jueves, 17 de abril de 2014
Sobre el sentido del pecado
En estos días en que se acerca la Semana Santa nuestra reflexión sobre el Mal se plantea inmediatamente los interrogantes sobre de dónde brota y cuál es el origen del mal moral en el mundo, pero especialmente cuál es el sentido del pecado.
El sentido del pecado sólo lo podemos entender los cristianos a través del perdón, que es de iniciativa divina, pues de su gracia proviene el primer inicio de nuestra conversión, porque Dios llama a los pecadores mientras viven a la salvación.
En efecto en la Sagrada Escritura se nos dice que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 33,11), estando Dios siempre preparado para buscar la oveja perdida y recibir al hijo pródigo (Lc 15,1-32). Dios, por medio de su Hijo Jesucristo, nos indica que no nos guarda rencor por nuestras faltas. En las palabras y actos de Jesús encontramos el fundamento bíblico de esta convicción, expresada en episodios como el relato de la mujer adúltera (Jn 8,1-12) y el perdón de Jesús en la Cruz (Lc 23,34).
Por tanto todo pecador mientras esté en vida puede y debe esperar las gracias necesarias a su conversión a través de los medios establecidos por Dios, siendo esta posibilidad de perdón de los pecados, aun después del Bautismo, una de las enseñanzas categóricas del Concilio de Trento (DS 1542 y 1579; D 807 y 839). (No es difícil encontrarse con gente que impresionada por sus pecados pasados, se pregunta si Dios le perdonará. El Papa nos ha recordado recientemente que antes nos cansamos nosotros de pedir perdón, que Él de perdonarnos. Se trata de creer en la misericordia de Dios y cómo Dios no sólo nos ama infinitamente, sino que además intenta por todos los medios a su alcance, menos la violación de nuestra libertad, conducirnos a la salvación eterna).
Debemos además subrayar la realidad que la salvación no se alcanza por medio de las buenas obras, sino a través de la fe. Dios quiere la salvación de todos y no rechaza a nadie, a no ser que Él sea rechazado previamente. La salvación viene de Dios y proviene no tanto de las buenas obras, sino de la gracia.
Ahora bien, el pecador debe cooperar a su conversión, consintiendo libremente a la gracia. Supone un problema de fe personal por el que el hombre se toma en serio el primer mandamiento «Yo soy el Señor tu Dios». Por ello hasta la Alta Edad Media el acento principal en la penitencia no recaía en la absolución, sino en los actos personales del penitente, tratando de despertar su fe personal y la conversión interior, aunque no hemos de limitarnos a la dimensión de la salvación individual. En efecto, no existe para nosotros ni acción, ni responsabilidad puramente individual: todo pecado, por personal y secreto que sea, alcanza y daña también a otros, lo que podemos a veces constatarlo en la vida real, mientras la fe nos enseña que cualquier pecado debilita la vida de la Iglesia y dificulta su caminar hacia el Reino. Trento nos confirma la necesidad de la cooperación del pecador a su propia justificación, porque quien es justificado asiente a la gracia y coopera con ella (DS 1525; D 797), doctrina contenida implícitamente en la Revelación, que exhorta a los pecadores a la penitencia, porque deben colaborar con la llamada divina a la conversión (Hch 2,37-38), cooperación requerida no sólo por disposición positiva divina, sino por su propia naturaleza, puesto que si el pecado mortal consiste según veremos en cerrarse en el propio egoísmo y en apartarse de Dios como último fin, se requiere para la conversión el cambio de la opción fundamental con la aceptación de la gracia santificante escogiendo a Dios como Bien Supremo y amándole con un acto libre, pero que cuenta con la ayuda de la gracia.
Por ello toda conversión supone la gracia de Dios y nuestra respuesta en actos de fe, esperanza, caridad y dolor de los pecados, si bien el acto de caridad lleva consigo implícitos los demás.
P. Pedro Trevijano, sacerdote
domingo, 13 de abril de 2014
Francisco: "¡Cuidado con el diablo!”
