminación en la gloria del Cielo.
Guillermo Juan Morado.
Creer a Dios significa escuchar y obedecer. Escuchar a Dios, oír su palabra. La escucha es posible porque la predicación de la Iglesia hace resonar de modo vivo, hoy, en el mundo, la palabra de Dios. San Pablo recuerda que “la fe viene de la predicación, y la predicación, a través de la palabra de Cristo” (Rm 10,17). Pero, en la fe, la escucha se convierte en obediencia, en sumisión libre a la palabra escuchada y en abandono a Dios que se revela.
En el creer se entrecruzan el asentimiento, la confianza, la obediencia y la entrega. Estas actitudes las vemos reflejadas en los grandes modelos de creyentes que nos presenta la Sagrada Escritura. Por ejemplo, en Abraham, que no se limitó a escuchar lo que Dios le comunicaba, sino que, inmediatamente, lo puso en práctica: “Por la fe, Abrahám obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba” (Hb 11,8).
En la Virgen María se unen, igualmente, la escucha y la obediencia. A las palabras del ángel, que le transmiten lo que Dios espera de ella, contesta con un asentimiento obediente: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Por eso, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “la Virgen realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe”.
Solamente Dios, que es nuestro Creador y nuestro Señor, puede pedir una entrega tan plena y absoluta, un acto de expropiación de uno mismo motivado por el reconocimiento hacia Él, por la adoración a Él. En realidad, en el sentido teológico del término, el creer está dirigido únicamente a Dios. No sería sensato depositar una fe semejante en una criatura.
Le creemos a Él. La fe se apoya, se fundamenta, en la autoridad de Dios revelante; es decir, en la autoridad de la Verdad. Dios ni se engaña – porque es infalible – ni nos engaña, porque es veraz. Se da, pues, en el creer una entrega sostenida por la confianza. La “autoridad de Dios” no es una magnitud abstracta, sino que se hace concreta y toma forma visible en la figura de Cristo. No tiene sentido desconfiar de Cristo, que merece infinitamente toda nuestra confianza. Como los apóstoles, los creyentes de todos los tiempos pueden decir: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
Creemos a Dios y creemos en Dios, porque Él constituye el centro y el contenido de la fe. La revelación divina nos da a conocer, ante todo, el Misterio de Dios - el Misterio que es Dios - , en el cual el hombre encuentra la salvación. Cristo hace presente este Misterio en medio de nosotros, haciéndonos saber, por la fe, que Dios es la comunión trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Las formulaciones de la fe – como las fórmulas de los diversos artículos del Credo – son mediaciones lingüísticas necesarias para expresar el misterio divino, pero el acto del creyente no se finaliza en la fórmula, sino en la realidad expresada en ella.
Creer supone un dinamismo que tiende hacia Dios, hacia la plena comunión con Él en el cielo. Creer en Dios es caminar hacia Él, en un compromiso creciente, en un vivo anhelo que no se sacia más que con Dios mismo. La fe se une, de este modo, a la esperanza y a la caridad, porque, como decía San Agustín, “quien cree en Cristo, espera en Cristo y ama a Cristo”.
La escucha y la obediencia a Dios inauguran en el hombre una existencia nueva que tendrá su culminación en la gloria del Cielo.
Guillermo Juan Morado.
martes, 24 de agosto de 2010
Enamorarse no siempre es amar (Meditación para parejas)
Se llamaba Flavia y era una joven escultural. Vestía sus dieciocho años con escasez y atrevimiento. Sabía del tirón de su cuerpo e intentaba enjaretarme como un camafeo. Conquistar a un muchacho inexperto era pan comido para aquella chica vivaz. Con mis veintidós años creí que aquella morenaza era el amor de mi vida. Mi cuerpo la retrataba con toda clase de aceleraciones. Enorme era el esfuerzo para no ceder a la gula de devorarla.
Fue mi primer enamoramiento, si así puede llamarse aquella fiebre primera. Veía por sus ojos, la defendía, la valoraba, a pesar de su superficialidad. Su coquetería la hacía acortar sus faldas al ritmo que abría sus escotes. Se mostraba segura, atrevida y dominante. Yo le seguía como un pelele embrujado. Pero me resistía a viajar sus valles y colinas con la premura que los hervores de mi cuerpo solicitaban. Al fin y al cabo yo era un joven de principios y los efluvios íntimos debían quedar para después del matrimonio.
Poco a poco me fui dando cuenta que tenía fiebre, fiebre Flavia. Recordé que la responsabilidad y el respeto son previos a toda expresión corporal. Aunque ella desease ser explorada, yo debía ser responsable, respetuoso, humano, no caer en aquel empuje animal que me arrastraba hacia la hembra fácil. Por fin comprendí que aquello no era amor sino pura atracción física, mera necesidad evacuatoria e irracional animalidad.
Después llegó Alba. Su dulzura azul y su melena rubia me cautivaron desde el primer momento. No sé qué me gustaba más si la suavidad de su voz o su mirada embriagadora. No era jovencísima, ni atrevida, ni escultural, pero embelesaba mis sentidos. Su elegancia, su tono de voz, su melena cuidadosamente peinada, sus tacones, sus selectos adornos y vestidos, hasta su perfume y su cadencia al andar me cautivaban. Sus caricias y arrullos me hacían flotar como una nube.
Con algunos años más y la discreción de Alba era más fácil mantener el instinto varonil en segundo plano. Mi sensibilidad se sentía confortable, nada en ella chirriaba. Hablábamos del tiempo, del trabajo, de la moda o el cine sin concordancias esenciales, sin más profundidad. Pero aquella golosina me hacía sentirme orgulloso y cómodo. Otra vez me sentí perdidamente enamorado. Ésta sí es -me dije- porque me siento volar cuando la miro, la huelo o la sueño. No tiene nada de buscona y su presencia es suave como una pluma. Es lo más parecido a la princesa de mis fantasías infantiles y juveniles.
Un día leí que el enamoramiento sensible es perecedero, que sólo el amor profundo es durable y éste sólo se da cuando hay admiración de las cualidades profundas del otro. Me pregunté qué cualidades eran las que yo admiraba en Alba. Las pude nombrar pero, honradamente, tuve que reconocer que eran cualidades periféricas, nada esencial. Caí en que yo era como un caracol, egocéntricamente instalado en el caparazón sensible que aquella rubia me proporcionaba. En realidad la deglutía, la saboreaba, la disfrutaba desde mi sensibilidad, pero no la admiraba profundamente, es decir, no la amaba. Quizás por eso, subconscientemente, había estado eludiendo hablar de boda.
Como nunca he transigido con la falsedad, el reconocer mi verdad me ayudó a tomar distancia, a darme cuenta que otras muchas mujeres me atraían sensiblemente por el mero hecho de ser femeninas. No quise engañarme y seguí buscando la mujer de mi vida, la que de verdad estuviera creada para mí. Yo aspiraba a un amor sin fecha de caducidad. Eso me ayudó muchísimo a ser paciente y proseguir mi búsqueda por el camino de la soledad. No sin sudor, no sin esfuerzo. Pero crecí en madurez, en reciedumbre, en humanidad.
Cuando menos lo esperaba, vencida ya la treintena y metido en la tensa rutina del tráfico laboral, conocí a Luz Marina. Al principio sólo me llamó la atención su rostro, luminoso como su nombre, sin más adorno que su sonrisa. Vestía correctamente, sin exuberancias ni estridencias; su estatura era normal, su porte discreto y su personalidad sencilla, como si pasase por la vida de puntillas para no molestar a nadie. Las primeras conversaciones me fueron desvelando que tras aquellos ojos claros, de color aceite virgen, se escondía una auténtica mujer y una persona cálida, dialogante, alegre, acogedora y honesta. Nada en ella era mentira, no tenía un atisbo de manipuladora coquetería y su cercanía nunca era provocación. A veces se ocultaba tras una fina gasa de espontanea timidez.
Empecé a sentirme lleno de admiración ante aquella mujer, más joven que yo, pero con un aplomo y serenidad envidiables. Sabía escuchar con atención e interés todos los problemas del mundo, sobre todo las confidencias personales, pero nunca caía en el juicio o la maledicencia. Su intuición y comprensión me sorprendían. Apenas le contaba algo, ya había captado su trasfondo. Su dulzura y serenidad me calmaban con su sola presencia, siempre próxima, siempre atenta y servicial. Era como un amigo, como un tesoro vivo y femenino. Sin apenas darme cuenta, sin exageradas atracciones físicas ni apasionamientos deslizantes, me encontré un día amando a aquella mujer desde la hondonada de mi ser. Se me había filtrado hasta el fondo, como nieve en un ventisquero. Fue entonces cuando le dije aquel piropo que me nació como un géiser: “Quiero que tú seas tú, aunque no sea conmigo”. Y aquel otro que hurté a Pedro Salinas: “Quisiera sacar de ti tu mejor tú”.
Tuve la sensación de estar enamorado de una forma nueva, más volcado en ella que en mí mismo. Sentí que aquello era más que atracción física o sensibilidad. Descubrí que había una complementariedad, unas diferencias y unas igualdades, que me hacían verla como mi perfecto engranaje. Mis aspiraciones profundas crecían en su presencia y las suyas me entusiasmaban. Un día me sorprendí confesando: “Tú consigues que yo quiera ser mejor y no deje de intentarlo”.
Después descubrí que había reciprocidad, que aquella mujer estaba anudada a mi alma y compartía mis horizontes interiores. Así que terminé casándome con Luz Marina para toda la vida, seguro de que aquello hondo que yo sentía era amor eterno. Tuve la certeza de que los enamoramientos pasados no habían sido amor, sino pura atracción de la piel, puro sarampión de la sensibilidad, tan fugaz como el fuego fatuo.
Al final me di cuenta que el amor verdadero está hecho de admiración profunda y no sólo epidérmica, que tras esa admiración hay entrega total, altruista, sin restos de egoísmo. Cuando el bien del otro te embriaga de tal manera que lo prefieres al tuyo propio, entonces puede decirse que amas de verdad.
Jairo del Agua
Fue mi primer enamoramiento, si así puede llamarse aquella fiebre primera. Veía por sus ojos, la defendía, la valoraba, a pesar de su superficialidad. Su coquetería la hacía acortar sus faldas al ritmo que abría sus escotes. Se mostraba segura, atrevida y dominante. Yo le seguía como un pelele embrujado. Pero me resistía a viajar sus valles y colinas con la premura que los hervores de mi cuerpo solicitaban. Al fin y al cabo yo era un joven de principios y los efluvios íntimos debían quedar para después del matrimonio.
Poco a poco me fui dando cuenta que tenía fiebre, fiebre Flavia. Recordé que la responsabilidad y el respeto son previos a toda expresión corporal. Aunque ella desease ser explorada, yo debía ser responsable, respetuoso, humano, no caer en aquel empuje animal que me arrastraba hacia la hembra fácil. Por fin comprendí que aquello no era amor sino pura atracción física, mera necesidad evacuatoria e irracional animalidad.
Después llegó Alba. Su dulzura azul y su melena rubia me cautivaron desde el primer momento. No sé qué me gustaba más si la suavidad de su voz o su mirada embriagadora. No era jovencísima, ni atrevida, ni escultural, pero embelesaba mis sentidos. Su elegancia, su tono de voz, su melena cuidadosamente peinada, sus tacones, sus selectos adornos y vestidos, hasta su perfume y su cadencia al andar me cautivaban. Sus caricias y arrullos me hacían flotar como una nube.
