sábado, 27 de agosto de 2011

Oración con la que el Papa consagró a los jóvenes al Corazón de Jesús


En la vigilia del 20 de agosto de la JMJ 2011 en Cuatro Vientos

Señor Jesucristo,
Hermano, Amigo y Redentor del hombre,
mira con amor a los jóvenes aquí reunidos
y abre para ellos la fuente eterna
de tu misericordia
que mana de tu Corazón abierto en la Cruz.
Dóciles a tu llamada,
han venido para estar contigo y adorarte.
Con ardiente plegaria
los consagro a tu Corazón
para que, arraigados y edificados en ti,
sean siempre tuyos, en la vida y en la muerte.
¡Que jamás se aparten de ti!
Otórgales un corazón semejante al tuyo,
manso y humilde,
para que escuchen siempre tu voz
y tus mandatos,
cumplan tu voluntad
y sean en medio del mundo
alabanza de tu gloria,
de modo que los hombres,
contemplando sus obras,
den gloria al Padre con quien vives,
feliz para siempre,
en la unidad del Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Amén.

La vuelta al revés de los valores

REFLEXIONES DE UN CURA ESPAÑOL
por padre Pedro Trevijano / pedrotrevijano@telefonica.net


En los tiempos actuales, defender la castidad no entra dentro de lo políticamente correcto.
Hoy, muchos siguen nuevas normas que no por tácitas son menos influyentes y obligatorias: «La virginidad está desfasada», «no tener vida sexual a los diecisiete años es anormal», «todas las formas de sexualidad son normales», «si no haces lo mismo que todo el mundo, eres un raro», «el matrimonio es retrógrado», «tratar de dominarse sexualmente es contranatura».
Sin embargo, no sólo hay realidades como la del Sida ante la que no podemos quedarnos con los brazos cruzados sin tratar de evitar el desarrollo de esa enfermedad, sino que también tenemos que preguntarnos si una enseñanza o práctica así es buena para nuestra libertad y responsabilidad y para nuestro desarrollo como seres humanos.
Para evitar el Sida, en muchos países como Francia, se emplea la fórmula abc, es decir abstinencia, fidelidad (be faithful), condón.
La abstinencia evita plenamente el riesgo, y la fidelidad, salvo sorpresas en el comportamiento del otro, también.
Muchos dicen que promover el preservativo sin acompañamiento de otros mensajes educativos aumenta los contactos sexuales de riesgo.
La recomendación sin más del uso de preservativos, al menos como suele suceder generalmente en España, especialmente en los Centros Públicos, son una perfecta vuelta al revés de los valores a promover. ¿Por qué? Porque crea una mentalidad permisiva que puede inducir a una mayor actividad sexual sin tener en cuenta lo que le sigue y a una realización prematura del acto sexual con posibilidades de que acarree graves consecuencias (aunque el preservativo disminuya el riesgo de embarazo y contagio, el aumento de relaciones hace de contrapeso a la disminución del riesgo). Si se explica la conveniencia de la abstinencia y de la fidelidad en la pareja, el preservativo cumple su función reduciendo el riesgo en las personas que han decidido seguir siendo promiscuas. El resto ha evitado el riesgo mucho antes.
En la vida de una persona, el equilibrio y la madurez no son un regalo otorgado por la naturaleza desde el nacimiento, sino una conquista que requiere un esfuerzo educativo que es la capacidad de someter los impulsos biológicos y emocionales al dominio de la razón.
Palabras como esfuerzo, sacrificio, fuerza de voluntad, entrega, fidelidad y perdón son impensables si no hay una libertad y responsabilidad consecuencia de una educación de la voluntad que las hace posibles. Necesitamos para ello unas normas que sirvan para la construcción de la


personalidad, al modo como el código de la circulación no restringe nuestra libertad, sino que es por el contrario lo que hace posible que podamos circular.
Esta educación deben darla los padres, según nos dicen la Declaración de Derechos Humanos y la Iglesia. Ellos son los protagonistas y primeros responsables de la educación de sus hijos.
Educar es comunicar y transmitir un conjunto de valores que hacen que la vida tenga sentido. Son los padres los que deben proporcionar a sus hijos los modelos básicos de conducta, enseñándoselos especialmente a través de su comportamiento y actitudes. La mejor escuela para aprender lo que es el amor y a amar, es ver cómo los padres se quieren.
En el campo de la sexualidad son también quienes mejor pueden hacerlo porque son los que más quieren a sus hijos, y por tanto los más interesados en hacerlo bien.
Pienso además que la inmensa mayoría de ellos desean dar a sus hijos una educación basada en verdaderos valores y que no les tiene que gustar nada que se eduque a sus hijos en una instrucción, que bajo el pretexto de ser neutra, es una incitación a la promiscuidad, tanto más cuanto que la continencia es posible y muchos jóvenes viven en ella, especialmente si tratan de apoyarse en la gracia de Dios.
Y es que personalmente pienso que la educación cristiana, y digo cristiana porque aquí generalmente coincidimos todas las confesiones cristianas, es la mejor.