jueves, 25 de diciembre de 2014

Exorcismos en el siglo XXI

Cualquier persona que haya leído los evangelios, se da cuenta que para Jesucristo la lucha contra el pecado y contra el demonio es algo primordial, hasta el punto que en todos los sinópticos, pero especialmente en Marcos, los exorcismos cualifican la misión de Jesús. Acabo de leer en un periódico un artículo titulado “Exorcismos en el siglo XXI”, del que entresaco los siguientes párrafos: “Cuando pensábamos que el diablo era solamente un personaje de película americana o de Alex de la Iglesia, nos cuentan que en Valladolid han realizado ritos católicos para sacar al maligno, supuestamente, del cuerpo de una chiquilla. Sí, la sombra del oscurantismo es alargada y, aunque parezca mentira, todavía hay personas que creen en los exorcismos y otras que los permiten. Aunque casi nadie tema ya a las calderas de Pedro Botero, aún quedan sacerdotes que practican exorcismos para sacar a los demonios del cuerpo de alguna joven”… “Sí, está muy bien el demonio… en la literatura, pero someter a una joven, además menor, a trece sesiones de exorcismos, me parece de juzgado de guardia. Y es que ahora que se habla tanto de los ultras en el fútbol, el ultracatolicismo hace también mucho daño. Sinceramente, me parece mucho más hermoso pensar que Dios, si existe, es amor que creer que permite a los demonios meterse en el cuerpo de la gente, para amargarles la vida y robarles la salud”. Es evidente que como católico, no puedo estar de acuerdo con ese artículo. Cualquier persona que haya leído los evangelios, se da cuenta que para Jesucristo la lucha contra el pecado y contra el demonio es algo primordial, hasta el punto que en todos los sinópticos, pero especialmente en Marcos, los exorcismos cualifican la misión de Jesús. Para Él la existencia del demonio y del infierno es una realidad, como vemos en el episodio del Juicio Final: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles” (Mt 25,41). La actitud de la Iglesia Católica actualmente frente al exorcismo la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica nº 1673, que dice así: “Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf Mc 1,25-26; etc.), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado «el gran exorcismo» sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad (cf. CIC canon 1172)”. Es decir, siempre que haya una explicación natural, hay que descartar la sobrenatural. Pero la existencia del Demonio es una constante en la enseñanza de la Iglesia. Hace unos años, tuve una conversación con el Padre Pilón, jesuíta ya fallecido y muy metido en el mundo de lo paranormal y lo parapsicólogico. Me dijo: “Pedro, dile a tus alumnas que no jueguen al juego del vasito, porque mi amigo el Doctor X, un conocido psiquiatra de Madrid, está hasta hasta las narices de ese juego, porque tiene la consulta invadida por adolescentes como consecuencia de ello. Y es que pueden liberarse unas fuerzas que no sabemos bien qué son, pero pueden resultar peligrosas”. En un libro del P. Amorth, exorcista de la diócesis de Roma, he leído: “Satanás tiene también un poder extraordinario sobre el hombre. Con este poder puede ocasionar males... que culminan en la posesión. Estos males están dirigidos a un número muy limitado de personas. Pero hoy este número va en aumento porque, dado que cada vez falta más la confianza en Dios, la gente se entrega al ocultismo, al satanismo, a hacer maleficios o consagraciones a Satanás”. Madrid, Barcelona, Milán han aumentado recientemente el número de exorcistas, mientras otros, como el de Copenhague, se quejan que no dan abasto. Por cierto con frecuencia los exorcismos requieren bastante tiempo y los poseídos pueden ser gente de cualquier edad, incluidos niños víctimas de maleficios y magia negra. Personalmente, confesando este verano fuera de España, en Medjugorje, he tenido varios casos de personas, además de distintos países, que me han expresado su preocupación porque en sus familias, personas cercanas a ellos, han empezado a frecuentar círculos de brujos o sospechosos de satanismo, con sus consecuencias de rupturas de familia y posibles posesiones diabólicas. Por supuesto hay que ser cautos, pero el problema es real. La oración y los sacramentos son los mejores medios para evitar que el diablo pueda hacer presa en nosotros. P. Pedro Trevijano, sacerdote

martes, 25 de noviembre de 2014

Los exorcistas, preocupados por el aumento de las prácticas esotéricas y satánicas

El pasado mes de octubre se reunieron en Roma los miembros de la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE). Según informa ahora ACI, entre algunos de los temas que trataron estuvo el de la “emergencia pastoral” que se ha generado actualmente debido al aumento de casos que requieren un exorcismo en todo el mundo. En declaraciones a ACI Prensa, el portavoz de esta asociación, el psiquiatra Valter Cascioli, explicó que “en comparación a hace algunos años el número de exorcistas ha aumentado. Sin embargo siempre digo que hay también una necesidad ya que la carencia se está convirtiendo en una emergencia pastoral”. El médico italiano que colabora con esta asociación indicó luego que actualmente “el número de ocurrencias de actividad demoniaca extraordinaria está en aumento”. Esta actividad, dijo, puede darse por infestación (cuando el demonio posee un lugar), vejaciones y posesiones –en cuyo caso se debe acudir a un sacerdote y no a un brujo– u obsesiones diabólicas. Cascioli refirió además que el aumento “de estos fenómenos se debe seguramente a que hoy ha disminuido en las personas pero también y especialmente, además de la actividad demoniaca, al desarrollo de un interés y las prácticas que tienen que ver con el mundo esotérico, el ocultismo y el satanismo”. El experto psiquiatra explica también que “hay algunos países en el mundo en donde ni siquiera hay un exorcista. Las actividades demoniacas y las consecuencias de las que hablamos se están difundiendo en todo el mundo, no es un fenómeno cultural”. “Lo que está sucediendo no está condicionado por los lazos étnicos, ni está tampoco limitado a un área geográfica específica”, concluye. Asociación de exorcistas El pasado 13 de junio la Congregación para el Clero del Vaticano reconoció jurídicamente a la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE), que hoy cuenta con 250 exorcistas en treinta países de todo el mundo, y está presidida desde 2012 por el padre Francesco Bamonte, religioso que desempeña el ministerio del exorcismo en la Diócesis de Roma. La idea de reunir en asociación a los exorcistas fue del padre Gabriele Amorth, famoso exorcista de la Diócesis de Roma, quien desde los años 80 ha advertido del gran número de testimonios sobre peligros y amenazas del diablo, debido a prácticas ocultas entre los fieles. El papa Francisco envió un mensaje a los exorcistas reunidos hace unos días en Roma, animándoles “a manifestar en este especial ministerio” del exorcismo “ejercitado en comunión con los propios Obispos” para que se manifieste “el amor y la acogida en la Iglesia de quienes sufren debido a la obra del maligno”. Luis Santamaría, el 24.11.14

jueves, 13 de noviembre de 2014

Declaración de la CEU: “NO A LA DISCRIMINACIÓN, SÍ AL RESPETO”