Con algunos años más y la discreción de Alba era más fácil mantener el instinto varonil en segundo plano. Mi sensibilidad se sentía confortable, nada en ella chirriaba. Hablábamos del tiempo, del trabajo, de la moda o el cine sin concordancias esenciales, sin más profundidad. Pero aquella golosina me hacía sentirme orgulloso y cómodo. Otra vez me sentí perdidamente enamorado. Ésta sí es -me dije- porque me siento volar cuando la miro, la huelo o la sueño. No tiene nada de buscona y su presencia es suave como una pluma. Es lo más parecido a la princesa de mis fantasías infantiles y juveniles.
Un día leí que el enamoramiento sensible es perecedero, que sólo el amor profundo es durable y éste sólo se da cuando hay admiración de las cualidades profundas del otro. Me pregunté qué cualidades eran las que yo admiraba en Alba. Las pude nombrar pero, honradamente, tuve que reconocer que eran cualidades periféricas, nada esencial. Caí en que yo era como un caracol, egocéntricamente instalado en el caparazón sensible que aquella rubia me proporcionaba. En realidad la deglutía, la saboreaba, la disfrutaba desde mi sensibilidad, pero no la admiraba profundamente, es decir, no la amaba. Quizás por eso, subconscientemente, había estado eludiendo hablar de boda.
Como nunca he transigido con la falsedad, el reconocer mi verdad me ayudó a tomar distancia, a darme cuenta que otras muchas mujeres me atraían sensiblemente por el mero hecho de ser femeninas. No quise engañarme y seguí buscando la mujer de mi vida, la que de verdad estuviera creada para mí. Yo aspiraba a un amor sin fecha de caducidad. Eso me ayudó muchísimo a ser paciente y proseguir mi búsqueda por el camino de la soledad. No sin sudor, no sin esfuerzo. Pero crecí en madurez, en reciedumbre, en humanidad.
Cuando menos lo esperaba, vencida ya la treintena y metido en la tensa rutina del tráfico laboral, conocí a Luz Marina. Al principio sólo me llamó la atención su rostro, luminoso como su nombre, sin más adorno que su sonrisa. Vestía correctamente, sin exuberancias ni estridencias; su estatura era normal, su porte discreto y su personalidad sencilla, como si pasase por la vida de puntillas para no molestar a nadie. Las primeras conversaciones me fueron desvelando que tras aquellos ojos claros, de color aceite virgen, se escondía una auténtica mujer y una persona cálida, dialogante, alegre, acogedora y honesta. Nada en ella era mentira, no tenía un atisbo de manipuladora coquetería y su cercanía nunca era provocación. A veces se ocultaba tras una fina gasa de espontanea timidez.
Empecé a sentirme lleno de admiración ante aquella mujer, más joven que yo, pero con un aplomo y serenidad envidiables. Sabía escuchar con atención e interés todos los problemas del mundo, sobre todo las confidencias personales, pero nunca caía en el juicio o la maledicencia. Su intuición y comprensión me sorprendían. Apenas le contaba algo, ya había captado su trasfondo. Su dulzura y serenidad me calmaban con su sola presencia, siempre próxima, siempre atenta y servicial. Era como un amigo, como un tesoro vivo y femenino. Sin apenas darme cuenta, sin exageradas atracciones físicas ni apasionamientos deslizantes, me encontré un día amando a aquella mujer desde la hondonada de mi ser. Se me había filtrado hasta el fondo, como nieve en un ventisquero. Fue entonces cuando le dije aquel piropo que me nació como un géiser: “Quiero que tú seas tú, aunque no sea conmigo”. Y aquel otro que hurté a Pedro Salinas: “Quisiera sacar de ti tu mejor tú”.
Tuve la sensación de estar enamorado de una forma nueva, más volcado en ella que en mí mismo. Sentí que aquello era más que atracción física o sensibilidad. Descubrí que había una complementariedad, unas diferencias y unas igualdades, que me hacían verla como mi perfecto engranaje. Mis aspiraciones profundas crecían en su presencia y las suyas me entusiasmaban. Un día me sorprendí confesando: “Tú consigues que yo quiera ser mejor y no deje de intentarlo”.
Después descubrí que había reciprocidad, que aquella mujer estaba anudada a mi alma y compartía mis horizontes interiores. Así que terminé casándome con Luz Marina para toda la vida, seguro de que aquello hondo que yo sentía era amor eterno. Tuve la certeza de que los enamoramientos pasados no habían sido amor, sino pura atracción de la piel, puro sarampión de la sensibilidad, tan fugaz como el fuego fatuo.
Al final me di cuenta que el amor verdadero está hecho de admiración profunda y no sólo epidérmica, que tras esa admiración hay entrega total, altruista, sin restos de egoísmo. Cuando el bien del otro te embriaga de tal manera que lo prefieres al tuyo propio, entonces puede decirse que amas de verdad.
Jairo del Agua
lunes, 23 de agosto de 2010
De niño malo de Hollywood a devoto católico en Hollywood
Se suele decir aquello de “arrepentidos los quiere el Señor” y es cierto. Arrepentidos nos quiere Dios a los que somos pecadores, que somos la mayoría de los mortales, incluidos los católicos. Casos ejemplares de fieles que hayan conservado hasta la muerte la inocencia bautismal los ha habido en la historia y algunos los conocemos: Ese fue el caso de San Luis Gonzaga, del cual en el proceso de Canonización se vino a probar -por cuanto se puede probar algo así en un proceso- que nunca había pecado mortalmente, lo cual tiene su mérito por la familia tan poco ejemplar de la que procedía. También se habla de la inocencia bautismal de San Felipe Neri, al cual, a pesar de haber muerto muy anciano, se le representa en los cuadros con el lirio de la pureza. Y de otros santos se cuenta lo mismo.
Pero a la mayoría de los mortales se nos puede aplicar lo que dice la oración colecta de la Misa de la fiesta del citado San Luis Gonzaga, en la que se pide que los que no le hemos imitado en su inocencia por lo menos le imitemos en su penitencia. Por cierto, que penitencia hizo mucha el buen san Luis, empezando por aguantar a los compañeros de noviciado. No en vano, a otro virtuoso novicio jesuita, San Juan Berchmans, se le atribuye la frase de “mi máxima penitencia es la vida en común”…
Dejando a los novicios jesuitas y volviendo al arrepentimiento, no sé si habrá hecho mucha o poca penitencia el actor al que se refiere este artículo, pero lo cierto es que ha cambiado de vida y mucho. Se trata de Mark Wahlberg, actor de moda, que se encuentra en Australia promocionando su última película. Le han preguntado los periodistas sobre su vida cotidiana y ha explicado que, entre otras cosas, cada día va a Misa o por lo menos visita la iglesia para rezar. Precisamente esa pregunta se la hicieron cuando salía de rezar con su mujer en la Catedral de Santa María, en Sydney, y dijo: "Amo ir a la iglesia, lo hago cada día". Lo cual, para un actor de Hollywood no está mal, pero para Mark Walhberg es una cosa admirable.
Quién le ha visto y quién le ve (quien le quiera ver cómo era solo tiene que mirar en Google). Nacido en Boston en una familia católica, ha pasado por todo tipo de cosas: Drogadicto y asiduo en las comisarías, con gran disgusto de sus padres, después músico rapero y macarra, para pasar a ser actor erótico, modelo de ropa interior para Calvin Klein y por ello icono para el mundo gay americano, etc. Pero, lo dicho, arrepentidos los quiere el Señor, y a Mark Wahlberg le llegó la hora de cambiar, concretamente el pasar por la cárcel por haber herido a un compañero le ayudó a reflexionar, pero el momento definitivo fue el conocer a la despampanante top-model americana Rhea Durham.
Para que se vea cómo las apariencias engañan, Mark se acercó a ella atraído por su aspecto físico y con más ganas de sexo que otra cosa, como él mismo cuenta. Pero se encontró con una mujer con las ideas claras de los que quería en la vida y, encontrándola él encontró también el sentido común y, años después, la vuelta a la fe de su infancia. No tuvieron sexo a la primera de cambio, sigue contando él, ella supo hacerse valer aunque luego convivieron juntos, pero por lo menos la vida de él iba cambiando. Acabaron casándose por la iglesia cuando ya tenían tres hijos, ahora tienen cuatro. Pero es interesante ver la progresión en el cambio de vida: Desde que empezó a salir con la que ahora es su mujer, Mark se negó a volver a posar en paños menores y ha rechazado todas las películas que le han ofrecido con escenas subidas de tono. Por último, ha sido recientemente cuando ha empezado a frecuentar asiduamente la Iglesia, como decíamos al principio.
Para el actor, ahora la fe es “consuelo, sentido, todo” y por ella reconoce que se ha arrepentido de haber herido a muchas personas en su vida, “a quienes he pedido frecuentemente me perdonen”. Asegura que quiere ayudar a los jóvenes “para que no recorran el camino que recorrí yo durante mi juventud”, a través de su fundación The Mark Wahlberg Youth Foundation.
La fortuna le ha sonreído a Mark Wahlberg, ya ha sido nominado para un oscar y los contratos le han llovido, realmente los niños le han venido con un pan debajo del brazo. Su matrimonio es uno de los más famosos de Hollywood y todos se hacen voces de la felicidad de esta joven pareja, que ojalá les dure. Lo más importante es que el actor, que antaño fue modelo por su apariencia externa, con el paso de los años y la ayuda de su mujer ahora se ha convertido en modelo por su vida familiar y su testimonio de creyente, convencido y serio, nada mojigato, en el mundo de la farándula hollywoodiense. No está mal.
Alberto Royo Mejia
Pero a la mayoría de los mortales se nos puede aplicar lo que dice la oración colecta de la Misa de la fiesta del citado San Luis Gonzaga, en la que se pide que los que no le hemos imitado en su inocencia por lo menos le imitemos en su penitencia. Por cierto, que penitencia hizo mucha el buen san Luis, empezando por aguantar a los compañeros de noviciado. No en vano, a otro virtuoso novicio jesuita, San Juan Berchmans, se le atribuye la frase de “mi máxima penitencia es la vida en común”…
Dejando a los novicios jesuitas y volviendo al arrepentimiento, no sé si habrá hecho mucha o poca penitencia el actor al que se refiere este artículo, pero lo cierto es que ha cambiado de vida y mucho. Se trata de Mark Wahlberg, actor de moda, que se encuentra en Australia promocionando su última película. Le han preguntado los periodistas sobre su vida cotidiana y ha explicado que, entre otras cosas, cada día va a Misa o por lo menos visita la iglesia para rezar. Precisamente esa pregunta se la hicieron cuando salía de rezar con su mujer en la Catedral de Santa María, en Sydney, y dijo: "Amo ir a la iglesia, lo hago cada día". Lo cual, para un actor de Hollywood no está mal, pero para Mark Walhberg es una cosa admirable.
Quién le ha visto y quién le ve (quien le quiera ver cómo era solo tiene que mirar en Google). Nacido en Boston en una familia católica, ha pasado por todo tipo de cosas: Drogadicto y asiduo en las comisarías, con gran disgusto de sus padres, después músico rapero y macarra, para pasar a ser actor erótico, modelo de ropa interior para Calvin Klein y por ello icono para el mundo gay americano, etc. Pero, lo dicho, arrepentidos los quiere el Señor, y a Mark Wahlberg le llegó la hora de cambiar, concretamente el pasar por la cárcel por haber herido a un compañero le ayudó a reflexionar, pero el momento definitivo fue el conocer a la despampanante top-model americana Rhea Durham.
Para que se vea cómo las apariencias engañan, Mark se acercó a ella atraído por su aspecto físico y con más ganas de sexo que otra cosa, como él mismo cuenta. Pero se encontró con una mujer con las ideas claras de los que quería en la vida y, encontrándola él encontró también el sentido común y, años después, la vuelta a la fe de su infancia. No tuvieron sexo a la primera de cambio, sigue contando él, ella supo hacerse valer aunque luego convivieron juntos, pero por lo menos la vida de él iba cambiando. Acabaron casándose por la iglesia cuando ya tenían tres hijos, ahora tienen cuatro. Pero es interesante ver la progresión en el cambio de vida: Desde que empezó a salir con la que ahora es su mujer, Mark se negó a volver a posar en paños menores y ha rechazado todas las películas que le han ofrecido con escenas subidas de tono. Por último, ha sido recientemente cuando ha empezado a frecuentar asiduamente la Iglesia, como decíamos al principio.