El Papa en Santa Marta: No hay que ser ingenuos, debemos aprender del Evangelio cómo se lucha contra él» y contra sus tentaciones
El diablo existe incluso en el siglo XXI. Hay que aprender cómo luchar contra él en el Evangelio, contra sus tentaciones. Lo dijo esta mañana Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana. El Pontífice recordó que el demonio tenta a todos los hombres, pues trata de anular la santidad en el mundo. Y la vida cristiana, recordó, es justamente una lucha contra el mal
“La vida de Jesús ha sido una lucha. Vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio”. Con estas palabras el Papa comenzó su homilía dedicada enteramente a la lucha contra el demonio. Una lucha – dijo – que debe afrontar todo cristiano. Y subrayó que el demonio “tentó a Jesús tantas veces, y Jesús sintió en su vida las tentaciones”, así como “también las persecuciones”. A la vez que advirtió que nosotros, los cristianos, “que queremos seguir Jesús”, “debemos conocer bien esta verdad”: “También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”.
La primera tentación de Jesús – observó Francisco – “casi siembra una seducción”: el diablo dice a Jesús que se tire del Templo y así, sostiene el tentador, “todos dirán: ‘¡He aquí el Mesías!’”. Es lo mismo que hizo con Adán y Eva: “Es la seducción”. El diablo – dijo el Papa – “habla como si fuera un maestro espiritual”. Y cuando la tentación “es rechazada”, entonces “crece: crece y vuelve más fuerte”. Jesús – recordó el Santo Padre – “lo dice en el Evangelio de Lucas: cuando el demonio es rechazado, gira y busca a algunos compañeros y con esta banda, vuelve”. Por lo tanto, “crece también implicando a otros”. Así sucedió con Jesús, “el demonio implica” a sus enemigos. Y lo que “parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo – explicó Francisco – se convierte en una marea”.
La tentación “crece, y contagia. Y al final, se justifica”. El Papa también recordó que cuando Jesús predica en la Sinagoga, inmediatamente sus enemigos lo disminuyen, diciendo: “Pero, ¡éste es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca fue a la universidad! Pero, ¿con qué autoridad habla? ¡No estudió!”. La tentación – dijo Francisco – “implicó a todos contra Jesús”. Y el punto más alto, “más fuerte de la justificación – añadió el Pontífice – es el del sacerdote”, cuando dice: “¿No saben que es mejor que un hombre muera” para salvar “al pueblo?”: “Tenemos una tentación que crece: crece y contagia a los demás. Pensemos en una habladuría, por ejemplo: yo siento un poco de envidia por aquella persona, por aquella otra, y antes tengo la envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y a va a lo de otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y trata de crecer y contagia a otro, a otro… Pero éste es el mecanismo de las habladurías ¡y todos nosotros hemos sido tentados de caer en las habladurías! Quizá alguno de ustedes no, si es santo, ¡pero también yo estoy tentado por las habladurías! Esta es una tentación cotidiana. Comienza así, suavemente, como el hilo de agua. Crece por contagio y, al final, se justifica”.
Estemos atentos – dijo también el Papa – “cuando en nuestro corazón sentimos algo que terminará por destruir” a las personas. “Estemos atentos – recalcó – porque si no detenemos a tiempo ese hilo de agua, cuando crecerá y contagiará será una marea tal que sólo nos conducirá a justificarnos mal, como se justificaron estas personas”. Y afirmó que “es mejor que muera un hombre por el pueblo”: “Todos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo – el diablo – no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de ustedes, tal vez, no sé, podría decir: ‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el Siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él”.
PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
DOMINGO DE RAMOS: Misa 10 y 30 hs.
19.15 hs. Bendición de los Ramos en Plaza Independencia
19.30 hs. Misa
LUNES SANTO: 19.00 hs. Rezo del S. Rosario
19.30 Misa
MARTES SANTO: 19.00 hs. Rezo del S. Rosario
19.30 hs. Misa.
MIÉRCOLES SANTO: 18.30 hs. Misa CRISMAL. CATEDRAL
JUEVES SANTO: CONFESIONES de 10.30 a 12 hs.
19.30 MISA DE LA CENA DEL SEÑOR y recepción de los Santos Óleos
El Templo permanece abierto hasta las 24 hs. para la adoración.
VIERNES SANTO: DÍA DE AYUNO Y ABSTINENCIA
9.00 hs. Rezo de Laudes
CONFESIONES: 11 a 12 hs.
CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR 16.00 hs.
Colecta a favor de los cristianos de Tierra Santa
19 hs. Via Crucis del Carmen a la Catedral.
SÁBADO SANTO:
9.00 HS. Rezo de Laudes
CONFESIONES de 11.00 a 12 hs.
y de 18.00 a 19.00 hs.
21.00 VIGILIA PASCUAL (Traer velas)
DOMINGO: Misas de Pascua 10.30 hs.
19.30 hs.
El Señor Resucitó, Feliz Pascua
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