1. Desde hace algunos años se ha incrementado a escala mundial la justa condena de cualquier clase de discriminación. 2. La viva conciencia del derecho al respeto debido a cada persona y a no ser discriminado por la raza, el sexo o la religión es aún más sensible en el caso de personas de diversa orientación sexual. 3. Este justo empeño se ve desfigurado, sin embargo, por quienes quieren imponer la “ideología de género” y no toleran otras concepciones de la sexualidad, del matrimonio y de la familia, en particular la visión judeo-cristiana de la que somos dichosos herederos. 4. La expresión más reciente de esta actitud se encuentra en dos documentos: la guía “Educación y Diversidad Sexual” y “Transforma 2014”. 5. Sería excesivo comentar todas las afirmaciones y propuestas contenidas en estos materiales. La finalidad declarada de deconstruir estereotipos impone una concepción del cuerpo humano, de la persona, del matrimonio y la familia y de la moral en total oposición a lo que sostienen tanto el cristianismo como otras religiones y filosofías, en conformidad con la ciencia. 6. Este propósito pasa por alto el derecho humano fundamental de los padres a elegir libremente la educación de sus hijos (artículo 41 de nuestra Constitución) y, por eso, está limitada la ingerencia estatal: queda garantida la libertad de enseñanza. La ley reglamentará la intervención del Estado al solo objeto de mantener la higiene, la moralidad, la seguridad y el orden públicos (art. 68). 7. Según esto, al Estado laico no le compete promover ninguna concepción filosófica de la persona y de la sexualidad y, aún menos, una ideología que, justificándose en la no discriminación, pretende “encerrar en el armario” la educación según las ideas cristianas. 8. En estas circunstancias, vemos necesario recordar que todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay (art. 5). En consecuencia, en las instituciones de la Iglesia Católica se seguirá enseñando libremente el precioso patrimonio de su doctrina. De ella forma parte esencial el respeto a todas las personas, sin ninguna clase de discriminación. 9. Queremos manifestar, además de los motivos enunciados, que levantamos nuestra voz también en nombre de las familias católicas que envían a sus hijos a las escuelas de gestión estatal. Los padres, a su vez, tienen el derecho y el deber de oponerse a lo que consideran un abuso en la educación de sus hijos. De difundirse los textos referidos, en lugar de ser formados en la no discriminación de las personas, los hijos sufrirán la violencia de una educación sexual ideologizada y desnaturalizada. 10. La Iglesia quiere reafirmar su deseo de trabajar en favor de todos los ciudadanos de nuestra patria, sin distinción alguna, ofreciendo dialogar con respeto sobre las diversas ideas y proponiendo su propio modo de encarar la existencia. Los Obispos del Uruguay Florida, 10 de noviembre de 2014.

domingo, 19 de octubre de 2014

«SEÑOR, EL RABINO ESTÁ HARTO»

El camino de Jean-Marie Elie Setbon «De la Kipá a la Cruz» (Angel Cabrero. Rialp / Portaluz) Sin embargo esas conversiones se dan. Muestra de ello es la historia conmovedora contenida en el libro «De la kipá a la cruz» de Jean-Marie Élie Setbon (Rialp), un judío que se convierte al catolicismo después de un proceso largo, complicado, casi agotador, sin duda un camino de pura coherencia. Desde los 8 años, Jean Marc –que cambiaría después su nombre al bautizarse- es atraído ardientemente por el crucificado. Era un niño judío francés, rodeado de amigos cristianos y de iglesias, y con una familia judía que apenas practicaba. Pero él es un hombre muy religioso y, a pesar de sus inclinaciones cristianas, decide seguir una de las sociedades judías más radicales, actuando como rabino muy convencido. «Desde que puedo recordar, siempre me he sentido atraído por Jesús. Durante la adolescencia quise convertirme al cristianismo. Pero sabía que sería un escándalo, porque cuando un judío se convierte, su familia, aunque no sea religiosa, lo vive como una traición. Los caminos de Dios son misteriosos: quería ser cristiano, pero me hice judío ultraortodoxo y luego judío hasid. Mi corazón me llevaba hacia Jesús, pero mi cabeza se resistía y mi identidad judía pesaba más. Un día, por fin, después de un largo camino, Dios retiró el velo de mis ojos...» El año 2004, su esposa fallece de cáncer y Setbon se queda de «padre en el hogar» con siete hijos. Fueron años de auténtica precariedad material: el rabino y sus hijos tuvieron que esperar tres años para disfrutar de su primer día, solo uno, de vacaciones. Fue el 6 de agosto de 2007 en una playa normanda. La visión del mar le produjo extrañas sensaciones. Se atreve a relacionarlo con la muerte, ese mismo día, del cardenal Jean-Marie Lustiger, que también emprendió el camino del judaísmo al catolicismo. De vuelta a París, las sensaciones se intensifican. Setbon no para de hacerse la señal de la Cruz. Esta vez sí, su conversión va a ser definitiva. Inicia una preparación al catecumenado en las Hermanitas de Belén en París. No fue fácil. Según declaró a la revista Famille Chrétienne, él quería conocer a Cristo pero le contestaban: «Sí, pero la Iglesia piensa esto, esto y esto…». Elaboró entonces una lista de objeciones que presentó a Cristo: «Señor, el rabino está harto: o me ayudas o lo dejo todo». La respuesta vino poco después, cuando se topó con una imagen de la Sábana Santa. Le dijo al Señor: «Deja de jugar al escondite o estallo. No me muevo de aquí hasta que no me hagas una señal». En ese mismo instante, el rostro de Cristo le volvió a mirar y... «Llegó la Luz: creí todo, acepté todo, incluida la Iglesia: el Señor me abrió a la inteligencia de las Escrituras». El 14 de septiembre de 2008, Setbon fue admitido en la Iglesia mediante el sacramento del bautismo. Las intervenciones extraordinarias de Dios se dan en la vida, pero es emocionante encontrarse con la narración de un proceso de encuentro con todos los detalles. Cómo Jean Marc llega a bautizarse, no es una cuestión fácil y él lo narra con la pasión de quien sabe se le ha confiado un precioso tesoro. Al final, desde el puro convencimiento, termina madurando su fe y se bautiza. Un proceso desde el amor de Dios, desde el deseo muy firme de seguirle de cerca, que tendría el cúlmen en la conversión de todos los miembros de su familia.

sábado, 9 de agosto de 2014

La fuga de los cristianos de Qaraqosh, en voz de un sacerdote caldeo

HUYENDO HACIA KURDISTÁN El dramático testimonio del padre Paolo Thabit Mekko: «Bandas de fanáticos criminales nos obligaron a huir de nuestras casas y a sobrevivir por las calles como mendigos» El padre Paolo Thabit Mekko, sacerdote caldeo iraquí de Qaraqosh, había transcurrido los últimos meses abriendo viejos y nuevos pozos y tratando de hacer funcionar los generadores de corriente para los prófugos que habían huido de Mosul, después de que esta ciudad, la segunda más importante del país, cayera en manos de los yihadistas del Estado Islámico. Ahora él mismo está viviendo como refugiado, en compañía de miles de cristianos que fueron obligados a huir a la Llanura de Nínive, desperdigados por las calles, por las Iglesias y los terrenos de Ankawa, el barrio de mayoría cristiana de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí. Mientras narra cómo vivió la noche en fuga, se advierte en su voz toda la rabia y la amargura de un pueblo humillado. «A las dos de la mañana», explicó a Vatican Insider el padre Paolo, «vimos que las milicias kurdas de los Pesh merga abandonaban la línea de enfrentamiento con los del Isis y se retiraban. No sabemos por qué sucedió. Pero no podíamos permanecer sin su protección. Las familias ya habían empezado a escapar varias horas antes. Nos subimos a los coches, a las carretas y a los autobuses; un río de gente aterrorizada, corriendo por las calles hacia Kurdistán». Las milicias yihadistas entraron a Qaraqosh después de las seis de la mañana. Según varios testigos, pasaron por las calles de la ciudad de la Llanura de Nínive con megáfonos e intimando a los que todavía quedaban a que se fueran. «Por los caminos hacia Erbil», refiere el sacerdote caldeo, «se crearon atascos que duraron horas. Ahora la gente vive desperdigada por las calles y parques, abandonada a sí misma, contenta solamente de estar todavía viva. Hay algunos voluntarios de la diócesis que la asisten,pero hacen lo que pueden. Los refugiados abandonaron todo lo que tenían. Y saben que los del Califato entran a las casas y a las Iglesias para robarse todo, como ya habían hecho en Mosul». Entre los prófugos cristianos el desastre de un pueblo en fuga no se culpa solamente al fanatismo feroz de los yihadistas: «la gente –explicó el padre Paolo– da la culpa al gobierno, que después de la caída de Mosil no hizo nada durante dos meses y dejó que todo degenerara». Y se revela también la inconsistencia de las promesas de los políticos que hasta ayer perseguían el sueño de transformar la Llanura de Nínive en una región autónoma para los cristianos. «Ahora –concluyó con amargura–, lo que tenemos ante los ojos es lo absurdo de los pueblos que heredaron cuatro mil años de civilización obligados por bandas de fanáticos criminales a huir de las propias casas y a sobrevivir por las calles como mendigos». GIANNI VALENTE