Para el actor, ahora la fe es “consuelo, sentido, todo” y por ella reconoce que se ha arrepentido de haber herido a muchas personas en su vida, “a quienes he pedido frecuentemente me perdonen”. Asegura que quiere ayudar a los jóvenes “para que no recorran el camino que recorrí yo durante mi juventud”, a través de su fundación The Mark Wahlberg Youth Foundation.
La fortuna le ha sonreído a Mark Wahlberg, ya ha sido nominado para un oscar y los contratos le han llovido, realmente los niños le han venido con un pan debajo del brazo. Su matrimonio es uno de los más famosos de Hollywood y todos se hacen voces de la felicidad de esta joven pareja, que ojalá les dure. Lo más importante es que el actor, que antaño fue modelo por su apariencia externa, con el paso de los años y la ayuda de su mujer ahora se ha convertido en modelo por su vida familiar y su testimonio de creyente, convencido y serio, nada mojigato, en el mundo de la farándula hollywoodiense. No está mal.
Alberto Royo Mejia
sábado, 14 de agosto de 2010
El Vaticano denuncia 700.000 muertes anuales por medicinas falsas.
Fármacos contra la malaria y la tuberculosis
La Congregación para la Evangelización de los Pueblos del Vaticano denunció que unas 700.000 personas mueren cada año a causa de medicamentos falsificados contra la malaria y la tuberculosis.
Mediante una nota de su agencia oficial, Fides, la Congregación reveló que la mayoría de los fallecidos son africanos y que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta 30 por ciento de las medicinas puestas en el mercado en los países africanos son falsas.
"En 2003 la Interpol realizó un sondeo sobre la calidad de los medicamentos disponibles en Lagos (Nigeria), la ciudad más poblada del África subsahariana, y descubrió que 80 por ciento de los medicamentos disponibles eran falsos", indicó.
"En 2008 -agregó-, más de 80 niños murieron en Nigeria después de haber tomado una medicina para combatir el dolor de la dentición, adulterada con un líquido anticongelante".
Según el reporte los medicamentos pirata puede estar privados del principio activo clave, estar compuestos de sustancias peligrosas, o también tener una cantidad insuficiente o excesiva del principio activo.
Apuntó que cuando el principio activo no está en una cantidad adecuada, el medicamento mata sólo una parte de los agentes patógenos mientras los que no son eliminados desarrollan resistencia.
De esta manera si el paciente tuviera que recibir el medicamento en la justa dosis, el agente patógeno estaría en grado de resistir su acción y continuar infectando el organismo, ponderó.
"El desarrollo de los gérmenes resistentes a los antibióticos y a otros tratamientos es un problema que concierne a toda la humanidad, no sólo a los africanos. Es por tanto interés de todos combatir el contrabando de medicamentos falsificados", puntualizó.
La Congregación para la Evangelización de los Pueblos del Vaticano denunció que unas 700.000 personas mueren cada año a causa de medicamentos falsificados contra la malaria y la tuberculosis.
Mediante una nota de su agencia oficial, Fides, la Congregación reveló que la mayoría de los fallecidos son africanos y que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta 30 por ciento de las medicinas puestas en el mercado en los países africanos son falsas.
"En 2003 la Interpol realizó un sondeo sobre la calidad de los medicamentos disponibles en Lagos (Nigeria), la ciudad más poblada del África subsahariana, y descubrió que 80 por ciento de los medicamentos disponibles eran falsos", indicó.
"En 2008 -agregó-, más de 80 niños murieron en Nigeria después de haber tomado una medicina para combatir el dolor de la dentición, adulterada con un líquido anticongelante".
Según el reporte los medicamentos pirata puede estar privados del principio activo clave, estar compuestos de sustancias peligrosas, o también tener una cantidad insuficiente o excesiva del principio activo.
Apuntó que cuando el principio activo no está en una cantidad adecuada, el medicamento mata sólo una parte de los agentes patógenos mientras los que no son eliminados desarrollan resistencia.
De esta manera si el paciente tuviera que recibir el medicamento en la justa dosis, el agente patógeno estaría en grado de resistir su acción y continuar infectando el organismo, ponderó.
"El desarrollo de los gérmenes resistentes a los antibióticos y a otros tratamientos es un problema que concierne a toda la humanidad, no sólo a los africanos. Es por tanto interés de todos combatir el contrabando de medicamentos falsificados", puntualizó.
jueves, 12 de agosto de 2010
La educación en la fe
Se está diciendo, creo que con acierto, que la crisis económica que estamos padeciendo es fundamentalmente una crisis en valores. Pero en muchas familias se ha dejado de educar cristianamente a los hijos. ¿Tiene ello alguna importancia?
Hay que empezar por decir que cuando la pareja contrajo matrimonio religioso se comprometieron los dos a educar a los hijos en la fe. Evangelizar y educar están íntimamente relacionados, pues la educación integral comprende también la dimensión religiosa. Son los padres, ayudados con frecuencia por los abuelos, quienes al enseñar a rezar, transmiten las primeras nociones de la fe e inician la formación religiosa. La fe se transmite fundamentalmente en los hogares y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana. Unos padres creyentes que estimen, vivan y practiquen su fe deben intentar, por puro sentido común, que también sus hijos vivan y participen de lo que para ellos es un gran valor: su fe. El inicio de la vivencia cristiana es un encuentro de fe con la persona de Jesús (cf. Jn 1,35-39).
La mejor riqueza que unos padres verdaderamente creyentes desean transmitir a sus hijos es la experiencia de Dios, el que sus hijos se sepan y sientan profundamente amados por Dios. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y la testimonia. Educar es educar en el amor, y un creyente no puede olvidar que “Dios es Amor” (1 Jn 4,8), y por tanto su creador e inventor, pero es a través de la educación en la fe y del amor que recibe de sus padres, el modo como el niño puede llegar a entender el amor de Dios hacia él.
Esta educación en la fe y en el amor forma parte de la función docente de la Iglesia. Se inicia con el bautismo, se realiza por las vivencias de fe de padres y familiares, la predicación, la enseñanza y la catequesis, y su objetivo es formar cristianos y santos. Todos estamos llamados a la santidad, que podemos alcanzar con la ayuda del Espíritu y que consiste en vivir en gracia.
La fe puede y debe transmitirse, pues su transmisión es el acto educativo por excelencia, siendo la idea de que la fe es un asunto estrictamente individual en el que nadie debe inmiscuirse una concepción totalmente equivocada que hace que el niño que no ha recibido educación religiosa se vea desprotegido e indefenso ante las influencias de signo contrario. Para los padres, educar en la fe no es sólo un deber, como lo es el procurar darles una instrucción adecuada, sino sobre todo expresión de su propia identidad de esposos y padres cristianos. La educación ha de ser explícitamente religiosa y tiene que comenzar en la más tierna infancia, al igual que lo hacemos con la educación humana e intelectual.
La frase de Jesús: “dejad que los niños vengan a Mí” (Mt 19,13-15; Mc 10,13-16; Lc 18,15-17) nos señala que no debemos dejar para tiempos posteriores el inicio de la educación religiosa, tanto más cuanto que el niño no puede conocer a Dios por sí solo, sin ayuda. La familia es el ámbito principal y primero del despertar religioso. Incluso si no entienden las palabras y conceptos, los niños sí captan actitudes y sentimientos. Un niño se hace religioso cuando vive en un clima religioso y, en concreto, en un ambiente de fe. Por ello es tan importante la oración y ejemplo de vida cristiana de sus padres.
El niño aprende de modo espontáneo y natural el sentido cristiano de la vida mediante el conocimiento de las verdades de fe y el trato habitual con Dios en la oración. Su formación ha de ser más vivencial y afectiva que programada e intelectual. Tan pronto como el niño sea capaz, hay que hablarle de Dios Padre, de la amistad con el Niño Jesús, de la necesidad de vivir y crecer en edad, sabiduría y gracia (Lc 1,40 y 52), teniendo la educación religiosa la tarea de iluminar con los valores evangélicos el desarrollo de la personalidad de los educandos, dándoles razones para vivir y motivos para la esperanza.
En esta tarea contamos con la ayuda de Dios, porque la fe es un don gratuito suyo, pero como Dios quiere actuar en el mundo a través nuestro, hemos de emplear para ello los medios a nuestro alcance. Entre estos medios destacan, por la ayuda que pueden prestar, las escuelas de padres, en las que se transmite una visión cristiana del matrimonio y de la familia que ilumina de forma concreta el modo de ejercer la paternidad, dado que el paso de ser cónyuges a padres tiene sus dificultades y hay que saber ser ambas cosas a la vez. Tampoco hay que olvidar la importancia de los buenos libros y los medios audiovisuales, pero también nos vemos ayudados por el sentido religioso del niño, a quien le gustan mucho las historias y la historia de Jesús, siendo las escenas del evangelio para él un motivo de interés.
Pedro Trevijano, sacerdote
Hay que empezar por decir que cuando la pareja contrajo matrimonio religioso se comprometieron los dos a educar a los hijos en la fe. Evangelizar y educar están íntimamente relacionados, pues la educación integral comprende también la dimensión religiosa. Son los padres, ayudados con frecuencia por los abuelos, quienes al enseñar a rezar, transmiten las primeras nociones de la fe e inician la formación religiosa. La fe se transmite fundamentalmente en los hogares y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana. Unos padres creyentes que estimen, vivan y practiquen su fe deben intentar, por puro sentido común, que también sus hijos vivan y participen de lo que para ellos es un gran valor: su fe. El inicio de la vivencia cristiana es un encuentro de fe con la persona de Jesús (cf. Jn 1,35-39).
La mejor riqueza que unos padres verdaderamente creyentes desean transmitir a sus hijos es la experiencia de Dios, el que sus hijos se sepan y sientan profundamente amados por Dios. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y la testimonia. Educar es educar en el amor, y un creyente no puede olvidar que “Dios es Amor” (1 Jn 4,8), y por tanto su creador e inventor, pero es a través de la educación en la fe y del amor que recibe de sus padres, el modo como el niño puede llegar a entender el amor de Dios hacia él.
Esta educación en la fe y en el amor forma parte de la función docente de la Iglesia. Se inicia con el bautismo, se realiza por las vivencias de fe de padres y familiares, la predicación, la enseñanza y la catequesis, y su objetivo es formar cristianos y santos. Todos estamos llamados a la santidad, que podemos alcanzar con la ayuda del Espíritu y que consiste en vivir en gracia.
La fe puede y debe transmitirse, pues su transmisión es el acto educativo por excelencia, siendo la idea de que la fe es un asunto estrictamente individual en el que nadie debe inmiscuirse una concepción totalmente equivocada que hace que el niño que no ha recibido educación religiosa se vea desprotegido e indefenso ante las influencias de signo contrario. Para los padres, educar en la fe no es sólo un deber, como lo es el procurar darles una instrucción adecuada, sino sobre todo expresión de su propia identidad de esposos y padres cristianos. La educación ha de ser explícitamente religiosa y tiene que comenzar en la más tierna infancia, al igual que lo hacemos con la educación humana e intelectual.
