domingo, 29 de septiembre de 2013

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO "JORNADA DE LOS CATEQUISTAS" EN EL AÑO DE LA FE

1. «¡Ay de los que se fían de Sión,... acostados en lechos de marfil!» (Am 6,1.4); comen, beben, cantan, se divierten y no se preocupan por los problemas de los demás. Son duras estas palabras del profeta Amós, pero nos advierten de un peligro que todos corremos. ¿Qué es lo que denuncia este mensajero de Dios, lo que pone ante los ojos de sus contemporáneos y también ante los nuestros hoy? El riesgo de apoltronarse, de la comodidad, de la mundanidad en la vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar. Es la misma experiencia del rico del Evangelio, vestido con ropas lujosas y banqueteando cada día en abundancia; esto era importante para él. ¿Y el pobre que estaba a su puerta y no tenía para comer? No era asunto suyo, no tenía que ver con él. Si las cosas, el dinero, lo mundano se convierten en el centro de la vida, nos aferran, se apoderan de nosotros, perdemos nuestra propia identidad como hombres. Fíjense que el rico del Evangelio no tiene nombre, es simplemente «un rico». Las cosas, lo que posee, son su rostro, no tiene otro. Pero intentemos preguntarnos: ¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es posible que los hombres, tal vez también nosotros, caigamos en el peligro de encerrarnos, de poner nuestra seguridad en las cosas, que al final nos roban el rostro, nuestro rostro humano? Esto sucede cuando perdemos la memoria de Dios. "¡Ay de los que se fían de Sión!", decía el profeta. Si falta la memoria de Dios, todo queda rebajado, todo queda en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden la consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener. Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio. Quien corre en pos de la nada, él mismo se convierte en nada, dice otro gran profeta, Jeremías (cf. Jr 2,5). Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de las cosas, de los ídolos. 2. Entonces, mirándoles a ustedes, me pregunto: ¿Quién es el catequista? Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás. Qué bello es esto: hacer memoria de Dios, como la Virgen María que, ante la obra maravillosa de Dios en su vida, no piensa en el honor, el prestigio, la riqueza, no se cierra en sí misma. Por el contrario, tras recibir el anuncio del Ángel y haber concebido al Hijo de Dios, ¿qué es lo que hace? Se pone en camino, va donde su anciana pariente Isabel, también ella encinta, para ayudarla; y al encontrarse con ella, su primer gesto es hacer memoria del obrar de Dios, de la fidelidad de Dios en su vida, en la historia de su pueblo, en nuestra historia: «Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humillación de su esclava... su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (cf. Lc 1,46.48.50). María tiene memoria de Dios. En este cántico de María está también la memoria de su historia personal, la historia de Dios con ella, su propia experiencia de fe. Y así es para cada uno de nosotros, para todo cristiano: la fe contiene precisamente la memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que es el primero en moverse, que crea y salva, que nos transforma; la fe es memoria de su Palabra que inflama el corazón, de sus obras de salvación con las que nos da la vida, nos purifica, nos cura, nos alimenta. El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo lo que Dios ha revelado, es decir, la doctrina en su totalidad, sin quitar ni añadir nada. San Pablo recomienda a su discípulo y colaborador Timoteo sobre todo una cosa: Acuérdate, acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, a quien anuncio y por el que sufro (cf. 2 Tm 2,8-9). Pero el Apóstol puede decir esto porque él es el primero en acordarse de Cristo, que lo llamó cuando era un perseguidor de los cristianos, lo conquistó y transformó con su gracia. El catequista, pues, es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo. Compromete toda la vida. El mismo Catecismo, ¿qué es sino memoria de Dios, memoria de su actuar en la historia, de su haberse hecho cercano a nosotros en Cristo, presente en su Palabra, en los sacramentos, en su Iglesia, en su amor? Queridos catequistas, les pregunto: ¿Somos nosotros memoria de Dios? ¿Somos verdaderamente como centinelas que despiertan en los demás la memoria de Dios, que inflama el corazón? 3. «¡Ay de los que se fían de Sión», dice el profeta. ¿Qué camino se ha de seguir para no ser «superficiales», como los que ponen su confianza en sí mismos y en las cosas, sino hombres y mujeres de la memoria de Dios? En la segunda Lectura, san Pablo, dirigiéndose de nuevo a Timoteo, da algunas indicaciones que pueden marcar también el camino del catequista, nuestro camino: Tender a la justicia, a la piedad, a la fe, a la caridad, a la paciencia, a la mansedumbre (cf. 1 Tm 6,11). El catequista es un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de «hypomoné», de paciencia, de perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia. Pidamos al Señor que todos seamos hombres y mujeres que custodian y alimentan la memoria de Dios en la propia vida y la saben despertar en el corazón de los demás. Amén.