El Papa a los Caballeros de Colón: que nadie confine a la Iglesia en lo privado

Mensaje del Pontífice para la 132a Convención anual de la orden, que concluyó hoy en Orlando «La fe nos enseña que la Iglesia es llamada a ser una comunidad de hermanos y hermanas que se aceptan y se cuidan los unos a los otros y sirven como levadura de reconciliación y unidad para toda la familia humana». Lo recordó Papa Francisco en el mensaje, firmado por el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, enviado a la 132a Convención anual de la Orden de los Caballeros de Colón, que concluyó hoy en Orlando, Florida. El Papa subrayó en particular el compromiso de la Orden a favor de los más pobres y de las familias. El tema elegido para este año fue «Serán todos hermanos: nuestra vocación a la hermandad». Una vocación que, subraya el Mensaje resumido por la Radio Vaticana, la organización ha sabido encarnar desde sus orígenes, a finales del siglo XIX. La fidelidad de los Caballeros de Colón a los «ideales de fe, hermandad y servicio» no solo «ha asegurado la continua vitalidad» de la Orden, sino que también «ha contribuido, y lo sigue haciendo, a la misión de la Iglesia a todos niveles y, en particular, al ministerio universal de la Sede Apostólica». El mensaje elogia particularmente el compromiso activo de los Caballeros «para contrarrestar los intentos de limitar la religión a la esfera puramente personal, para defender el papel que le es proprio en el escenario público y para animar a los fieles laicos en su misión de plasmar una sociedad que refleje la verdad de Cristo». Como aclaró Papa Francisco en la “Evangelii gaudium”, la tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos y hermanas, por lo que nadie puede exigirnos relegar la religión a la secreta intimidad de las personas, sin ninguna influencia en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin expresarnos sobre los hechos que afectan a los ciudadanos. El mensaje concluye agradeciendo el apoyo que han ofrecido los Caballeros de Colón al próximo Sínodo extraordinario sobre la familia que se llevará a cabo en octubre y para el Encuentro mundial de las familias, de 2015. «La familia, de hecho, es la primera maestra de esa hermandad que une y construye la sociedad sobre los sólidos fundamentos del respeto recíproco, de la justicia, de la misericordia y de la verdad».

viernes, 11 de julio de 2014

las cadenas de oración

Esto de las cadenas de oración es una ABERRACION, que va en contra de la fe; es querer manipular la Providencia de Dios, que por ser de Dios actúa libremente, y que no está sujeta a condiciones (como 'envíe esto a diez personas'...) ni está enviando amenazas ('si no lo hace ya verá...). Y lo malo es que lo envían personas que deberían tener más formación cristiana; la fe cristiana destierra las amenazas y no acepta los tabúes. Podrían leer entre otros, el texto del Deuteronomio capítulo 18, versículos 10-12. Esas fórmulas que hay en esas cadenas, tratan de convertir a Dios en una receta: haz esto, más lo otro y te resultará un beneficio, si no lo hace se convertirá en una maldición. Creer en Dios, en su Paternidad y en su Providencia, es algo muy diferente; no se trata de asegurarnos las cosas mediante 'nuestros recursos', sino sólo la seguridad de quien sabe que está en las manos de Dios. Ojalá esto te sirva para parar esas cadenas. Un abrazo y mis oraciones P. Adolfo Franco

martes, 17 de junio de 2014

Nota Pastoral sobre la inhumación e incineración de los cadáveres

La enfermedad y la muerte forman parte de nuestra existencia humana y social. Es la única realidad del mundo de la que nadie puede sustraerse. El hombre y la sociedad de todos los tiempos, para ser libres y responsables, han de asumir su límite humano. No pueden ocultar o ignorar un aspecto de sí mismos. La sepultura de los difuntos y el honor rendido a los muertos se remonta a las primeras épocas de la humanidad. Se conocen vestigios de veneración a los antepasados con más de 100.000 años de antigüedad. En todas las grandes religiones el culto a los muertos ha formado parte de los actos religiosos. Las formas de dar sepultura han sido diversas: se conocía tanto el entierro como la cremación, el abandono de los difuntos sobre los árboles (entregados así a los dioses) y la inmersión en alta mar; algunas de estas formas han sobrevivido hasta la actualidad. Creo en Jesucristo… muerto y sepultado Esta es una verdad de nuestra fe. La confesamos en el Símbolo de los Apóstoles. Creemos que el Señor Jesús, después de morir en la cruz, fue depositado en un sepulcro, permaneciendo allí hasta el momento de su resurrección. Esta era la práctica judía de la época. Seguramente, el hecho de haber sepultado a Jesús marcó con fuerza el criterio de los Apóstoles como así también el de los primeros cristianos, ya que su deseo era seguir los mismos pasos del Maestro. A la costumbre judía de la inhumación de los cadáveres se unió el hecho real de que Jesús fue sepultado. Esta realidad se convirtió en un imperativo y en un signo de identidad para los cristianos frente a otros cultos paganos, especialmente en territorio helénico y romano. La inhumación y su proceso “Inhumar” (del latín humus: tierra) significa “enterrar”. El enterramiento de los difuntos bautizados en Cristo constituyó la forma prioritaria de inhumación para la tradición cristiana, ya que, como acabamos de ver, estaba en consonancia con la costumbre judía e imitaba el rito fúnebre aplicado al mismo Jesús. Además, la inhumación se convirtió en una de las formas de diferenciación con respecto al paganismo. Más tarde, las normas y directivas de la Iglesia prohibirán la incineración de las exequias de los bautizados, aunque no faltaron excepciones, por ejemplo, en casos de peste e infecciones públicas, en las que convenía deshacerse de los cadáveres como prevención a contagios. La incineración en el horizonte de la esperanza de la fe La dignidad de la sepultura es una prioridad, un deber. “Incinerar” significa quemar, hacer cenizas, y se aplica fundamentalmente a la cremación de los cadáveres. La reflexión teológica y el mismo desarrollo histórico produjeron que, en 1963, la Instrucción Piam et constantem suprimiera la expresa prohibición de la cremación para los católicos, como también las sanciones que la acompaña­ban. El Nuevo Código de Derecho Canónico de 1983 señala lo siguiente: “La Iglesia recomien­da vivamente que sea conservada la piadosa costumbre de enterrar los cuerpos de los di­funtos; no obstante, no prohíbe la incineración, a no ser que ésta haya sido escogida por razo­nes contrarias a la doctrina cristiana” (canon 1176, art. 3). Al respecto, el Catecismo de la Iglesia Católica afirma: “La Iglesia permite la incineración si esta no manifiesta un poner en duda la fe en la resurrección de los cuerpos” (CEC 2301). El Ritual romano de los sacramentos, en el n° 15 de las “Notas preliminares” de su Ritual de Exe­quias (15 de agosto de 1969), señala la posibi­lidad de efectuar los ritos que se realizan en la capilla del cementerio o junto al sepulcro en el edificio del crematorio (por supuesto que con las condiciones impuestas al respecto, citadas en otros documentos). Todo lo dicho nos confirma que la doctrina ac­tual de la Iglesia no prohíbe la cremación del ca­dáver del difunto bautizado, manteniendo algunas restricciones: -Se autoriza la cremación siempre que no ha­ya sido elegida para negar algún aspecto de fe católica, por ejemplo, la resurrección. -No debe causar el escándalo de los fieles. -No debe realizarse por indiferentismo reli­gioso (Ver CIC, 1176.3; 1184. 2; Praenotanda 15, Ritual de exequias). Respetando esos aspectos, los fie­les pueden elegir -según la libertad que les da la Iglesia- la cremación de su propio cuerpo, sin que esta opción impida la celebración cristiana de las exequias. Nuestra fe sostiene que el poder de Dios puede retornar a la vida esas cenizas en el día del juicio final. (Ritual de exequias del Episcopado Español: “Orientaciones doctrinales y pastorales”). Estabilidad de las cenizas La dispersión de las cenizas no tiene nin­gún sentido cristiano. Tampoco es deseable que la urna permanezca en el domicilio. Ac­tualmente se advierte un vacío legal con res­pecto a este tema. Las autoridades civiles no han legislado sobre el hecho y el destino de la urna de las cenizas, y es evidente la falta de una mejor regulación jurídica sobre el tema. La destinataria natural de las cenizas debería ser la tierra. La Iglesia recomienda un destino digno pa­ra las cenizas que sea estable, evitando por to­dos los medios la movilidad de la urna, y pro­curando su descanso en un lugar definitivo. Aconseja también que en ningún caso se transporte nuevamente la urna a la iglesia, por ejemplo, para conmemorar el aniversario del fallecimiento, etc. En síntesis: La Iglesia permite ambas opciones para los ritos exequiales de un cristiano. Se recomienda la inhumación; se permite la incineración. Lugares para depositar las cenizas en las parroquias Por motivos pastorales se puede disponer en las parroquias de lugares específicos para depositar las cenizas de los difuntos que fueron miembros de la comunidad, o de familiares de integrantes de la parroquia. Esto debe atenerse a las normas que cada Diócesis dicte. Es recomendable que exista un acuerdo firmado que exprese las condiciones en que se reciben las cenizas de los difuntos, respetando las leyes civiles y eclesiásticas. + Rodolfo Wirz Obispo de Maldonado-Punta del Este Presidente de la CEU + Arturo Fajardo Obispo de San José de Mayo Vicepresidente de la CEU + Heriberto Bodeant Obispo de Melo Secretario General de la CEU