La frase de Jesús: “dejad que los niños vengan a Mí” (Mt 19,13-15; Mc 10,13-16; Lc 18,15-17) nos señala que no debemos dejar para tiempos posteriores el inicio de la educación religiosa, tanto más cuanto que el niño no puede conocer a Dios por sí solo, sin ayuda. La familia es el ámbito principal y primero del despertar religioso. Incluso si no entienden las palabras y conceptos, los niños sí captan actitudes y sentimientos. Un niño se hace religioso cuando vive en un clima religioso y, en concreto, en un ambiente de fe. Por ello es tan importante la oración y ejemplo de vida cristiana de sus padres.
El niño aprende de modo espontáneo y natural el sentido cristiano de la vida mediante el conocimiento de las verdades de fe y el trato habitual con Dios en la oración. Su formación ha de ser más vivencial y afectiva que programada e intelectual. Tan pronto como el niño sea capaz, hay que hablarle de Dios Padre, de la amistad con el Niño Jesús, de la necesidad de vivir y crecer en edad, sabiduría y gracia (Lc 1,40 y 52), teniendo la educación religiosa la tarea de iluminar con los valores evangélicos el desarrollo de la personalidad de los educandos, dándoles razones para vivir y motivos para la esperanza.
En esta tarea contamos con la ayuda de Dios, porque la fe es un don gratuito suyo, pero como Dios quiere actuar en el mundo a través nuestro, hemos de emplear para ello los medios a nuestro alcance. Entre estos medios destacan, por la ayuda que pueden prestar, las escuelas de padres, en las que se transmite una visión cristiana del matrimonio y de la familia que ilumina de forma concreta el modo de ejercer la paternidad, dado que el paso de ser cónyuges a padres tiene sus dificultades y hay que saber ser ambas cosas a la vez. Tampoco hay que olvidar la importancia de los buenos libros y los medios audiovisuales, pero también nos vemos ayudados por el sentido religioso del niño, a quien le gustan mucho las historias y la historia de Jesús, siendo las escenas del evangelio para él un motivo de interés.
Pedro Trevijano, sacerdote
miércoles, 11 de agosto de 2010
La Misión en San Pablo
Del 23 al 27 de Agosto con el Pbro. Marco Antonio Jorquera, a las
15.30 hs. en Pquia. San José O. y a las 20 hs. en la Pquia. del Carmen
Traer Biblia.
15.30 hs. en Pquia. San José O. y a las 20 hs. en la Pquia. del Carmen
Traer Biblia.
martes, 10 de agosto de 2010
Peligros de los siete mares
Todo sacerdote joven me parece un buque que parte por primera vez hacia alta mar.
Todo sacerdote viejo me parece un buque que va llegando al puerto.
Me he cruzado en el mar, en uno de los siete mares del mundo, con dos buques, uno viejo y otro nuevo.
No sé por qué razones siempre que veo un buque viejo me pongo a imaginar las aventuras, los peligros, las tormentas que ha pasado; y delante de uno nuevo, todo lo que le aguarda.
Me he cruzado con dos, el uno viejo y el otro nuevo.
El viejo iba llegando al puerto, con su casco despintado, sus velas en jirones, sus masteleros en astillas, pero con su proa tajante y su timón obediente y firme, de modo que se mantenía en la buena ruta.
El otro recién botado al agua, navegaba hacia alta mar, relumbrante, con su arboladura nueva, sus cuerdas blancas, sus velas sonoras y al viento, que le daba en el costado. El agua hervía en espuma, bajo su quilla que abría un profundo surco en las olas.
Todo le sonreía, el sol, el cielo, la brisa, que cantaba en sus obenques, las ligeras nubes que le daban sombra, los delfines que danzaban a su alrededor y las gaviotas que se posaban en sus jarcias. Y él avanzaba libre y ufano, hacia los misterios del primero de los siete mares, seguro de sus lonas, de sus maderas y de sus forros de cobre y de su timón nuevo.
Y yo rogué por él, que antes de llegar al puerto tenía que humillar la soberbia en el Atlántico, cerrar los ojos y oídos a los espejismos y a los cantos de las sirenas en el Mediterráneo; dominar la ira en el Rojo; sobreponerse a la gula en el Índico; desafiar los tifones de la envidia en el Mar de la China; despreciar las mordeduras de la avaricia en el Pacífico; luchar contra el frío del alma en el Ártico; y vencer la pereza en el Mar de Sargazos, que más que un mar es la plaga de todos los mares.
Cuando veo un sacerdote viejo, deslucido en su traje y en su palabra, distraído como quien tiene el corazón en otra parte, sordo a los rumores de la tierra y atento a las voces que le hablan en sueños como a Samuel, pienso que invita a cantar un Te Deum, porque es un navío que ha pasado ya las tormentas de los siete mares.
Cuando veo uno joven, que emprende su periplo, impaciente de surcar los océanos, con demasiada confianza en la altura de sus mástiles y en lo pulido de sus cascos y en la gallardía de sus lonas; que mira poco el cielo para orientar su rumbo y mucho las máquinas que fabrican los hombres, tengo miedo por él.
Y más si es artista; y mucho más si es elocuente; y muchísimo más si es ingenuo y ama el ruido, y cree que le falta tiempo y puede dejar hoy esta rúbrica, mañana este rezo, después esta meditación, ser impuntual en la hora de su Misa; ser distraído en su breviario.
¡Ay! ¡Cuántos mares y cuántos escollos delante de su proa y qué lejos el puerto!
Llegará, sin duda, si deja de mirar la brújula de los hombres y levanta el corazón hasta la Estrella de la Mañana.
Llamamos así a la Virgen, pero es también una de las más preciosas advocaciones de Jesús, que dice de Sí Mismo en el último capítulo del Apocalipsis: “Yo Soy Jesús, la espléndida y luminosa Estrella de la Mañana”.
Tomado de "Navega hacia alta mar", de Hugo Wast.
Todo sacerdote viejo me parece un buque que va llegando al puerto.
Me he cruzado en el mar, en uno de los siete mares del mundo, con dos buques, uno viejo y otro nuevo.
No sé por qué razones siempre que veo un buque viejo me pongo a imaginar las aventuras, los peligros, las tormentas que ha pasado; y delante de uno nuevo, todo lo que le aguarda.
Me he cruzado con dos, el uno viejo y el otro nuevo.
El viejo iba llegando al puerto, con su casco despintado, sus velas en jirones, sus masteleros en astillas, pero con su proa tajante y su timón obediente y firme, de modo que se mantenía en la buena ruta.
El otro recién botado al agua, navegaba hacia alta mar, relumbrante, con su arboladura nueva, sus cuerdas blancas, sus velas sonoras y al viento, que le daba en el costado. El agua hervía en espuma, bajo su quilla que abría un profundo surco en las olas.
Todo le sonreía, el sol, el cielo, la brisa, que cantaba en sus obenques, las ligeras nubes que le daban sombra, los delfines que danzaban a su alrededor y las gaviotas que se posaban en sus jarcias. Y él avanzaba libre y ufano, hacia los misterios del primero de los siete mares, seguro de sus lonas, de sus maderas y de sus forros de cobre y de su timón nuevo.
Y yo rogué por él, que antes de llegar al puerto tenía que humillar la soberbia en el Atlántico, cerrar los ojos y oídos a los espejismos y a los cantos de las sirenas en el Mediterráneo; dominar la ira en el Rojo; sobreponerse a la gula en el Índico; desafiar los tifones de la envidia en el Mar de la China; despreciar las mordeduras de la avaricia en el Pacífico; luchar contra el frío del alma en el Ártico; y vencer la pereza en el Mar de Sargazos, que más que un mar es la plaga de todos los mares.
Cuando veo un sacerdote viejo, deslucido en su traje y en su palabra, distraído como quien tiene el corazón en otra parte, sordo a los rumores de la tierra y atento a las voces que le hablan en sueños como a Samuel, pienso que invita a cantar un Te Deum, porque es un navío que ha pasado ya las tormentas de los siete mares.
Cuando veo uno joven, que emprende su periplo, impaciente de surcar los océanos, con demasiada confianza en la altura de sus mástiles y en lo pulido de sus cascos y en la gallardía de sus lonas; que mira poco el cielo para orientar su rumbo y mucho las máquinas que fabrican los hombres, tengo miedo por él.
Y más si es artista; y mucho más si es elocuente; y muchísimo más si es ingenuo y ama el ruido, y cree que le falta tiempo y puede dejar hoy esta rúbrica, mañana este rezo, después esta meditación, ser impuntual en la hora de su Misa; ser distraído en su breviario.
¡Ay! ¡Cuántos mares y cuántos escollos delante de su proa y qué lejos el puerto!
Llegará, sin duda, si deja de mirar la brújula de los hombres y levanta el corazón hasta la Estrella de la Mañana.
Llamamos así a la Virgen, pero es también una de las más preciosas advocaciones de Jesús, que dice de Sí Mismo en el último capítulo del Apocalipsis: “Yo Soy Jesús, la espléndida y luminosa Estrella de la Mañana”.
Tomado de "Navega hacia alta mar", de Hugo Wast.
viernes, 30 de julio de 2010
La pedofilia, un crimen que no hace noticia
La pedofilia es un crimen que mata a los niños y que, a menudo, se lleva a cabo en la indiferencia general. Esta es la fuerte denuncia lanzada por Fortunato Di Noto, fundador de la asociación Meter, que desde hace más de 20 años lucha en primera línea a favor de la tutela de la infancia contra la pedofilia, la pedopornografía y la explotación sexual.
El esfuerzo de la asociación Meter ha sido llevado hacia adelante en Italia, no sólo de modo represivo sino también preventivo y educativo, a través de 15 ventanillas, 300 operadores en tutela de la infancia y a nivel global a través de la supervisión de la red y la colaboración con las fuerzas de la policía.
La pedofilia es un crimen, pero también una maquina de hacer dinero, con una promoción propia, que toca cifras estratosféricas de más de 13 mil millones de euros al año y un total de más de 200.000 menores involucrados y abusados, entre los cuales bebés de pocos días a dos años.
Y sin embargo, subraya Di Noto, gran parte de la prensa se escandaliza sólo por los sacerdotes pedófilos y no por el fenómeno en sí de muy grandes proporciones.
“Lo más impresionante es que se haya hablado de pedofilia del clero pero no se haya hablado, por ejemplo, de la pedofilia como fenómeno mundial. Y el fenómeno mundial de los abusos sexuales está bajo los ojos de todos. Lo que me impresiona y lo que, en el fondo, hace la diferencia es que los noticieros, probablemente dirigidos por lobbys de la comunicación, han querido hablar más de esto y no de la gravedad de la pedocriminalidad, de la gravedad de la explotación sexual de los niños, de la gravedad del turismo sexual de los niños, de la gravedad de la venta de niños y la gravedad de la violación de niños. Esta es la demostración visible y espectacular de cómo, algunos medios de comunicación, movidos por cierto tipo de lobbys de pensamiento, comunican, a veces, noticias falsas, no verificables o incluso instrumentales”.
Para el fundador de Meter, un hecho que debe invitar a una mayor responsabilidad y atención por parte de los padres es también la creciente difusión de la pedofilia en las principales redes sociales.
“La pregunta es ¿por qué en Italia hay 180 mil menores por debajo de los 13 años que, sin autorización, son inscritos en Facebook? Y entonces significa que hay 180 mil familias que no controlan lo que hacen estos niños”.
Por lo tanto, la pregunta para hacerse es cómo lograr transformar Internet en un instrumento eficaz para la comunicación del Evangelio incluso a los niños “nacidos digitales”.
“En el fondo debemos recorrer, una vez más, un lenguaje nuevo para llegar a los niños. Y entonces me pregunto: los niños, mientras están hablando, están navegando, utilizando la red, ¿cómo hacer llegar el mensaje de Jesús a esos niños que navegan en la red y están en Facebook?”.