viernes, 23 de agosto de 2013

Ventajas de la confesión frecuente

La historia del Sacramento de la Penitencia nos muestra que éste era recibido no sólo por quien había pecado gravemente, sino también por aquéllos que, conscientes de su negligencia y tibieza, así como de su alejamiento del amor de Dios, querían ponerse responsablemente ante sus faltas, y por su acusación y la exhortación del confesor, dar nuevo impulso a su vida espiritual. Esta unión entre confesión, absolución y dirección es eclesialmente muy significativa, ya que cuanto más seriamente nos tomamos los mandamientos de Cristo, tanto más advertimos nuestra propia insuficiencia, defectos y pecabilidad. La celebración de este sacramento es un acto por el que la Iglesia proclama su fe y da gracias a Dios porque Cristo nos liberó del pecado. Los santos han tenido siempre una conciencia clara de ser pecadores, porque la medida de su conducta era el amor de Dios. La virtud de la penitencia nos sitúa ante el Señor como Salvador, y si bien nos sentimos pecadores, son nuestros pecados los que han hecho que Cristo haya venido, estableciendo una relación de amor más profunda e íntima que anteriormente. El sacramento de la Penitencia es un camino de profundización de nuestra vida espiritual, de volver a Dios y de reconciliación con los otros. No es la confesión de devoción, sino la rutina y superficialidad lo que se opone a la seriedad con que ha de recibirse el sacramento. Además, al hacerse en forma de diálogo, la reconciliación se acomoda a nuestra forma de ser que en la búsqueda de la paz desea un signo externo de expresión de ésta, como sucede por ejemplo cuando dos esposos se reconcilian. Es un hecho que la expresión externa nos lleva a tomar más conciencia de nuestra interioridad, y que la acusación de los pecados, la manifestación del dolor y del propósito son signos que confirman la sinceridad de la conversión. Quien va a la confesión busca el perdón de los pecados, viendo al sacerdote como mediador entre Dios y él, siendo la absolución una señal y garantía de que Dios me perdona los pecados. El sacerdote se encuentra en la confesión con elementos de tipo psicológico. No hay que olvidar que la gracia perfecciona la naturaleza, pero no se la inventa, ni, mucho menos, la destruye. Muchos buscan en la confesión un diálogo personal con el sacerdote y piensan que es un buen sitio donde poder expresarse, desahogarse y ser oídos. Estamos ante un sacramento en el que los actos del penitente tienen una clara base psicológica, pues la reconciliación requiere siempre un encuentro interpersonal en el que el confesor ha de procurar que, a través suyo, el penitente encuentre a Cristo. El sacramento no es una terapia, pero que tenga efectos de esta clase, no es malo. A fuerza de querer espiritualizar, nos olvidamos que la salvación alcanza todo nuestro ser. No olvidemos que para obtener la paz interna la solución supera el mero plano humano, pues el perdón de los pecados es de orden religioso y moral. En efecto sólo Dios puede liberar de la culpa en cuanto tal, ya que es ofensa consciente a Dios y por tanto el perdón no puede depender solamente del culpable. Al "contra ti solo pequé", corresponde por parte de Dios el "yo te absuelvo" que perdona. Pero este perdón es el ejercicio de un sacramento que ha sido confiado por Cristo a su Iglesia, siendo ésta la tarea del confesor. La confesión frecuente puede servirnos para conocernos mejor, haciéndonos afinar en nuestros exámenes de conciencia y fortificando nuestra voluntad al reforzar nuestro propósito; propósito que al hacerse en un sacramento participa de su eficacia. Más que recorrer la lista de pecados posibles, conviene centrarnos en unos pocos, procurando crecer en la fe, esperanza y caridad, es decir en la vida teologal de unión con Dios. Es por tanto un momento fuerte en nuestra vida espiritual, que nos ayuda a dar continuidad a nuestra conversión y además en este tipo de confesión la gracia que recibimos también nos da fuerzas y dones para evitar mejor en el futuro los pecados. No hay que olvidar sin embargo que en la confesión de devoción no vale simplemente el principio de que cuanto más mejor, ya que hay que cuidar la primacía de la calidad sobre la cantidad, a fin de conseguir que estas confesiones sean auténticos acontecimientos religiosos de conversión. La frecuencia de la confesión se ve limitada por las necesidades de la vida espiritual, las circunstancias de la vida práctica y las normas del Derecho Canónico, ya que la disposición del sujeto es la medida, aunque no sea la causa, del efecto del sacramento. Además un juicio sacramental de Dios sobre el pecador no puede por su naturaleza ser tan frecuente como el sustento diario del alma, ya que mientras la Eucaristía es un alimento espiritual, que puede ser recibido con frecuencia, la Penitencia es un sacramento que lleva consigo un itinerario de conversión que desemboca en un juicio salvífico en y de la Iglesia. No es, por tanto, algo de todos los días. El espíritu penitencial nos es necesario para superar los tropiezos de los pecados leves, así como las limitaciones de la persona en el dominio de su propia vida, afirmando y desarrollando de este modo la opción fundamental buena. En este contexto la confesión frecuente se convierte en un encuentro con Dios, en el que el hombre se encuentra con la fuente de su salvación. Pbro. Pedro Trevijano