domingo, 1 de junio de 2014

La Escatología Cristiana y el Cuerpo de Cristo

La concepción cristiana de la Historia se apoya mucho más en la concepción de los profetas de Israel que en la existente en el mundo helénico, basada ésta en un orden cíclico preestablecido. Para la primitiva Iglesia en cambio la venida de Cristo y sobre todo su muerte y resurrección es un acontecimiento único que inaugura en la Tierra el Reino de Dios, con un acto que es a la vez el Juicio de Dios sobre los pecados de los hombres y la suprema ocasión que su Misericordia nos ofrece para recibir su perdón e iniciar una nueva vida. Hay sin duda una cierta tensión en el Nuevo Testamento entre las afirmaciones de la próxima venida del Reino de Dios (Mc 1,15), de que este Reino ya ha llegado (Mt 12,28; Lc 11,20) y la segunda venida de Cristo (Mt 24,30 y 39; 25,31). Este problema lo resolvemos actualmente con la frase desde ahora, es decir desde la venida de Cristo el Reino de Dios ya está en el mundo y el tiempo presente es el tiempo oportuno, el kairós, la oportunidad que no debemos desaprovechar. En este sentido podemos decir que el futuro ya ha empezado, pero todavía no ha llegado a su consumación plena, que se dará solamente el día del fin de la Historia en el Juicio Final. La tensión escatológica fue tan viva que incluso Pablo parece pensar seriamente en una próxima venida del Señor, aunque el momento concreto es incierto (1 Tes 5,1-2) y se opone a una espera excesivamente ansiosa. Un rasgo importante de la enseñanza moral de la Iglesia primitiva es el fuerte sentimiento existente de constituir una comunidad orgánica en la que sus miembros son partes de un cuerpo. La vida moral cristiana se desarrolla en el interior de un organismo social que es el Cuerpo de Cristo y cuyo fin es la salvación del mundo entero. Esta idea no es exclusiva del Cristianismo, puesto que también era frecuente en la filosofía antigua, pero en el Cristianismo se pone el acento en el hecho que este cuerpo es el Cuerpo de Cristo, idea desarrollada sobre todo por S. Pablo (1 Cor 12,12-27), pero que existe también en S. Juan bajo la figura de la vid y de los sarmientos (Jn 15,1-8), y en S. Pedro, en donde la figura es de un edificio de piedras vivas (1 P 2,4-5). Es en Cristo donde somos llamados, justificados y glorificados (Rom 8,28-30). Por ello más que buscar lo propio del cristiano en actos concretos, que coinciden muchas veces con los de las morales no cristianas, habrá que encontrarlo en las realidades y motivaciones cristianas de nuestra actuación. Estas realidades son entre otras la persona de Cristo, el Espíritu Santo obrando en nosotros, la comunidad eclesial, los sacramentos etc., que deben estar presentes en nuestro comportamiento, orientándonos hacia los valores divinos, pues de otro modo no existiríamos ni como cristianos ni como hombres de fe p. ej. la motivación cristiana que se nos da para no ir de prostitutas en 1 Cor 6,12-20. El Nuevo Testamento nos exige ante todo y sobre todo una opción fundamental, entendida como un sí total y para siempre a Cristo, con todas las consecuencias que ello implica: "Buscad ante todo el reino de Dios y lo que es propio de él, y Dios os dará lo demás" (Mt 6,33). El seguimiento de Cristo supone la conversión a fondo del hombre y la creación de nuevas actitudes a los más profundos niveles de la existencia, sin excluir normas concretas en diversos campos de conducta, como la oración, la amistad, la pobreza, el trabajo y la sexualidad. P. Pedro Trevijano, sacerdote

jueves, 17 de abril de 2014

Sobre el sentido del pecado

En estos días en que se acerca la Semana Santa nuestra reflexión sobre el Mal se plantea inmediatamente los interrogantes sobre de dónde brota y cuál es el origen del mal moral en el mundo, pero especialmente cuál es el sentido del pecado. El sentido del pecado sólo lo podemos entender los cristianos a través del perdón, que es de iniciativa divina, pues de su gracia proviene el primer inicio de nuestra conversión, porque Dios llama a los pecadores mientras viven a la salvación. En efecto en la Sagrada Escritura se nos dice que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 33,11), estando Dios siempre preparado para buscar la oveja perdida y recibir al hijo pródigo (Lc 15,1-32). Dios, por medio de su Hijo Jesucristo, nos indica que no nos guarda rencor por nuestras faltas. En las palabras y actos de Jesús encontramos el fundamen­to bíblico de esta convicción, expresada en episodios como el relato de la mujer adúltera (Jn 8,1-12) y el perdón de Jesús en la Cruz (Lc 23,34). Por tanto todo pecador mientras esté en vida puede y debe esperar las gracias necesarias a su conversión a través de los medios establecidos por Dios, siendo esta posibilidad de perdón de los pecados, aun después del Bautismo, una de las enseñanzas categóricas del Concilio de Trento (DS 1542 y 1579; D 807 y 839). (No es difícil encontrarse con gente que impresionada por sus pecados pasados, se pregunta si Dios le perdonará. El Papa nos ha recordado recientemente que antes nos cansamos nosotros de pedir perdón, que Él de perdonarnos. Se trata de creer en la misericordia de Dios y cómo Dios no sólo nos ama infinitamente, sino que además intenta por todos los medios a su alcance, menos la violación de nuestra libertad, conducirnos a la salvación eterna). Debemos además subrayar la realidad que la salvación no se alcanza por medio de las buenas obras, sino a través de la fe. Dios quiere la salvación de todos y no rechaza a nadie, a no ser que Él sea rechazado previamente. La salvación viene de Dios y proviene no tanto de las buenas obras, sino de la gracia. Ahora bien, el pecador debe cooperar a su conversión, consintiendo libremente a la gracia. Supone un problema de fe personal por el que el hombre se toma en serio el primer mandamiento «Yo soy el Señor tu Dios». Por ello hasta la Alta Edad Media el acento principal en la penitencia no recaía en la absolución, sino en los actos personales del penitente, tratando de despertar su fe personal y la conversión interior, aunque no hemos de limitarnos a la dimensión de la salvación individual. En efecto, no existe para nosotros ni acción, ni responsabilidad puramente individual: todo pecado, por personal y secreto que sea, alcanza y daña también a otros, lo que podemos a veces constatarlo en la vida real, mientras la fe nos enseña que cualquier pecado debilita la vida de la Iglesia y dificulta su caminar hacia el Reino. Trento nos confirma la necesidad de la coopera­ción del pecador a su propia justifica­ción, porque quien es justificado asiente a la gracia y coopera con ella (DS 1525; D 797), doctrina contenida implíci­tamente en la Revelación, que exhorta a los pecadores a la penitencia, porque deben colaborar con la llamada divina a la conversión (Hch 2,37-38), cooperación requerida no sólo por disposición positiva divina, sino por su propia naturaleza, puesto que si el pecado mortal consiste según veremos en cerrarse en el propio egoísmo y en apartarse de Dios como último fin, se requiere para la conversión el cambio de la opción fundamental con la aceptación de la gracia santificante escogiendo a Dios como Bien Supremo y amándole con un acto libre, pero que cuenta con la ayuda de la gracia. Por ello toda conversión supone la gracia de Dios y nuestra respuesta en actos de fe, esperanza, caridad y dolor de los pecados, si bien el acto de caridad lleva consigo implícitos los demás. P. Pedro Trevijano, sacerdote

domingo, 13 de abril de 2014

Francisco: "¡Cuidado con el diablo!”