El esfuerzo de la asociación Meter ha sido llevado hacia adelante en Italia, no sólo de modo represivo sino también preventivo y educativo, a través de 15 ventanillas, 300 operadores en tutela de la infancia y a nivel global a través de la supervisión de la red y la colaboración con las fuerzas de la policía.
La pedofilia es un crimen, pero también una maquina de hacer dinero, con una promoción propia, que toca cifras estratosféricas de más de 13 mil millones de euros al año y un total de más de 200.000 menores involucrados y abusados, entre los cuales bebés de pocos días a dos años.
Y sin embargo, subraya Di Noto, gran parte de la prensa se escandaliza sólo por los sacerdotes pedófilos y no por el fenómeno en sí de muy grandes proporciones.
“Lo más impresionante es que se haya hablado de pedofilia del clero pero no se haya hablado, por ejemplo, de la pedofilia como fenómeno mundial. Y el fenómeno mundial de los abusos sexuales está bajo los ojos de todos. Lo que me impresiona y lo que, en el fondo, hace la diferencia es que los noticieros, probablemente dirigidos por lobbys de la comunicación, han querido hablar más de esto y no de la gravedad de la pedocriminalidad, de la gravedad de la explotación sexual de los niños, de la gravedad del turismo sexual de los niños, de la gravedad de la venta de niños y la gravedad de la violación de niños. Esta es la demostración visible y espectacular de cómo, algunos medios de comunicación, movidos por cierto tipo de lobbys de pensamiento, comunican, a veces, noticias falsas, no verificables o incluso instrumentales”.
Para el fundador de Meter, un hecho que debe invitar a una mayor responsabilidad y atención por parte de los padres es también la creciente difusión de la pedofilia en las principales redes sociales.
“La pregunta es ¿por qué en Italia hay 180 mil menores por debajo de los 13 años que, sin autorización, son inscritos en Facebook? Y entonces significa que hay 180 mil familias que no controlan lo que hacen estos niños”.
Por lo tanto, la pregunta para hacerse es cómo lograr transformar Internet en un instrumento eficaz para la comunicación del Evangelio incluso a los niños “nacidos digitales”.
“En el fondo debemos recorrer, una vez más, un lenguaje nuevo para llegar a los niños. Y entonces me pregunto: los niños, mientras están hablando, están navegando, utilizando la red, ¿cómo hacer llegar el mensaje de Jesús a esos niños que navegan en la red y están en Facebook?”.
lunes, 26 de julio de 2010
SÚPLICA PARA TIEMPOS DIFICILES
Tengo mil dificultades:
ayúdame.
De los enemigos del alma:
sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas:
confórtame.
En mis enfermedades:
fortaléceme.
Cuando me desprecien:
anímame.
En las tentaciones:
defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal:
ámame.
Con tu inmenso poder:
protégeme.
Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por
nosotros. Amén.
ayúdame.
De los enemigos del alma:
sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas:
confórtame.
En mis enfermedades:
fortaléceme.
Cuando me desprecien:
anímame.
En las tentaciones:
defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal:
ámame.
Con tu inmenso poder:
protégeme.
Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por
nosotros. Amén.
sábado, 24 de julio de 2010
Reflexiones del Domingo 17º
El Evangelio nos lleva a reflexionar sobre la oración del Padrenuestro, la oración perfecta porque fue el mismo Cristo quien la enseñó a sus discípulos y a toda su Iglesia, que la reza en todo el mundo en forma incesante.
En las siete peticiones del Padrenuestro están contenidos todos los bienes. Los únicos y los verdaderos bienes que debemos pedir, y en el orden en que debemos hacerlo.
Las tres primeras peticiones tienen por objeto la gloria de Dios: la santificación de su nombre, la venida del reino y el cumplimiento de la voluntad divina. Las otras cuatro peticiones presentan al Padre nuestros deseos: están referidas a nuestra vida, nuestro alimento y nuestra curación del pecado.
Cuando decimos: Santificado sea tu nombre, estamos pidiendo la gloria de Dios por sí mismo. Es la mayor alabanza que podemos hacer al Creador, porque lo reconocemos como santo. Este es el primer bien que domina y contiene a todos los demás bienes. Con esta primera petición, el Señor nos enseña que debemos desear más la gloria de Dios, que cualquiera de nuestros intereses.
En la segunda petición pedimos que venga a nosotros tu Reino. Por Reino de Dios entendemos un triple reino espiritual. El reino de Dios en nosotros, que es la gracia santificante en nuestras almas. El Reino de Dios en la tierra, que es la Iglesia Católica. Y el Reino de Dios en el Cielo, que es la bienaventuranza eterna. En esta petición, pedimos las tres cosas. Pedimos tener aquí en la tierra la gracia de Dios. Pedimos que la Iglesia Católica se extienda por todo el mundo, para la salvación de todos los hombres. Y finalmente, pedimos un día llegar a la vida eterna.
En la tercera petición, que está recogida en el Evangelio de San Mateo, pedimos al Señor que se haga su voluntad. Dios tiene trazado un plan en su voluntad, pero este plan debe ser realizado por el hombre. San Pablo dice que la voluntad del Padre es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Pero aquí entra en juego la voluntad y la libertad de cada uno de nosotros. Jesús nos dejó el ejemplo del perfecto cumplimiento de la voluntad del Padre. En su oración en la Cruz la acepta totalmente cuando dice “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Nuestra oración debe llevarnos a pedir al Padre que nos de a conocer cual es su voluntad, para poder amarla y cumplirla.
Pedimos luego a nuestro Padre: “Danos nuestro pan de cada día”. No solamente estamos pidiendo el pan material, palabra que en hebreo significaba toda clase de alimentos, para poder sustentar nuestra vida.
Pedimos por “nuestro” pan. “Uno” para “muchos”. La pobreza de las Bienaventuranzas nos invita a compartir los bienes. Nos invita a comunicar y a compartir bienes materiales y espirituales, no por la fuerza, sino por amor, para que la abundancia de unos remedie las necesidades de otros.
No pedimos tener almacenado el pan de toda la vida. Pedimos el pan de hoy, con la confianza que mañana lo volveremos a pedir, y nuestro Padre Dios volverá a concedérnoslo.
En esta petición estamos pidiendo al Señor que nos dé también el Pan espiritual, ya sea que provenga este del Pan de la Eucaristía o del Pan de la Palabra de Dios. El mismo Jesús dijo que “no solo de pan vive el hombre, sin de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Pedimos al Señor que nos perdone nuestros pecados, así como también nosotros perdonamos
a todo el que nos debe. El pecado se describe en la Biblia como una deuda que el hombre ha contraído con Dios, y que nosotros tenemos que pagar. Al pedir a Dios que nos las perdone, reconocemos que somos pecadores e incapaces de reparar la ofensa a Dios.
Pero el Señor quiere que primero demostremos que nosotros perdonamos a nuestro prójimo, al exigirnos que para que nuestra oración sea escuchada, antes nos reconciliemos con ellos, perdonándoles cada ofensa que hayamos recibido.
Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Ese “como” aparece repetidamente en las enseñanzas de Jesús. “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial”. “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen como los he amado”. Solo participando de la vida de Dios, podemos perdonar o amar como El perdonó y amó.
Pedimos también a Dios que “no nos deje caer en la tentación”. Esta petición va a la raíz de la anterior, porque la causa de nuestros pecados son las tentaciones. No es pecado sentir la tentación, sino consentir en ella. Por eso pedimos no caer.
En las siete peticiones del Padrenuestro están contenidos todos los bienes. Los únicos y los verdaderos bienes que debemos pedir, y en el orden en que debemos hacerlo.
Las tres primeras peticiones tienen por objeto la gloria de Dios: la santificación de su nombre, la venida del reino y el cumplimiento de la voluntad divina. Las otras cuatro peticiones presentan al Padre nuestros deseos: están referidas a nuestra vida, nuestro alimento y nuestra curación del pecado.
Cuando decimos: Santificado sea tu nombre, estamos pidiendo la gloria de Dios por sí mismo. Es la mayor alabanza que podemos hacer al Creador, porque lo reconocemos como santo. Este es el primer bien que domina y contiene a todos los demás bienes. Con esta primera petición, el Señor nos enseña que debemos desear más la gloria de Dios, que cualquiera de nuestros intereses.
En la segunda petición pedimos que venga a nosotros tu Reino. Por Reino de Dios entendemos un triple reino espiritual. El reino de Dios en nosotros, que es la gracia santificante en nuestras almas. El Reino de Dios en la tierra, que es la Iglesia Católica. Y el Reino de Dios en el Cielo, que es la bienaventuranza eterna. En esta petición, pedimos las tres cosas. Pedimos tener aquí en la tierra la gracia de Dios. Pedimos que la Iglesia Católica se extienda por todo el mundo, para la salvación de todos los hombres. Y finalmente, pedimos un día llegar a la vida eterna.
En la tercera petición, que está recogida en el Evangelio de San Mateo, pedimos al Señor que se haga su voluntad. Dios tiene trazado un plan en su voluntad, pero este plan debe ser realizado por el hombre. San Pablo dice que la voluntad del Padre es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Pero aquí entra en juego la voluntad y la libertad de cada uno de nosotros. Jesús nos dejó el ejemplo del perfecto cumplimiento de la voluntad del Padre. En su oración en la Cruz la acepta totalmente cuando dice “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Nuestra oración debe llevarnos a pedir al Padre que nos de a conocer cual es su voluntad, para poder amarla y cumplirla.
Pedimos luego a nuestro Padre: “Danos nuestro pan de cada día”. No solamente estamos pidiendo el pan material, palabra que en hebreo significaba toda clase de alimentos, para poder sustentar nuestra vida.
Pedimos por “nuestro” pan. “Uno” para “muchos”. La pobreza de las Bienaventuranzas nos invita a compartir los bienes. Nos invita a comunicar y a compartir bienes materiales y espirituales, no por la fuerza, sino por amor, para que la abundancia de unos remedie las necesidades de otros.
No pedimos tener almacenado el pan de toda la vida. Pedimos el pan de hoy, con la confianza que mañana lo volveremos a pedir, y nuestro Padre Dios volverá a concedérnoslo.
En esta petición estamos pidiendo al Señor que nos dé también el Pan espiritual, ya sea que provenga este del Pan de la Eucaristía o del Pan de la Palabra de Dios. El mismo Jesús dijo que “no solo de pan vive el hombre, sin de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Pedimos al Señor que nos perdone nuestros pecados, así como también nosotros perdonamos
a todo el que nos debe. El pecado se describe en la Biblia como una deuda que el hombre ha contraído con Dios, y que nosotros tenemos que pagar. Al pedir a Dios que nos las perdone, reconocemos que somos pecadores e incapaces de reparar la ofensa a Dios.
Pero el Señor quiere que primero demostremos que nosotros perdonamos a nuestro prójimo, al exigirnos que para que nuestra oración sea escuchada, antes nos reconciliemos con ellos, perdonándoles cada ofensa que hayamos recibido.
Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Ese “como” aparece repetidamente en las enseñanzas de Jesús. “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial”. “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen como los he amado”. Solo participando de la vida de Dios, podemos perdonar o amar como El perdonó y amó.
Pedimos también a Dios que “no nos deje caer en la tentación”. Esta petición va a la raíz de la anterior, porque la causa de nuestros pecados son las tentaciones. No es pecado sentir la tentación, sino consentir en ella. Por eso pedimos no caer.
viernes, 16 de julio de 2010
Oración a la Virgen del Carmen
Súplica para tiempos difíciles
"Tengo mil dificultades:
ayúdame.
De los enemigos del alma:
sálvame.
En mis desaciertos:
ilumíname.
En mis dudas y penas:
confórtame.
En mis enfermedades:
fortaléceme.
Cuando me desprecien:
anímame.
En las tentaciones:
defiéndeme.