jueves, 25 de julio de 2013

Homilí­a del santo padre en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida

Homilí­a del santo padre en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Queridos hermanos y hermanas ¡Qué alegría venir a la casa de la Madre de todo brasileño, el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida! Al día siguiente de mi elección como Obispo de Roma fui a la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, con el fin de encomendar a la Virgen mi ministerio como Sucesor de Pedro. Hoy he querido venir aquí para pedir a María, nuestra Madre, el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud, y poner a sus pies la vida del pueblo latinoamericano. Quisiera ante todo decirles una cosa. En este santuario, donde hace seis años se celebró la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, ha ocurrido algo muy hermoso, que he podido constatar personalmente: ver cómo los obispos —que trabajaban sobre el tema del encuentro con Cristo, el discipulado y la misión— se sentían alentados, acompañados y en cierto sentido inspirados por los miles de peregrinos que acudían cada día a confiar su vida a la Virgen: aquella Conferencia ha sido un gran momento de Iglesia. Y, en efecto, puede decirse que el Documento de Aparecida nació precisamente de esta urdimbre entre el trabajo de los Pastores y la fe sencilla de los peregrinos, bajo la protección materna de María. La Iglesia, cuando busca a Cristo, llama siempre a la casa de la Madre y le pide: «Muéstranos a Jesús». De ella se aprende el verdadero discipulado. He aquí por qué la Iglesia va en misión siguiendo siempre la estela de María. Hoy, en vista de la Jornada Mundial de la Juventud que me ha traído a Brasil, también yo vengo a llamar a la puerta de la casa de María —que amó a Jesús y lo educó— para que nos ayude a todos nosotros, Pastores del Pueblo de Dios, padres y educadores, a transmitir a nuestros jóvenes los valores que los hagan artífices de una nación y de un mundo más justo, solidario y fraterno. Para ello, quisiera señalar tres sencillas actitudes, tres sencillas actitudes: mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría. 1. Mantener la esperanza. La Segunda Lectura de la Misa presenta una escena dramática: una mujer —figura de María y de la Iglesia— es perseguida por un dragón —el diablo— que quiere devorar a su hijo. Pero la escena no es de muerte sino de vida, porque Dios interviene y pone a salvo al niño (cf. Ap 12,13a-16.15-16a). Cuántas dificultades hay en la vida de cada uno, en nuestra gente, nuestras comunidades. Pero, por más grandes que parezcan, Dios nunca deja que nos hundamos. Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe como padres y madres de familia, quisiera decirles con fuerza: Tengan siempre en el corazón esta certeza: Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón. El «dragón», el mal, existe en nuestra historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza. Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer. Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros. Queridos hermanos y hermanas, seamos luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad. Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémoslos a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor: son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad. Ellos no sólo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo. Casi los podemos leer en este santuario, que es parte de la memoria de Brasil: espiritualidad, generosidad, solidaridad, perseverancia, fraternidad, alegría; son valores que encuentran sus raíces más profundas en la fe cristiana. 2. La segunda actitud: dejarse sorprender por Dios. Quien es hombre, mujer de esperanza —la gran esperanza que nos da la fe— sabe que Dios actúa y nos sorprende también en medio de las dificultades. Y la historia de este santuario es un ejemplo: tres pescadores, tras una jornada baldía, sin lograr pesca en las aguas del Río Parnaíba, encuentran algo inesperado: una imagen de Nuestra Señora de la Concepción. ¿Quién podría haber imaginado que el lugar de una pesca infructuosa se convertiría en el lugar donde todos los brasileños pueden sentirse hijos de la misma Madre? Dios nunca deja de sorprender, como con el vino nuevo del Evangelio que acabamos de escuchar. Dios guarda lo mejor para nosotros. Pero pide que nos dejemos sorprender por su amor, que acojamos sus sorpresas. Confiemos en Dios. Alejados de él, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, se agota. Si nos acercamos a él, si permanecemos con él, lo que parece agua fría, lo que es dificultad, lo que es pecado, se transforma en vino nuevo de amistad con él. 3. La tercera actitud: vivir con alegría. Queridos amigos, si caminamos en la esperanza, dejándonos sorprender por el vino nuevo que nos ofrece Jesús, ya hay alegría en nuestro corazón y no podemos dejar de ser testigos de esta alegría. El cristiano es alegre, nunca triste. Dios nos acompaña. Tenemos una Madre que intercede siempre por la vida de sus hijos, por nosotros, como la reina Esther en la Primera Lectura (cf. Est 5,3). Jesús nos ha mostrado que el rostro de Dios es el de un Padre que nos ama. El pecado y la muerte han sido vencidos. El cristiano no puede ser pesimista. No tiene el aspecto de quien parece estar de luto perpetuo. Si estamos verdaderamente enamorados de Cristo y sentimos cuánto nos ama, nuestro corazón se «inflamará» de tanta alegría que contagiará a cuantos viven a nuestro alrededor. Como decía Benedicto XVI, aquí en este Santuario: «El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro» (Discurso Inaugural de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13 de mayo 2007: Insegnamenti III/1 [2007], p. 861). Queridos amigos, hemos venido a llamar a la puerta de la casa de María. Ella nos ha abierto, nos ha hecho entrar y nos muestra a su Hijo. Ahora ella nos pide: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2,5). Sí, Madre nuestra, nos comprometemos a hacer lo que Jesús nos diga. Y lo haremos con esperanza, confiados en las sorpresas de Dios y llenos de alegría. Que así sea.