El Papa en Santa Marta: No hay que ser ingenuos, debemos aprender del Evangelio cómo se lucha contra él» y contra sus tentaciones El diablo existe incluso en el siglo XXI. Hay que aprender cómo luchar contra él en el Evangelio, contra sus tentaciones. Lo dijo esta mañana Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana. El Pontífice recordó que el demonio tenta a todos los hombres, pues trata de anular la santidad en el mundo. Y la vida cristiana, recordó, es justamente una lucha contra el mal “La vida de Jesús ha sido una lucha. Vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio”. Con estas palabras el Papa comenzó su homilía dedicada enteramente a la lucha contra el demonio. Una lucha – dijo – que debe afrontar todo cristiano. Y subrayó que el demonio “tentó a Jesús tantas veces, y Jesús sintió en su vida las tentaciones”, así como “también las persecuciones”. A la vez que advirtió que nosotros, los cristianos, “que queremos seguir Jesús”, “debemos conocer bien esta verdad”: “También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”. La primera tentación de Jesús – observó Francisco – “casi siembra una seducción”: el diablo dice a Jesús que se tire del Templo y así, sostiene el tentador, “todos dirán: ‘¡He aquí el Mesías!’”. Es lo mismo que hizo con Adán y Eva: “Es la seducción”. El diablo – dijo el Papa – “habla como si fuera un maestro espiritual”. Y cuando la tentación “es rechazada”, entonces “crece: crece y vuelve más fuerte”. Jesús – recordó el Santo Padre – “lo dice en el Evangelio de Lucas: cuando el demonio es rechazado, gira y busca a algunos compañeros y con esta banda, vuelve”. Por lo tanto, “crece también implicando a otros”. Así sucedió con Jesús, “el demonio implica” a sus enemigos. Y lo que “parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo – explicó Francisco – se convierte en una marea”. La tentación “crece, y contagia. Y al final, se justifica”. El Papa también recordó que cuando Jesús predica en la Sinagoga, inmediatamente sus enemigos lo disminuyen, diciendo: “Pero, ¡éste es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca fue a la universidad! Pero, ¿con qué autoridad habla? ¡No estudió!”. La tentación – dijo Francisco – “implicó a todos contra Jesús”. Y el punto más alto, “más fuerte de la justificación – añadió el Pontífice – es el del sacerdote”, cuando dice: “¿No saben que es mejor que un hombre muera” para salvar “al pueblo?”: “Tenemos una tentación que crece: crece y contagia a los demás. Pensemos en una habladuría, por ejemplo: yo siento un poco de envidia por aquella persona, por aquella otra, y antes tengo la envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y a va a lo de otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y trata de crecer y contagia a otro, a otro… Pero éste es el mecanismo de las habladurías ¡y todos nosotros hemos sido tentados de caer en las habladurías! Quizá alguno de ustedes no, si es santo, ¡pero también yo estoy tentado por las habladurías! Esta es una tentación cotidiana. Comienza así, suavemente, como el hilo de agua. Crece por contagio y, al final, se justifica”. Estemos atentos – dijo también el Papa – “cuando en nuestro corazón sentimos algo que terminará por destruir” a las personas. “Estemos atentos – recalcó – porque si no detenemos a tiempo ese hilo de agua, cuando crecerá y contagiará será una marea tal que sólo nos conducirá a justificarnos mal, como se justificaron estas personas”. Y afirmó que “es mejor que muera un hombre por el pueblo”: “Todos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo – el diablo – no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de ustedes, tal vez, no sé, podría decir: ‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el Siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él”.
PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DOMINGO DE RAMOS: Misa 10 y 30 hs. 19.15 hs. Bendición de los Ramos en Plaza Independencia 19.30 hs. Misa LUNES SANTO: 19.00 hs. Rezo del S. Rosario 19.30 Misa MARTES SANTO: 19.00 hs. Rezo del S. Rosario 19.30 hs. Misa. MIÉRCOLES SANTO: 18.30 hs. Misa CRISMAL. CATEDRAL JUEVES SANTO: CONFESIONES de 10.30 a 12 hs. 19.30 MISA DE LA CENA DEL SEÑOR y recepción de los Santos Óleos El Templo permanece abierto hasta las 24 hs. para la adoración. VIERNES SANTO: DÍA DE AYUNO Y ABSTINENCIA 9.00 hs. Rezo de Laudes CONFESIONES: 11 a 12 hs. CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR 16.00 hs. Colecta a favor de los cristianos de Tierra Santa 19 hs. Via Crucis del Carmen a la Catedral. SÁBADO SANTO: 9.00 HS. Rezo de Laudes CONFESIONES de 11.00 a 12 hs. y de 18.00 a 19.00 hs. 21.00 VIGILIA PASCUAL (Traer velas) DOMINGO: Misas de Pascua 10.30 hs. 19.30 hs. El Señor Resucitó, Feliz Pascua

jueves, 27 de febrero de 2014

El fracaso matrimonial y los hijos

El alejamiento de Dios y la ausencia de oración en las familias, hace que a éstas les falte el apoyo de la presencia de Dios en los hogares. Una de las consecuencias es que en nuestra sociedad el divorcio se ha vuelto algo normal, e incluso se ve promovido por una serie de gobernantes que hacen unas leyes insensatas destructoras de la familia, como la ley del divorcio exprés, o aunque no las hayan hecho las mantienen, seguramente por temor a enfrentarse con lo políticamente correcto. El resultado es que el daño recae especialmente en los hijos. Una política que vaya en contra de la estabilidad de la familia o mengüe su fortaleza es una política suicida e inmoral porque socava los cimientos de la sociedad como si no existiera otra cosa que el individuo egoísta sin familia y sin obligaciones, con las consiguientes consecuencias desastrosas para los propios individuos, privados de la protección familiar, las familias y la sociedad. Además, las leyes tienden a configurar las mentes y la vida de los ciudadanos. Una legislación así deteriora la idea del matrimonio y de la familia, e induce a acoger la práctica del divorcio exprés, destructora de la estabilidad familiar, como normal y legítima. Es una ley que responde a los planteamientos de la ideología de género, pues la relación sexual que subyace al matrimonio en ella es pura afectividad espontánea y, por tanto, el matrimonio dura lo que dura esa afectividad. Sus efectos ya se han hecho sentir. Se quiera o no, se trata de un verdadero ataque al matrimonio y a la familia y por eso mismo a la felicidad de las personas y al bienestar social y su efecto es más matrimonios rotos y más personas heridas en sus afectos más profundos. Los hijos no sólo necesitan al padre como padre y a la madre como madre, sino también la relación de pareja que tienen y la relación de amor y de unidad que constituyen. Nunca hemos de olvidar que las dos necesidades básicas de cualquier ser humano, y muy en especial de los más débiles, son alimentación y afecto. El fracaso matrimonial de los padres tiene grandísimas repercusiones por los sufrimientos que ocasiona en los hijos, que son los grandes perjudicados, siendo lamentable que esta realidad no suela tener reflejo en las leyes sobre el divorcio o la separación matrimonial. Además, la precariedad y falta de estabilidad de muchas vidas matrimoniales ocasiona la menor propensión a la fecundidad, pues ésta requiere saber mirar a largo plazo, así como serias dificultades en la educación de los hijos, que resultan más propensos al fracaso escolar y a problemas de comportamiento, con los consiguientes inconvenientes para su futuro, incluso en la edad adulta, y el de la propia sociedad. El divorcio es siempre un mal, porque es la ruina de un matrimonio y de una familia, aunque a veces sea un mal menor, pues también es cierto que los efectos de un hogar insufrible son devastadores para los niños. Éstos padecen el conflicto o divorcio de sus padres y sufren a consecuencia de ello, sintiéndose asustados y confundidos, quedando dañada su capacidad de confiar y amar, pues no han experimentado ni vivido, sino todo lo contrario, el amor mutuo de sus padres, lo que repercute en ellos, sufriendo una seria crisis de inseguridad, sin contar con que los traumas del divorcio les hace más vulnerables a problemas psicológicos, como una gran tristeza que les puede llevar a la depresión, una mayor rebeldía y fracaso escolar, así como a enfermedades, mientras que a largo plazo, al no haber tenido el ejemplo de un éxito conyugal que imitar, en su vida adulta tienen mayores probabilidades de divorciarse o de tener hijos fuera del matrimonio, siendo para ellos más difícil el que su matrimonio resulte. En efecto, cuando el divorcio es una posibilidad siempre presente en el horizonte de la pareja, es obvio que ello tiene un efecto desestabilizador. Por el contrario, la indisolubilidad matrimonial es un seguro fundamento de estabilidad, eficacia pedagógica y función social de la familia. La ausencia de un hogar familiar adecuado destruye el medio natural en que debiera desenvolverse la vida de los hijos y causa a éstos muy graves daños. En efecto, los niños y adolescentes que ven su hogar roto por la separación o divorcio de sus padres sufren una experiencia traumática que les ocasiona muchas dificultades para aceptarse a sí mismos y tener una relación correcta consigo y con los demás, no siéndoles tampoco nada fáciles las relaciones ni con su padrastro o madrastra ni con los hijos de éstos, pues las nuevas convivencias son otro serio problema. Aunque se dan casos de buen entendimiento, con frecuencia surgen graves dificultades y desavenencias entre los hijos del matrimonio anterior y el nuevo cónyuge, o entre los hijos de ambos, o entre los hijos de la nueva pareja con sus hermanastros anteriores, siendo la situación más grave cuando se dan sucesivos divorcios, llegando los hijos no sólo a no vivir, sino incluso a no saber lo que es una familia. Pedro Trevijano, sacerdote