En horas difíciles:
consuélame.
Con tu corazón maternal:
ámame.
Con tu inmenso poder:
protégeme.
Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén."
"Tengo mil dificultades:
ayúdame.
De los enemigos del alma:
sálvame.
En mis desaciertos:
ilumíname.
En mis dudas y penas:
confórtame.
En mis enfermedades:
fortaléceme.
Cuando me desprecien:
anímame.
En las tentaciones:
defiéndeme.
En horas difíciles:
consuélame.
Con tu corazón maternal:
ámame.
Con tu inmenso poder:
protégeme.
Y en tus brazos al expirar:
recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén."
miércoles, 14 de julio de 2010
¿Qué es la nulidad matrimonial?
Nulidad matrimonial ¿Qué es?
Uno de los temas más desconocidos por el público en general y por los propios creyentes es el relacionado con las nulidades matrimoniales. Existe incluso hasta una mala prensa ante este ejercicio de justicia que realiza la comunidad eclesial. Algunos dicen que "la nulidad sólo se dan a los ricos...", "la nulidad vale millones...”, etc.
Para comprender mejor qué es la nulidad eclesiástica de matrimonio veamos algunas preguntas que intentaremos explicar de una manera asequible a todos y desde un punto de vista práctico. Recomendamos vivamente que los que deseen profundizar en este tema se pongan en contacto con el Tribunal Eclesiástico de su zona.
1.- ¿Quiénes pueden solicitar la nulidad matrimonial?
La pueden solicitar uno de los cónyuges que haya contraído matrimonio por la Iglesia. Las personas casadas sólo por lo civil no pueden pedir la nulidad eclesiástica de matrimonio.
2.- ¿Qué es la nulidad matrimonial?
Es el proceso mediante el cual se puede demostrar que antes de casarse existían motivos lo suficientemente importantes, que hicieron el matrimonio nulo. No es que la Iglesia anule un matrimonio válido, cosa por otra parte imposible, sino que se constata que hubo motivos anteriores al mismo que hicieron nulo el matrimonio celebrado.
3.- ¿Cuándo se puede pedir el proceso de nulidad matrimonial?
Lo recomendable es que se luche por salvar la convivencia y el matrimonio y llegar hasta donde se pueda. Hay que buscar ayuda y orientación sobre terapia matrimonial. Si después de todo ello se ve que hay indicios evidentes de nulidad, se puede solicitar en cualquier momento después del matrimonio.
4.- ¿Y si hay hijos por medio...?
No tiene nada que ver. Un matrimonio que haya tenido hijos sí puede pedir la nulidad matrimonial. Los hijos quedan en la misma situación de hijos con los mismos derechos y deberes.
5.- ¿Cuáles pueden ser los motivos de nulidad matrimonial? ¿Qué situaciones pueden hacer nulo un matrimonio?
Son variados:
1. Carecer de suficiente uso de razón, que hace incapaz para el matrimonio (canon 1.095,1 del Código de Derecho Canónico).
2. Tener un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio, que hace incapaz para el matrimonio (canon 1.95, 2).
3. No poder asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (canon 1.095,3).
4. Ignorar que el matrimonio es un consorcio permanente entre el varón y una mujer, ordenado a la procreación de la prole mediante una cierta cooperación sexual (canon 1.096,1). Esta ignorancia no es presumible después de la pubertad. (canon 1.097,2).
5. El error acerca de la persona. (canon 1.097, 1).
6. El error acerca de una cualidad de la persona, cuando esa cualidad es directa y principalmente pretendida (canon 1.097,2).
7. El engaño doloso acerca de una cualidad del otro contrayente que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal (canon 1.098).
8. El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio cuando determina la voluntad. (canon 1.099).
9. La simulación total, que se da cuando el que se casa no quiere el matrimonio mismo (canon 1.101,2).
10. La simulación parcial por la exclusión de la indisolubilidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2 y 1.056).
11. La simulación parcial por exclusión de la fidelidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2 y 1.056).
12. La simulación parcial por haber excluido la unidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2 y 1.056).
13. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la sacramentalidad (canon 1.101,2) ya que entre los bautizados sólo es matrimonio válido el que es sacramento (canon 1.055,2).
14. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la prole (que es elemento esencial del matrimonio) (canon 1.101,2). El matrimonio está ordenado, por su misma índole natural, a la generación y educación de la prole (canon 1.055).
15. El matrimonio celebrado bajo condición de que algo se realice en el futuro, que es aquel en el que la voluntad de uno o de ambos subordina el nacimiento del vínculo al cumplimiento de una circunstancia o acontecimiento (canon 1.102).
16. El matrimonio contraído por violencia o por miedo grave, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse (canon 1.103).
17. Impedimento de edad: el varón antes de los 16 años cumplidos y la mujer antes de los 14 años cumplidos (canon 1.083). El fundamento está en la falta de madurez psíquica y biológica.
18. La impotencia cierta, antecedente y perpetua (canon 1.084).
19. Impedimento de vínculo por un matrimonio anterior aunque no haya sido consumado (canon 1.085).
20. Impedimento de disparidad de culto: el contraído entre dos personas, una bautizada en la Iglesia católica y otra no bautizada (canon 1.086). Este impedimento es perfectamente dispensable en determinadas condiciones.
21. Impedimento de orden sagrado, incluyendo el diaconado, el presbiterado y el episcopado (canon 1.087).
22. Impedimento de voto público perpetuo de castidad en un instituto religioso (canon 1.088).
23. Impedimento de rapto (canon 1.089).
24. Impedimento de crimen (canon 1.090).
25. Impedimento de consaguinidad: siendo nulo el matrimonio de todos los ascendientes y descendientes entre sí, tanto
legítimos como naturales (canon 1.091).
26. Impedimento de afinidad: en línea recta en todos los grados, (canon 1.092).
27. Impedimento de pública honestidad (canon 1.093).
28. Impedimento de parentesco legal por adopción, (canon 1.094).
6.- ¿Cómo puedo saber si mi caso es nulo?
Lo mejor es que te pongas en contacto con el Tribunal Eclesiástico de tu zona (si no sabes dónde está puedes dirigirte a tu párroco o al obispado) y allí podrás explicar tu caso concreto. Es muy importante que no hagas caso a lo que la gente de pueda decir, pues en muchos casos te confundirán. Infórmate donde te tienes que informar.
7.- ¿Se necesita abogado para una causa de nulidad?
Sí. Cualquier abogado aprobado por el Obispo puede llevar una causa de nulidad.
8.- ¿Qué pasos concretos tengo que seguir?
En primer lugar acude al Tribunal Eclesiástico de tu zona y solicita una entrevista. En ese encuentro te darán toda la información necesaria y podrás preguntar todo lo que desees.
9.- ¿Cuáles son los pasos que se siguen en un proceso de nulidad matrimonial?
Veamos de una manera esquemática las distintas etapas de un proceso de nulidad:
1. El abogado presenta una demanda de nulidad ante el Tribunal Eclesiástico. Si hay aparentes motivos de nulidad, el Tribunal aceptará la demanda y comenzará el proceso.
2. Citación al Dubio (contestación a la demanda). Se citan a las dos partes y se les pregunta si están de acuerdo con lo que figura en la demanda. Ambas partes pueden exponer sus desacuerdos sobre la misma. Pueden acudir sólo los abogados de las partes. En este segundo momento se establece el o los motivos que se alega para la nulidad.
3. Período de pruebas. El abogado presentará las pruebas y la lista de testigos que serán oídos por el Tribunal.
4. Confesión Judicial: es la declaración que tienen que hacer los cónyuges por separado. En esta declaración cada uno tiene que contestar a las preguntas del Tribunal. Estas declaraciones se hacen bajo juramento.
5. Declaración de testigos. Los testigos son citados a declarar en la causa.
6. Envío a peritos. Esto no se da en todas las causas de nulidad. Se envía a peritos (psicólogo, médico, etc.) cuando el Tribunal lo estime oportuno para el esclarecimiento de la causa.
7. Conclusión y publicación. Una vez oídas las partes y los testigos presentados y tenido el informe pericial si procede, hay dos momentos:
* Conclusión: el juez da por terminada la investigación de la causa.
* Publicación: los abogados pueden hacer las alegaciones oportunas a los temas que se han reflejado en la causa.
8. Sentencia. Publicada la causa y con el informe final del Defensor del Vínculo, se pasa la causa para ser sentenciada.
9. Se envía la causa y sentencia a otro Tribunal Eclesiástico (cada zona tiene su Tribunal correspondiente a su provincia eclesiástica) para su ratificación.
10. Una vez que el segundo Tribunal ratifica la sentencia se da la nulidad de una manera definitiva. El estado civil de las personas con nulidad matrimonial es el de "soltero/a" para la Iglesia.
10.- ¿Y la Rota...?
A pesar de lo que cree la gente, el Tribunal de la Rota Romana no interviene ordinario. En el caso de las nulidades matrimoniales no interviene, por ejemplo, cuando dos Tribunales eclesiásticos sentencian favorablemente una causa. Al Tribunal de la Rota sólo se acude si hay discrepancia entre los dos Tribunales intervinientes, donde, por ejemplo, uno dice que la causa es nula y otro dice que no es nula. Le toca a la Rota dar su veredicto final.
11.- ¿Cuánto tiempo dura y cuánto cuesta un proceso de nulidad matrimonial?
Depende de cada caso y del trabajo de cada Tribunal. Existen unos plazos legales que hay que respetar. Normalmente se puede resolver una causa entre un año o año y medio e incluso menos. Cada Tribunal tiene estipuladas unas tasas de las cuales te informarán. En cualquier momento del proceso se puede solicitar "Media Pobreza" (pagar la mitad de los gastos) o "Pobreza" (abonar una cantidad simbólica asequible). A estas peticiones sólo se pueden acoger personas realmente necesitadas. Los procesos se llevan exactamente iguales sean abonando la cantidad o solicitando pobreza o media pobreza si procede.
Los gastos de abogado, peritos, etc. corren por cuenta del demandante.
Uno de los temas más desconocidos por el público en general y por los propios creyentes es el relacionado con las nulidades matrimoniales. Existe incluso hasta una mala prensa ante este ejercicio de justicia que realiza la comunidad eclesial. Algunos dicen que "la nulidad sólo se dan a los ricos...", "la nulidad vale millones...”, etc.
Para comprender mejor qué es la nulidad eclesiástica de matrimonio veamos algunas preguntas que intentaremos explicar de una manera asequible a todos y desde un punto de vista práctico. Recomendamos vivamente que los que deseen profundizar en este tema se pongan en contacto con el Tribunal Eclesiástico de su zona.
1.- ¿Quiénes pueden solicitar la nulidad matrimonial?
La pueden solicitar uno de los cónyuges que haya contraído matrimonio por la Iglesia. Las personas casadas sólo por lo civil no pueden pedir la nulidad eclesiástica de matrimonio.
2.- ¿Qué es la nulidad matrimonial?
Es el proceso mediante el cual se puede demostrar que antes de casarse existían motivos lo suficientemente importantes, que hicieron el matrimonio nulo. No es que la Iglesia anule un matrimonio válido, cosa por otra parte imposible, sino que se constata que hubo motivos anteriores al mismo que hicieron nulo el matrimonio celebrado.
3.- ¿Cuándo se puede pedir el proceso de nulidad matrimonial?
Lo recomendable es que se luche por salvar la convivencia y el matrimonio y llegar hasta donde se pueda. Hay que buscar ayuda y orientación sobre terapia matrimonial. Si después de todo ello se ve que hay indicios evidentes de nulidad, se puede solicitar en cualquier momento después del matrimonio.
4.- ¿Y si hay hijos por medio...?
No tiene nada que ver. Un matrimonio que haya tenido hijos sí puede pedir la nulidad matrimonial. Los hijos quedan en la misma situación de hijos con los mismos derechos y deberes.