sábado, 13 de julio de 2013

La amistad en la Biblia

El valor de la verdadera amistad, de la que todos nosotros tenemos conciencia de su importancia en las diversas etapas de nuestra existencia, es uno de los principales tesoros con los que nos podemos encontrar en la vida La amistad entre los seres humanos es tan hermosa que no sólo es uno de los grandes valores humanos, sino también permite a la Biblia expresar lo que Dios quiere ser para nosotros: un amigo. La amistad es una de nuestras mayores necesidades y el afecto que se dispensa a los amigos es uno de los mejores sentimientos humanos. Abraham es llamado por Dios amigo (Is 41,8), así como Moisés (Ex 33,11), e incluso el pueblo (Jer 2,2). La Biblia nos habla de la profundísima amistad entre Jonatán y David (1 Sam 18,1), que hace que David lamente profundamente la muerte de su amigo (2 Sam 1,25-26). Algunos han intentado ver en esta amistad una relación de tipo homosexual, pero no nos olvidemos de que ambos estaban casados y en el mundo bíblico la homosexualidad estaba muy mal vista, por lo que tenemos que ver esa relación como prototipo de una limpia amistad. También en la Biblia encontramos uno de los textos más bonitos sobre la amistad. Leemos en Eclesiástico 6,5-17: “Un voz suave aumenta los amigos, unos labios amables aumentan los saludos. Sean muchos los que te saludan, pero confidente, uno entre mil; si adquiere un amigo, hazlo con tiento, no te fíes en seguida de él; porque hay amigos de un momento que no duran en tiempo de peligro; hay amigos que se vuelven enemigos y te afrentan descubriendo tus riñas; hay amigos que acompañan en la mesa y no aparecen a la hora de la desgracia; cuando te va bien, están contigo, cuando te va mal, huyen de ti; si te alcanza la desgracia, cambian de actitud y se esconden de tu vista. Apártate de tu enemigo y sé cauto con tu amigo. Al amigo fiel tenlo por amigo, el que lo encuentra, encuentra un tesoro; un amigo fiel no tiene precio, ni se puede pagar su valor. Un amigo fiel es un talismán, el que teme a Dios lo alcanza”. En este texto se nos enseña a distinguir el verdadero de los falsos amigos. Es en la prueba, cuando se reconocen unos y otros: los verdaderos amigos permanecen a tu lado, mientras los falsos, como buscan sólo su interés, te dejan solo y te abandonan. En el Nuevo Testamento, Jesús llama amigos a sus discípulos y nos indica hasta qué grado valora su amistad con ellos y en consecuencia con nosotros: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos” (Jn 15, 13-14). Pero también Él tuvo sus preferencias con Pedro, Santiago y Juan y este último dice de sí mismo: “el discípulo al que Jesús tanto quería” (Jn 13,23). El evangelio describe así sus relaciones con Lázaro y su familia: “tenía gran amistad con Marta, con su hermana y con Lázaro” (Jn 11,5). La amistad de Jesús se realiza también en los pequeños detalles: “venid vosotros solos a un lugar solitario, para descansar un poco” (Mc 