domingo, 9 de febrero de 2014

Angelus del Domingo 9.2.14

Como cada domingo, el papa Francisco rezó la oración del ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la plaza de san Pedro. Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice argentino les dijo: Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En el Evangelio de este domingo, que viene inmediatamente después de las Bienaventuranzas, Jesús dice a sus discípulos: "Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5, 13-14). Esto nos sorprende un poco, si pensamos en los que tenía delante Jesús cuando decía estas palabras. ¿Quiénes eran aquellos discípulos? Eran pescadores, gente sencilla... Pero Jesús los mira con los ojos de Dios, y su afirmación se entiende precisamente como consecuencia de las Bienaventuranzas. Él quiere decir: si seréis pobres de espíritu, si seréis mansos, si seréis puros de corazón, si se seréis misericordiosos... ¡Vosotros seréis la sal de la tierra y la luz del mundo! Para comprender mejor estas imágenes, tengamos en cuenta que la ley judía prescribía poner un poco de sal sobre cada oferta presentada a Dios, como un signo de alianza. La luz, entonces, para Israel era el símbolo de la revelación mesiánica que triunfa sobre las tinieblas del paganismo. Los cristianos, el nuevo Israel, reciben, entonces, una misión para con todos los hombres: con la fe y la caridad pueden orientar, consagrar, hacer fecunda la humanidad. Todos los bautizados somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en un Evangelio vivo en el mundo: con una vida santa daremos "sabor" a los diferentes ambientes y los defenderemos de la corrupción, como hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo a través del testimonio de una caridad genuina. Pero si los cristianos perdemos sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la efectividad. ¡Pero que hermosa es esta misión de dar luz al mundo! Pero es una misión que nosotros tenemos. Es hermosa... También es hermoso conservar la luz que hemos recibido de Jesús. Custodiarla, conservarla. El cristiano tendría que ser una persona luminosa, que lleva luz, siempre da luz, una luz que no es suya, sino que es un regalo de Dios, un regalo de Jesús. Y nosotros llevamos esta luz adelante. Si el cristiano apaga esta luz, su vida no tiene sentido. Es un cristiano solo de nombre, que no lleva la luz. Una vida sin sentido. Pero yo quisiera preguntaros ahora: ¿Cómo queréis vivir vosotros? ¿Como una lámpara encendida o como una lámpara apagada? ¿Encendida o apagada? ¿Cómo queréis vivir? Pero no se escucha bien aquí. ¡Lámpara encendida!, ¿eh? Y es precisamente Dios el que nos da esta luz y nosotros se la damos a los demás. ¡Lámpara encendida! Esta es la vocación cristiana. Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la oración del ángelus. Y al concluir la plegaria, el Papa prosiguió recordando que el próximo martes la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo: Pasado mañana, 11 de febrero, celebraremos la memoria de la Bienaventurada Virgen de Lourdes, y viviremos la Jornada Mundial del Enfermo. Es la ocasión propicia para poner en el centro de la comunidad a las personas enfermas, orar por ellas y con ellas, estar junto a ellas. El mensaje para este jornada está inspirado en una expresión de san Juan: fe y caridad. También nosotros "debemos dar nuestras vidas por los hermanos" (1 Jn 3, 16). En particular, podemos imitar la actitud de Jesús hacia los enfermos, enfermos de todo tipo. El Señor cuida de todos, comparte su sufrimiento y abre el corazón a la esperanza. Pienso también en todos los operadores sanitarios: ¡Qué trabajo precioso hacen! ¡Muchas gracias por vuestro trabajo precioso! Ellos encuentran cada día en los enfermos no sólo unos cuerpos marcados por la fragilidad, sino también unas personas a las que ofrecer atención y respuestas adecuadas. La dignidad de la persona no se reduce jamás a sus facultades o capacidades, y no es menor cuando la persona es débil, invalida y necesitada de ayuda. También pienso en las familias, donde es normal que cuiden de aquellos que están enfermos. Pero a veces las situaciones pueden ser más pesadas. Muchos me escriben y hoy me gustaría asegurar una oración para todas estas familias, y les digo: ¡No tengáis miedo de la fragilidad! ¡No tengáis miedo de la fragilidad! Ayudaros los unos a los otros con amor y sentiréis la presencia consoladora de Dios. El comportamiento generoso y cristiano hacia los enfermos es la sal de la tierra y la luz del mundo. Que la Virgen María nos ayude a practicarlo, y obtenga paz y consuelo por todos los que sufren. El Pontífice también quiso dedicar unas palabras a los Juegos Olímpicos de Invierno: En estos días tienen lugar en Sochi, Rusia, los Juegos Olímpicos de Invierno. Quisiera hacer llegar mi saludo a los organizadores y a todos los atletas, con la esperanza de que sea una verdadera fiesta del deporte y la amistad. A continuación, llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza Francisco: Saludo a todos los peregrinos presentes hoy, las familias... ¡Todos los peregrinos! ¡Todos! Las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones. En particular, saludo a los maestros y estudiantes venidos de Inglaterra; al grupo de teólogas cristianas de diferentes países europeos, que se encuentran en Roma para un Congreso de estudio; a los fieles de las parroquias de Santa María Inmaculada y San Vicente de Paul, en Roma; a los que han venido de Cavallina y Montecarelli, en Mugello; de Lavello y de Alfi; a la Comunidad 'Sollievo' y a la Escuela de San Luca-Bovalino, en Calabria. El Santo Padre dedicó un especial recuerdo a las víctimas de los desastres naturales: Rezo por todos aquellos que están sufriendo los daños y molestias causados por los desastres naturales, en diferentes países. También aquí, en Roma. Estoy con ellos. La naturaleza nos desafía a ser solidarios y estar atentos a la custodia de la creación, también para prevenir, en la medida de lo posible, las consecuencias más graves. Y antes de despedirme, pienso en aquella pregunta que he hecho: ¿Lámpara encendida o lámpara apagada? ¿Qué queréis? ¿Encendida o apagada? El cristiano lleva la luz. Es una lámpara encendida. ¡Siempre adelante con la luz de Jesús! Como de costumbre, el papa Francisco concluyó su intervención diciendo: "A tutti auguro una buona domenica e buon pranzo. Arrivederci!" (Deseo a todos un buen domingo y una buena comida. ¡Hasta pronto!)

sábado, 8 de febrero de 2014

Papa Francisco: Es hermoso ir a Misa el domingo y recibir la Eucaristía que es fuente de la vida

