miércoles, 22 de agosto de 2012

“La Virgen nos protege cuando perdemos el camino”

En la fiesta de Santa María Reina, Benedicto XVI invitó a no descuidar la devoción por la Madre de Jesús


“En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nosotros nos dirigimos a María encomendándonos a su continua intercesión, para que del Hijo nos obtenga toda gracia y misericordia necesarias para nuestro peregrinar a lo largo de los caminos del mundo”: en la fiesta de Santa María Reina, el Papa Benedicto XVI lanzó una invitación a no olvidar la devoción por la Virgen, definida como “elemento importante de la vida espiritual”.



Lo hizo en ocasión de la Audiencia general de los miércoles, que se llevó a cabo en Castelgandolfo.


La fiesta de Santa María Reina es una especie de novedad en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica: fue instituida por el Papa Pío XII en 1954, al final del Año Mariano y fijó la fecha para el 31 de marzo. “En esa circunstancia, el Papa dijo que María es Reina, más que otra criatura, por la elevación de su alma y por la excelencia de los dones divinos que recibió. Ella nunca deja de derramar sobre la humanidad todos los tesoros de su amor y de sus premuras (cfr Discurso en honor de María Reina, 1° noviembre de 1954)”, explicó Ratzinger.



Hoy, después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la fiesta se celebra el 22 de agosto, una semana después de la Asunción, “para subrayar los estrechos lazos entre la realeza de María y su glorificación en alma y cuerpo junto a su Hijo. En la Constitución sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, leemos: «María fue asunta en alma y cuerpo a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejará más plenamente a su Hijo» (n. 59)”.




No importa que los hombres recen “para agradecerle o para pedir su materna protección y su celestial ayuda después, quizás, de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o por la angustia por las tristes y dolorosas vicisitudes de la vida”, según el Papa, siempre encontrarán una oreja lista para escucharles.

Por ello, el Pontífice subrayó la importancia de no olvidar las formas más tradicionales de la devoción mariana, como el rosario o las letanías: “El ritmo de estas antiguas invocaciones y oraciones diarias como el Salve Regina, nos ayudan a comprender que la Virgen Santa, cual Madre nuestra junto al Hijo Jesús en la gloria del Cielo, está siempre con nosotros, en el desarrollo cotidiano de nuestra vida. Por lo tanto el Título de Reina es un título de confianza, de alegría de amor. Sabemos que Aquella que tiene en sus manos, en parte, la suerte del mundo es buena, nos ama y nos ayuda en nuestras dificultades”.


Por ello, Benedicto XVI concluyó que la Virgen es un elemento importante de la vida espiritual: “En nuestra oración no dejemos de dirigirnos confiados a Ella. María no dejará de interceder por nosotros ante su Hijo. Mirándola, imitemos la fe, disponibilidad plena al proyecto de amor de Dios, la generosa acogida de Jesús. Aprendamos a vivir, siguiendo el ejemplo de María. Es la Reina del cielo cerca de Dios, pero también es la madre cercana a cada uno de nosotros, que nos ama y escucha nuestra voz”.