5.- ¿Cuáles pueden ser los motivos de nulidad matrimonial? ¿Qué situaciones pueden hacer nulo un matrimonio?
Son variados:
1. Carecer de suficiente uso de razón, que hace incapaz para el matrimonio (canon 1.095,1 del Código de Derecho Canónico).
2. Tener un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio, que hace incapaz para el matrimonio (canon 1.95, 2).
3. No poder asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (canon 1.095,3).
4. Ignorar que el matrimonio es un consorcio permanente entre el varón y una mujer, ordenado a la procreación de la prole mediante una cierta cooperación sexual (canon 1.096,1). Esta ignorancia no es presumible después de la pubertad. (canon 1.097,2).
5. El error acerca de la persona. (canon 1.097, 1).
6. El error acerca de una cualidad de la persona, cuando esa cualidad es directa y principalmente pretendida (canon 1.097,2).
7. El engaño doloso acerca de una cualidad del otro contrayente que por su naturaleza puede perturbar gravemente el consorcio de vida conyugal (canon 1.098).
8. El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio cuando determina la voluntad. (canon 1.099).
9. La simulación total, que se da cuando el que se casa no quiere el matrimonio mismo (canon 1.101,2).
10. La simulación parcial por la exclusión de la indisolubilidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2 y 1.056).
11. La simulación parcial por exclusión de la fidelidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2 y 1.056).
12. La simulación parcial por haber excluido la unidad (que es una propiedad esencial del matrimonio) con un acto positivo de la voluntad (cánones 1.101,2 y 1.056).
13. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la sacramentalidad (canon 1.101,2) ya que entre los bautizados sólo es matrimonio válido el que es sacramento (canon 1.055,2).
14. La exclusión, con un acto positivo de la voluntad, de la prole (que es elemento esencial del matrimonio) (canon 1.101,2). El matrimonio está ordenado, por su misma índole natural, a la generación y educación de la prole (canon 1.055).
15. El matrimonio celebrado bajo condición de que algo se realice en el futuro, que es aquel en el que la voluntad de uno o de ambos subordina el nacimiento del vínculo al cumplimiento de una circunstancia o acontecimiento (canon 1.102).
16. El matrimonio contraído por violencia o por miedo grave, para librarse del cual alguien se vea obligado a casarse (canon 1.103).
17. Impedimento de edad: el varón antes de los 16 años cumplidos y la mujer antes de los 14 años cumplidos (canon 1.083). El fundamento está en la falta de madurez psíquica y biológica.
18. La impotencia cierta, antecedente y perpetua (canon 1.084).
19. Impedimento de vínculo por un matrimonio anterior aunque no haya sido consumado (canon 1.085).
20. Impedimento de disparidad de culto: el contraído entre dos personas, una bautizada en la Iglesia católica y otra no bautizada (canon 1.086). Este impedimento es perfectamente dispensable en determinadas condiciones.
21. Impedimento de orden sagrado, incluyendo el diaconado, el presbiterado y el episcopado (canon 1.087).
22. Impedimento de voto público perpetuo de castidad en un instituto religioso (canon 1.088).
23. Impedimento de rapto (canon 1.089).
24. Impedimento de crimen (canon 1.090).
25. Impedimento de consaguinidad: siendo nulo el matrimonio de todos los ascendientes y descendientes entre sí, tanto
legítimos como naturales (canon 1.091).
26. Impedimento de afinidad: en línea recta en todos los grados, (canon 1.092).
27. Impedimento de pública honestidad (canon 1.093).
28. Impedimento de parentesco legal por adopción, (canon 1.094).
6.- ¿Cómo puedo saber si mi caso es nulo?
Lo mejor es que te pongas en contacto con el Tribunal Eclesiástico de tu zona (si no sabes dónde está puedes dirigirte a tu párroco o al obispado) y allí podrás explicar tu caso concreto. Es muy importante que no hagas caso a lo que la gente de pueda decir, pues en muchos casos te confundirán. Infórmate donde te tienes que informar.
7.- ¿Se necesita abogado para una causa de nulidad?
Sí. Cualquier abogado aprobado por el Obispo puede llevar una causa de nulidad.
8.- ¿Qué pasos concretos tengo que seguir?
En primer lugar acude al Tribunal Eclesiástico de tu zona y solicita una entrevista. En ese encuentro te darán toda la información necesaria y podrás preguntar todo lo que desees.
9.- ¿Cuáles son los pasos que se siguen en un proceso de nulidad matrimonial?
Veamos de una manera esquemática las distintas etapas de un proceso de nulidad:
1. El abogado presenta una demanda de nulidad ante el Tribunal Eclesiástico. Si hay aparentes motivos de nulidad, el Tribunal aceptará la demanda y comenzará el proceso.
2. Citación al Dubio (contestación a la demanda). Se citan a las dos partes y se les pregunta si están de acuerdo con lo que figura en la demanda. Ambas partes pueden exponer sus desacuerdos sobre la misma. Pueden acudir sólo los abogados de las partes. En este segundo momento se establece el o los motivos que se alega para la nulidad.
3. Período de pruebas. El abogado presentará las pruebas y la lista de testigos que serán oídos por el Tribunal.
4. Confesión Judicial: es la declaración que tienen que hacer los cónyuges por separado. En esta declaración cada uno tiene que contestar a las preguntas del Tribunal. Estas declaraciones se hacen bajo juramento.
5. Declaración de testigos. Los testigos son citados a declarar en la causa.
6. Envío a peritos. Esto no se da en todas las causas de nulidad. Se envía a peritos (psicólogo, médico, etc.) cuando el Tribunal lo estime oportuno para el esclarecimiento de la causa.
7. Conclusión y publicación. Una vez oídas las partes y los testigos presentados y tenido el informe pericial si procede, hay dos momentos:
* Conclusión: el juez da por terminada la investigación de la causa.
* Publicación: los abogados pueden hacer las alegaciones oportunas a los temas que se han reflejado en la causa.
8. Sentencia. Publicada la causa y con el informe final del Defensor del Vínculo, se pasa la causa para ser sentenciada.
9. Se envía la causa y sentencia a otro Tribunal Eclesiástico (cada zona tiene su Tribunal correspondiente a su provincia eclesiástica) para su ratificación.
10. Una vez que el segundo Tribunal ratifica la sentencia se da la nulidad de una manera definitiva. El estado civil de las personas con nulidad matrimonial es el de "soltero/a" para la Iglesia.
10.- ¿Y la Rota...?
A pesar de lo que cree la gente, el Tribunal de la Rota Romana no interviene ordinario. En el caso de las nulidades matrimoniales no interviene, por ejemplo, cuando dos Tribunales eclesiásticos sentencian favorablemente una causa. Al Tribunal de la Rota sólo se acude si hay discrepancia entre los dos Tribunales intervinientes, donde, por ejemplo, uno dice que la causa es nula y otro dice que no es nula. Le toca a la Rota dar su veredicto final.
11.- ¿Cuánto tiempo dura y cuánto cuesta un proceso de nulidad matrimonial?
Depende de cada caso y del trabajo de cada Tribunal. Existen unos plazos legales que hay que respetar. Normalmente se puede resolver una causa entre un año o año y medio e incluso menos. Cada Tribunal tiene estipuladas unas tasas de las cuales te informarán. En cualquier momento del proceso se puede solicitar "Media Pobreza" (pagar la mitad de los gastos) o "Pobreza" (abonar una cantidad simbólica asequible). A estas peticiones sólo se pueden acoger personas realmente necesitadas. Los procesos se llevan exactamente iguales sean abonando la cantidad o solicitando pobreza o media pobreza si procede.
Los gastos de abogado, peritos, etc. corren por cuenta del demandante.
martes, 13 de julio de 2010
Oraciones y rezos
En todas las religiones el hombre intenta relacionarse con Dios mediante oraciones, privadas o públicas, mentales o vocales. Son súplicas, deprecaciones, peticiones o ruegos que se hacen a Dios o los santos para pedirles mercedes. Pero también pueden ser de pura alabanza (como el "Gloria al Padre"), o de acción de gracias, o de petición de perdón, o proclamación de nuestra fe (como los "Credos")...
Algunas de las oraciones más rezadas en la Iglesia provienen del Antiguo Testamento, como los "salmos", la más importante de todas, el "Padre nuestro", se la debemos a Jesús, otras se forjaron en la Iglesia primitiva, y no han faltado otras que se han ido añadiendo al tesoro de oraciones a lo largo de los siglos. El ser "añeja" es una característica que aumenta la estima de una oración ya que cuenta con la confirmación de una larga tradición...
En esta sección reseñaremos un reducido número de oraciones que nos parecen las más fundamentales y "devotas". Según su naturaleza las acompañaremos de cortas introducciones históricas o explicaciones doctrinales. Puede que muchos católicos hubiesen seleccionado algunas otras, pero es imposible conformar totalmente a todo el mundo.
Algunas de las oraciones más rezadas en la Iglesia provienen del Antiguo Testamento, como los "salmos", la más importante de todas, el "Padre nuestro", se la debemos a Jesús, otras se forjaron en la Iglesia primitiva, y no han faltado otras que se han ido añadiendo al tesoro de oraciones a lo largo de los siglos. El ser "añeja" es una característica que aumenta la estima de una oración ya que cuenta con la confirmación de una larga tradición...
En esta sección reseñaremos un reducido número de oraciones que nos parecen las más fundamentales y "devotas". Según su naturaleza las acompañaremos de cortas introducciones históricas o explicaciones doctrinales. Puede que muchos católicos hubiesen seleccionado algunas otras, pero es imposible conformar totalmente a todo el mundo.
Catequesis
En nuestra comunidad trabajamos con catequesis para niños, jovenes y adultos.
Un lugar importante en la educaciòn de la fe de los niños lo ocupa la familia. Por eso tambien trabajamos con catequesis familiar en la iniciación cristiana de la fe.
Un lugar importante en la educaciòn de la fe de los niños lo ocupa la familia. Por eso tambien trabajamos con catequesis familiar en la iniciación cristiana de la fe.
Historia
La Inauguración de la Capilla Ntra. Sra. del Carmen
de la Villa de Melo.
Por la información que obra en nuestro poder- no existe en el Archivo Parroquial, ni entre los papeles y documentos que de Don Manuel Soñora tuvieron sus familiares anotación alguna referida a la inauguración del local de la Capilla, y de los actos habidos.
Lo que hasta hoy sabemos sobre la inauguración, lo notició “El Deber Cívico” en su edición del viernes 8 de Mayo del año 1888, que, hoy por hoy, resulta invalorable documento que nos explican las cosas de los hombres que vivieron como decíamos al principio.
La inauguración tuvo lugar el lunes 4 de Mayo de 1888. La crónica del citado periódico dice: “Como estaba anunciado, el lunes tuvo lugar la inauguración de la Capilla del Carmen, por su Señoría ilustrísima el Sr. Obispo Monseñor Inocencio Maria Yéregui.
A las 8,00 de la mañana un numeroso gentío esperaba en la inmediaciones de la casa de Don Manuel Soñora, donde estaba depositada la imagen de la Virgen del Carmen al momento de salirla procesión.
A las 9,00 llegó su Señoría Ilustrísima, y enseguida la procesión emprendió la marcha por la calle Sarandí al este, doblando por la calle 25 de Mayo hasta encontrar la de Libertad, por la que siguió hasta enfrente de la Capilla, donde fue colocada la imagen, mientras se efectuaba la ceremonia de la bendición del Templo.
Verificada la bendición del templo y de la imagen, fue introducida a la Capilla. Era tal la aglomeración de la gente que se hacia imposible la entrada en orden y más de un incidente se originó entre los asistentes, que felizmente no hubo nada que lamentar a no ser algún estrujón y alguna otra aplastadura de callos.