VATICANO, 05 Feb. 14 ACI/EWTN Noticias).- En su catequesis esta mañana en la Plaza de San Pedro a la que asistieron miles de fieles pese al intenso frío y a la lluvia que desde hace varios días cae en Roma, el Papa Francisco explicó la importancia vital de la Eucaristía para todo fiel, que debe ser recibida los domingos en la Misa, porque es el corazón y la fuente de la vida de la Iglesia. A continuación la catequesis completa del Santo Padre: Queridos hermanos y hermanas buenos días… Buen día, pero no buena jornada, ¿eh? Está un poco fea. Hoy les hablaré de la Eucaristía. La Eucaristía se coloca en el corazón de la “iniciación cristiana”, junto al Bautismo y a la Confirmación, y constituye la fuente de la vida misma de la Iglesia. De este Sacramento del amor, de hecho, nace todo auténtico camino de fe, de comunión y de testimonio. Lo que vemos cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía, la Misa, nos hace ya intuir qué cosa estamos por vivir. En el centro del espacio destinado a la celebración se encuentra el altar, que es una mesa cubierta por un mantel y esto nos hace pensar en un banquete. Sobre la mesa hay una cruz, que indica que sobre aquel altar se ofrece el sacrificio de Cristo: es Él el alimento espiritual que allí se recibe, bajo el signo del pan y del vino. Junto a la mesa está el ambón, es decir, el lugar desde el cual se proclama la Palabra de Dios: y esto indica que allí nos reunimos para escuchar al Señor que habla mediante las Sagradas Escrituras y, por lo tanto, el alimento que se recibe es también su Palabra. Palabra y Pan en la Misa se hacen una misma cosa, como en la última Cena, cuando todas las palabras de Jesús, todos los signos que había hecho, se condensaron en el gesto de partir el pan y ofrecer el cáliz, anticipación del sacrificio de la cruz, y en aquellas palabras: “Tomen, coman, este es mi cuerpo…tomen, beban, esta es mi sangre”. El gesto de Jesús cumplido en la Última Cena es el extremo agradecimiento al Padre por su amor, por su misericordia. “Agradecimiento” en griego se dice “eucaristía”. Y por esto el sacramento se llama Eucaristía: es el supremo agradecimiento al Padre que nos ha amado tanto hasta darnos a su Hijo por amor. He aquí por qué el término Eucaristía resume todo aquel gesto, que es gesto de Dios y del hombre juntos, gesto de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Por lo tanto, la celebración eucarística es mucho más de un simple banquete: es propiamente el memorial de la Pascua de Jesús, el misterio central de la salvación. “Memorial” no significa sólo un recuerdo, un simple recuerdo, sino que quiere decir que cada vez que celebramos este Sacramento participamos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Eucaristía constituye el vértice de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido para nosotros, vierte, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, tanto que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos. Es por esto que normalmente, cuando nos acercamos a este Sacramento, se dice que se “recibe la Comunión”, que se “hace la Comunión”: esto significa que en la potencia del Espíritu Santo, la participación en la mesa eucarística nos conforma en modo único y profundo a Cristo, haciéndonos pregustar ahora ya la plena comunión con el Padre que caracterizará el banquete celeste, donde, con todos los Santos, tendremos la gloria de contemplar a Dios cara a cara. Queridos amigos, ¡no agradeceremos nunca suficientemente al Señor por el don que nos ha hecho con la Eucaristía! Es un don muy grande. Y por esto es tan importante ir a misa el domingo, ir a misa no sólo para rezar, sino para recibir la comunión, este Pan que es el Cuerpo de Jesucristo y que nos salva, nos perdona, nos une al Padre. ¡Es hermoso hacer esto! Y todos los domingos vamos a misa porque es el día de la resurrección del Señor, por eso el domingo es tan importante para nosotros. Y con la Eucaristía sentimos esta pertenencia a la Iglesia, al Pueblo de Dios, al Cuerpo de Dios, a Jesucristo. Y no terminaremos nunca de captar todo el valor y la riqueza. Pidámosle, entonces, que este Sacramento pueda continuar a mantener viva en la Iglesia su presencia y a plasmar nuestras comunidades en la caridad y en la comunión, según el corazón del Padre. Y esto se hace durante toda la vida. Y se empieza a hacer el día de la primera comunión. Es importante, que los niños se preparen bien a la primera comunión y que ningún niño deje de hacerla porque es el primer paso de esta pertenencia a Jesucristo, fuerte, fuerte después del Bautismo y de la Confirmación. Gracias.

Francisco pide no excluir a los divorciados de la acción de la Iglesia

LOS FIELES CATÓLICOS Y EL DIVORCIO Los pastores de la Iglesia deben «interrogarse sobre cómo asistir» a los divorciados o separados, «para que no se sientan excluidos de la misericordia de Dios, del amor fraterno de otros cristianos y de la preocupación de la Iglesia por su salvación». Lo dijo Papa Francisco a los obispos polacos, recibidos en «visita al Limina». Durante su discurso el Papa habló sobre el tema de la familia, «célula fundamental de la sociedad», reflexionando sobre las cuestiones de las que se ocupará el próximo Sínodo de los Obispos sobre la pastoral familiar. El Papa, citando su «Evangelii gaudium», recordó antes que nada que la familia es el «lugar en donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros y en donde los padres transmiten la fe a los hijos». «En cambio, hoy, el matrimonio a menudo es considerado como una forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier forma y modificarse según la sensibilidad de cada quién», prosiguió. «Desgraciadamente -según Papa Francisco- esta visión influye también en la mentalidad de los cristianos», provocando el fácil recurso al divorcio «o a la separación de facto». «Los pastores -recomendó- deben interrogarse sobre cómo asistir a todos aquellos que viven en esta situación, para que no se sientan excluidos de la misericordia de Dios, del amor fraterno de otros cristianos y de la preocupación de la Iglesia por su salvación; sobre cómo ayudarles a no abandonar la fe y hacer crecer a sus hijos en la plenitud de la experiencia cristiana». Además, subrayó Francisco, «hay que preguntarse cómo mejorar la preparación de los jóvenes al matrimonio, para que puedan descubrir cada vez más la belleza de esta unión que, bien fundada sobre el amor y sobre la responsabilidad, es capaz de superar las pruebas, las dificultades, los egoísmos con el perdón recíproco, reparando lo que corre el riesgo de arruinarse y sin caer en la trampa de la mentalidad del deshecho». Así pues, continuó Bergoglio, hay que preguntarse «cómo ayudar a las familias a vivir y apreciar tanto los momentos de alegría como los de dolor y debilidad». 27.2.2014 Vatican Insider

La diferencia está en ser creyente o no serlo

Cuando estudié Teología Moral una de las primeras cosas que me enseñaron fue que la Iglesia es Madre y tiene sentido común. Cuando uno lee el Evangelio se da cuenta que varias polémicas de Jesús con los fariseos giran en torno al sentido común, porque Jesús hace muchas de sus curaciones en sábado, como la curación del paralítico de la piscina de Betesda (Jn 5,1-18), o la curación también en sábado en la sinagoga de un hombre con parálisis en un brazo, con el argumento: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿curar a un hombre o dejarlo morir?» (Mc 3,4). Jesús, en su polémica con los fariseos, se nos presenta como el defensor del sentido común. Es indudable que la contestación a estas preguntas aparentemente es obvia y que no es necesario hacer un gran esfuerzo para contestarlas debidamente. ¿Por qué digo aparentemente? Porque si estudiamos estas cuestiones un poco a fondo vemos como la solución no es tan sencilla. Por de pronto hay una primera pregunta que se nos plantea: ¿Qué es hacer el bien y evitar el mal? El bien de la persona humana es el que determina lo que debe hacerse u omitirse. Es bueno, y debe por tanto llevarse a cabo, lo que responde y sirve al bien personal del hombre, lo que desarrolla su ser y le permite ser más y mejor hombre. Y a la inversa, es moralmente negativo y no debe por tanto hacerse, sino omitirse, todo cuanto resulta nocivo para el bien de la persona, lo que obstaculiza, retrasa o impide su desarrollo. Hubo un momento en la Historia, al acabar la Segunda Guerra Mundial, en la que la gravedad de los crímenes nazis hizo posible una redacción de los Derechos Humanos, y en consecuencia de sus deberes, aceptados por la inmensa mayoría. Fue la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU del 10 de Diciembre de 1948. Pero en lo que no hubo acuerdo fue sobre su fundamento, porque mientras los creyentes los basaban en Dios, los no creyentes no podían aceptar esto. Para los creyentes la afirmación fundamental es que el bien y el mal morales son realidades objetivas, no creando ni decidiendo el ser humano lo que es verdaderamente bueno o malo en el orden moral objetivo. El derecho positivo no otorga y da, sino que reconoce derechos preexistentes. El derecho natural es el fundamento último del derecho positivo y por tanto la base de los derechos del individuo y de los grupos frente al poder político. En cambio para los no creyentes la base de los derechos es el positivismo y relativismo jurídico, que defiende que todo el orden no sólo jurídico, sino incluso ético, es sólo una emanación del derecho positivo o de los usos y costumbres del pueblo. Es decir el derecho natural no existe, es simplemente una reliquia del pasado y lo que hoy es bueno mañana puede ser malo y viceversa. Con el paso del tiempo la diferencia entre los dos grupos no sólo no ha disminuido, sino que se ha ido ahondando. El derecho fundamental a la vida (art. 3 de la Declaración), se ve discutido por los que piensan que el aborto es un derecho de la mujer, aunque cada día la Ciencia Médica e incluso las modestas ecografías nos enseñan que los embriones y fetos son seres humanos vivos, cuya foto muchos llevan desde muy pronto en su móvil, siendo el darles muerte para los creyentes y los que creen en su humanidad un crimen horrible. En cuanto a la eutanasia, no hay ningún derecho al suicidio, e incluso es abrir la puerta de par en par al crimen, como muestra el ejemplo de Holanda, donde muchos ancianos llevan una tarjeta que dice: «Si caigo enfermo, no me lleven a un hospital». E incluso en algo que debiera estar tan claro como el terrorismo, para alguno, como Zapatero, los terroristas son hombres de paz y para ellos es el futuro, mientras que las víctimas son el pasado. Otro punto de fricción es la ideología de género. Cuando me la explicaron, creí que me estaban tomando el pelo, cosa que me ha sucedido siempre que he intentado explicarlo a otra persona. Aparentemente se trata de la igualdad entre hombres y mujeres, pero lo que esconde en realidad es que el sexo puede cambiarse a voluntad, que en sexualidad todo vale menos el matrimonio, que supone en esa mentalidad la esclavitud de la mujer por el hombre y que en sexualidad la promiscuidad, incluso entre niños, no es nada malo, sino algo recomendable. En lo económico, aparte que el marxismo se hundió por su incompetencia económica, la famosa frase «a nosotros no nos interesa la caridad, porque lo que nos interesa es la justicia», no tiene en cuenta que la justicia sin amor, está simplemente desnortada, lo que vale también para la educación. Mientras que el único consejo que me atrevo a dar en Educación es querer al educando, recuerdo todavía mi asombro ante un chico joven que me defendió que los padres no debían educar a los hijos, porque no sabían, y que eran ellos, es decir el Estado, el que debía hacerlo, porque ellos sí sabían. Me cogió de sorpresa, pero al próximo que me lo diga, le llamaré por su nombre: imbécil canalla totalitario. Y termino con unas palabras de la encíclica «Mit brennender Sorge», de Pío XI contra los nazis: «Todos los intentos de separar la doctrina del orden moral de la base granítica de la fe, para reconstruirla sobre la arena movediza de normas humanas, conducen, pronto o tarde, a los individuos y a las naciones a la decadencia moral. ‘El necio que dice en su corazón: No hay Dios, se encamina a la corrupción moral’ (Sal 14,1). Y estos necios, que presumen separar la moral de la religión, constituyen hoy legión» (nº 27). Pero hay que insistir que la diferencia está mucho más que en ser de derechas o de izquierdas, en ser creyente o no creyente. Así podemos entender que el Presidente socialista, pero católico, de Ecuador, diga con toda claridad que el aborto es un crimen y que defender el aborto y la ideología de género supone defender barbaridades, y en cambio los muy democráticos socialistas franceses pretendan multar a quien intente evitar abortos. P. Pedro Trevijano, sacerdote

Sobre Dios y nosotros

He tenido que predicar en una Hora Santa y uno de los textos que he escogido ha sido Efesios 4,2-6. Es un trozo en el que está el conocidísimo versículo 5 que dice: «Un Señor, una fe, un bautismo». Pero me he detenido especialmente a reflexionar sobre el versículo siguiente: «Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos», porque creo que es uno de los versículos que mejor expresa la relación entre Dios y nosotros. Dios, Padre de todos: Jesucristo, en el Padre Nuestro, nos enseña a llamar a Dios, Padre nuestro (cf. Mt 6,9), porque como nos dice Romanos 8,15-16 somos hijos de Dios por adopción, y, en consecuencia, también herederos de Dios y coherederos con Cristo. Somos hijos de único Padre Dios y, por tanto, hermanos entre nosotros, lo que supone la fraternidad universal. Está sobre todos: Hoy mismo he estado hablando con una persona que me expresaba su preocupación por el mundo que vamos a dejar a los que vienen detrás nuestro. En concreto, me decía, yo por edad no voy a vivir muchos años, pero ¿qué mundo vamos a dejar a nuestros nietos con todas las cosas malas que estamos oyendo constantemente? De entrada, me acordé de una anécdota que he oído atribuida tanto a Juan XXIII como a Teresa de Calcuta, ante personas que se lamentaban de lo mal que está el mundo: «Mire Vd., contestaron, tiene Vd. razón, pero vamos a hacer una cosa: Vd. y yo vamos a ser dos buenas personas. Así habrá dos sinvergüenzas menos». Es indudable que el primer paso para mejorar el mundo pasa por mi propia conversión. También es indudable que el mal es más ruidoso que el bien. Es noticia, por ejemplo, que una chica sea violada en un ascensor por un chico, pero que millones de chicas monten en un ascensor con millones de chicos todos los días y no pase nada, no es noticia. Y que hay muchas cosas buenas en el mundo, también es verdad. Como me decían en una institución de ayuda a los pobres, desde que hay crisis, la gente es mucho más solidaria y nos ayuda más. Además, hay un argumento decisivo para indicar que el ser humano vale la pena: nos ha creado Dios, y tras la creación del hombre «vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho» (Gen 1,31). Actúa por medio de todos: Personalmente, es una de las cosas más difíciles de entender para mí, que Dios se quiera servir de nosotros para actuar en el mundo, pues me sucede como a San Pedro, que tras el milagro de la pesca milagrosa, se dirigió a Jesús, diciéndole: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). Pero Jesús, normalmente, quiere contar con nuestra colaboración, con nuestra ayuda, como se ve clarísimo en el milagro de los panes y de los peces, que Jesús realiza sobre la base de los cinco panes y los dos peces (Jn 6,4-15). Santa Teresita del Niño Jesús quería ser en el Cuerpo de Cristo el corazón, para así poder amar mejor. Cada uno de nosotros tiene que ver qué es lo que Dios espera de nosotros, siendo lo primero hacer las cosas bien, porque Dios se sirve generalmente de los medios humanos. Seguir a la propia conciencia supone intentar hacer lo que Dios espera de mí, no lo que a mí me da la gana. Recuerdo lo que se nos decía en el Seminario: «aunque la conversión es cosa de la gracia, Dios se sirve de nosotros, y si tu sermón aburre a los elefantes, tu sermón no convertirá a nadie». Cada uno de nosotros tiene que intentar hacer lo que Dios espera de nosotros. Está en todos: La gracia es la comunicación de sí mismo que Dios hace a los hombres. Podemos decir con verdad que cuando una persona vive en gracia, Dios está presente en ella y habita en su corazón. Esta presencia de Dios en nosotros se realiza de modo especial cuando recibimos y aceptamos las diversas gracias que se nos dan en los sacramentos y muy especialmente en la Eucaristía. Pero Dios está también presente en los demás, especialmente en el pobre y necesitado y así podemos entender mejor las palabras del evangelio de San Mateo en el Juicio Final: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). P. Pedro Trevijano, sacerdote