En la Capilla no había un local donde colocar un alfiler, todos los sitios estaban ocupados y un gran numero de personas tuvieron que conformarse con escuchar desde el atrio, y otras desde fuera de éste. El P. Gómez pronunció vibrante discurso panegírico en el cual tuvo momentos de sublime inspiración, pero, en cambio tuvo otros en que se revelaba en su elocuente palabra, una dosis crecida de acíbar al tratar de fustigar la propaganda de la prensa.
“El Deber Cívico” sigue diciendo - tal vez opinión del redactor de la crónica - Sobre este tópico sustituyó la voz suave y persuasiva que empleara para otros extremos y se manifestó enconado y mordaz. Tal vez los arrebatos de la juventud le hayan conducido a ese terreno” .. Y sigue la crónica: “A las 11, terminó la ceremonia, Se encendieron fuegos artificiales en la Plaza Independencia, estando iluminados los faroles chineses en los dos arcos que se habían levantado enfrente de la Capilla. Esta fiesta fue amenizada con algunas piezas tocadas por la banda de música que galantemente se presté a ello”.
La crónica publicada en “El Deber Cívico” no agrega ningún otro detalle de la ceremonia de la inauguración de la Capilla, qué autoridades y personalidades de la Villa hicieron acto de presencia, cómo esta arreglado el interior del novísimo templo, etc.
LA ESTATUA DE NTRA SRA. DEL CARMEN
Fue traida de Italia y llegó a Melo, posiblemente, convenientemente acondicionada dentro de un cajón, integrando la carga de alguna carreta o de algún carro de cuatro ruedas, que por aquella época viajaban en convoy desde Melo- Montevideo - Melo, por el camino de la Cuchilla Grande (actual Rutas 26,44 y 7) haciendo el traslado de frutos del país, y de regreso, abasteciendo el floreciente comercio mayorista de la Villa de Melo. No existía aún la línea de ferrocarril, y ya en años de fines de siglo XIX, llegó hasta la localidad de Nico Pérez, para recién en 1909, llegar hasta Melo.
Llegada la Estatua, estuvo custodiada en el domicilio de Don Manuel Soñora ubicado en las calles Sarandi y 25 de Agosto (Herrera y Muniz).
Ocupa el sencillo altar de la Capilla desde 1888, siendo la Patrona de la actual Parroquia.
La estatua tiene la estatura que tenía la Sra. Carmen López, esposa de D. Manuel Soñora
Desde la nave se la ve sencilla y plena de ternura maternal.
Monseñor Miguel Paternain la erigió Parroquia el 14 de Setiembre de 1932.
de la Villa de Melo.
Por la información que obra en nuestro poder- no existe en el Archivo Parroquial, ni entre los papeles y documentos que de Don Manuel Soñora tuvieron sus familiares anotación alguna referida a la inauguración del local de la Capilla, y de los actos habidos.
Lo que hasta hoy sabemos sobre la inauguración, lo notició “El Deber Cívico” en su edición del viernes 8 de Mayo del año 1888, que, hoy por hoy, resulta invalorable documento que nos explican las cosas de los hombres que vivieron como decíamos al principio.
La inauguración tuvo lugar el lunes 4 de Mayo de 1888. La crónica del citado periódico dice: “Como estaba anunciado, el lunes tuvo lugar la inauguración de la Capilla del Carmen, por su Señoría ilustrísima el Sr. Obispo Monseñor Inocencio Maria Yéregui.
A las 8,00 de la mañana un numeroso gentío esperaba en la inmediaciones de la casa de Don Manuel Soñora, donde estaba depositada la imagen de la Virgen del Carmen al momento de salirla procesión.
A las 9,00 llegó su Señoría Ilustrísima, y enseguida la procesión emprendió la marcha por la calle Sarandí al este, doblando por la calle 25 de Mayo hasta encontrar la de Libertad, por la que siguió hasta enfrente de la Capilla, donde fue colocada la imagen, mientras se efectuaba la ceremonia de la bendición del Templo.
Verificada la bendición del templo y de la imagen, fue introducida a la Capilla. Era tal la aglomeración de la gente que se hacia imposible la entrada en orden y más de un incidente se originó entre los asistentes, que felizmente no hubo nada que lamentar a no ser algún estrujón y alguna otra aplastadura de callos.
En la Capilla no había un local donde colocar un alfiler, todos los sitios estaban ocupados y un gran numero de personas tuvieron que conformarse con escuchar desde el atrio, y otras desde fuera de éste. El P. Gómez pronunció vibrante discurso panegírico en el cual tuvo momentos de sublime inspiración, pero, en cambio tuvo otros en que se revelaba en su elocuente palabra, una dosis crecida de acíbar al tratar de fustigar la propaganda de la prensa.
“El Deber Cívico” sigue diciendo - tal vez opinión del redactor de la crónica - Sobre este tópico sustituyó la voz suave y persuasiva que empleara para otros extremos y se manifestó enconado y mordaz. Tal vez los arrebatos de la juventud le hayan conducido a ese terreno” .. Y sigue la crónica: “A las 11, terminó la ceremonia, Se encendieron fuegos artificiales en la Plaza Independencia, estando iluminados los faroles chineses en los dos arcos que se habían levantado enfrente de la Capilla. Esta fiesta fue amenizada con algunas piezas tocadas por la banda de música que galantemente se presté a ello”.
La crónica publicada en “El Deber Cívico” no agrega ningún otro detalle de la ceremonia de la inauguración de la Capilla, qué autoridades y personalidades de la Villa hicieron acto de presencia, cómo esta arreglado el interior del novísimo templo, etc.
LA ESTATUA DE NTRA SRA. DEL CARMEN
Fue traida de Italia y llegó a Melo, posiblemente, convenientemente acondicionada dentro de un cajón, integrando la carga de alguna carreta o de algún carro de cuatro ruedas, que por aquella época viajaban en convoy desde Melo- Montevideo - Melo, por el camino de la Cuchilla Grande (actual Rutas 26,44 y 7) haciendo el traslado de frutos del país, y de regreso, abasteciendo el floreciente comercio mayorista de la Villa de Melo. No existía aún la línea de ferrocarril, y ya en años de fines de siglo XIX, llegó hasta la localidad de Nico Pérez, para recién en 1909, llegar hasta Melo.
Llegada la Estatua, estuvo custodiada en el domicilio de Don Manuel Soñora ubicado en las calles Sarandi y 25 de Agosto (Herrera y Muniz).
Ocupa el sencillo altar de la Capilla desde 1888, siendo la Patrona de la actual Parroquia.
La estatua tiene la estatura que tenía la Sra. Carmen López, esposa de D. Manuel Soñora
Desde la nave se la ve sencilla y plena de ternura maternal.
Monseñor Miguel Paternain la erigió Parroquia el 14 de Setiembre de 1932.
Novena a la Virgen del Carmen
EN FAMILIA NOS PREPARAMOS A LA FIESTA PATRONAL
Realizaremos la Novena en la celebración de la Santa Misa 19.30 hs.
Rezaremos el Sto. Rosario a las 19 hs.
Cada día rezamos por una intención
Día 7- Por los EDUCADORES
“Jesús enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.”
Día 8 - Por la PATRIA, la CIUDAD y los GOBERNANTES
“. . . el que quiera ser el mas importante entre ustedes, que se haga servidor de todos.” Mc 10, 42 - 45
Día 9 - Por los AGENTES DE ORDEN Y LA SEGURIDAD
“El capitán al ver que expiro dijo: realmente este es el Hijo de Dios.” Mc 15,38-39
“Dios había dado autoridad a Jesús de Nazareth entre todos ustedes.” He 2,22
Día 10 - Por los ENFERMOS Y PROFESIONALES de la SALUD
“Partieron los doce. . . predicando la Buena Noticia y haciendo curaciones.”
Día 11 - Por los DIFUNTOS de la Parroquia
“Yo soy la resurrección y la vida. . .” Jn 11, 25
Día 12 - Por los M C S (Medios de comunicación social)
“Grita con fuerza y sin miedo, levanta tu voz como trompeta.” Is 58, 1
Día 13 - Por el DESARROLLO de los PUEBLOS (agropecuaria, comercio e industria)
“Los que trabajan por la paz, siembran pacíficamente y su fruto es la justicia.” St. 3, 18
“Todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.” Mc 3, 35
Día 14 - Por los SACERDOTES y las VOCACIONES SACERDOTALES
“Jesús dijo: hay mucho que cosechar, pero los obreros son pocos; por eso rueguen al dueño de la cosecha que mande obreros. . .”
Después de la S. Misa, tendremos un encuentro con la Hna. Dolores de Santa Teresa
Día 15 - Por la FAMILIA y LOS JÓVENES,
17 hs. Reunión de los niños de catequesis con la Hna. Dolores de Santa Teresa
Después de la S. Misa, tendremos un encuentro con la Hna. Dolores de Santa Teresa
Día 16 - Fiesta patronal.
17 hs. Celebración e imposición de escapulario a los niños de la catequesis.
Misa 19.30 hs. presidida por el Sr. Obispo Emérito Mons. Cáceres en el 65 aniversario de su ordenación presbiteral, imposición de escapularios. Rezamos por los que participan en el sostenimiento de la obra evangelizadora de la parroquia (agentes pastorales, bienhechores y colaboradores).
Realizaremos la Novena en la celebración de la Santa Misa 19.30 hs.
Rezaremos el Sto. Rosario a las 19 hs.
Cada día rezamos por una intención
Día 7- Por los EDUCADORES
“Jesús enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.”
Día 8 - Por la PATRIA, la CIUDAD y los GOBERNANTES
“. . . el que quiera ser el mas importante entre ustedes, que se haga servidor de todos.” Mc 10, 42 - 45
Día 9 - Por los AGENTES DE ORDEN Y LA SEGURIDAD
“El capitán al ver que expiro dijo: realmente este es el Hijo de Dios.” Mc 15,38-39
“Dios había dado autoridad a Jesús de Nazareth entre todos ustedes.” He 2,22
Día 10 - Por los ENFERMOS Y PROFESIONALES de la SALUD
“Partieron los doce. . . predicando la Buena Noticia y haciendo curaciones.”
Día 11 - Por los DIFUNTOS de la Parroquia
“Yo soy la resurrección y la vida. . .” Jn 11, 25
Día 12 - Por los M C S (Medios de comunicación social)
“Grita con fuerza y sin miedo, levanta tu voz como trompeta.” Is 58, 1
Día 13 - Por el DESARROLLO de los PUEBLOS (agropecuaria, comercio e industria)
“Los que trabajan por la paz, siembran pacíficamente y su fruto es la justicia.” St. 3, 18
“Todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.” Mc 3, 35
Día 14 - Por los SACERDOTES y las VOCACIONES SACERDOTALES
“Jesús dijo: hay mucho que cosechar, pero los obreros son pocos; por eso rueguen al dueño de la cosecha que mande obreros. . .”
Después de la S. Misa, tendremos un encuentro con la Hna. Dolores de Santa Teresa
Día 15 - Por la FAMILIA y LOS JÓVENES,
17 hs. Reunión de los niños de catequesis con la Hna. Dolores de Santa Teresa
Después de la S. Misa, tendremos un encuentro con la Hna. Dolores de Santa Teresa
Día 16 - Fiesta patronal.
17 hs. Celebración e imposición de escapulario a los niños de la catequesis.
Misa 19.30 hs. presidida por el Sr. Obispo Emérito Mons. Cáceres en el 65 aniversario de su ordenación presbiteral, imposición de escapularios. Rezamos por los que participan en el sostenimiento de la obra evangelizadora de la parroquia (agentes pastorales, bienhechores y colaboradores).
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