6,31). Y nos muestra sus sentimientos cuando en la curación de los diez leprosos se ve defraudado por nueve de ellos: “Jesús preguntó: ¿No quedaron limpios los diez?, ¿dónde están los otros nueve?” (Lc 17,17). En un plano más natural, el episodio de la curación del paralítico, nos muestra que éste tenía verdaderos amigos (Mc 2,3-5; Lc 5,18-20). Pero es igualmente en los evangelios donde encontramos la máxima degradación de la amistad, con la traición de Judas: “-¡Hola maestro! Y lo besó” (Mt 26,49). El valor de la verdadera amistad, de la que todos nosotros tenemos conciencia de su importancia en las diversas etapas de nuestra existencia, es uno de los principales tesoros con los que nos podemos encontrar en la vida, pues todos necesitamos sentirnos reconocidos y valorados por otros, aunque para ello el mejor camino es tratar de superar mi egoísmo, reconociendo y valorando a los otros. Si queremos tener amigos, es indudable que, como generalmente el otro piensa de mí lo que yo pienso de él, procuremos apreciar al otro u otros. El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define así la amistad: “Afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato”. Pedro Trevijano Etcheverria

viernes, 7 de junio de 2013

El Vaticano denuncia 700.000 muertes anuales por medicinas falsasFármacos contra la malaria y la tuberculosis



Medicamentos, fármacos, pastillas y pacientes.
EP
Hasta el 30 por ciento de las medicinas puestas en el mercado en los países africanos son falsas />
Patentes de fármacos./> Medicamentos, fármacos, pastillas, médicos y pacientes.
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Patentes de fármacos. 01 Medicamentos, fármacos, pastillas, médicos y pacientes. 01 Medicamentos, fármacos, pastillas y pacientes. 01La Congregación para la Evangelización de los Pueblos del Vaticano denunció que unas 700.000 personas mueren cada año a causa de medicamentos falsificados contra la malaria y la tuberculosis.

Mediante una nota de su agencia oficial, Fides, la Congregación reveló que la mayoría de los fallecidos son africanos y que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta 30 por ciento de las medicinas puestas en el mercado en los países africanos son falsas.

"En 2003 la Interpol realizó un sondeo sobre la calidad de los medicamentos disponibles en Lagos (Nigeria), la ciudad más poblada del África subsahariana, y descubrió que 80 por ciento de los medicamentos disponibles eran falsos", indicó.

"En 2008 -agregó-, más de 80 niños murieron en Nigeria después de haber tomado una medicina para combatir el dolor de la dentición, adulterada con un líquido anticongelante".

Según el reporte los medicamentos pirata puede estar privados del principio activo clave, estar compuestos de sustancias peligrosas, o también tener una cantidad insuficiente o excesiva del principio activo.

Apuntó que cuando el principio activo no está en una cantidad adecuada, el medicamento mata sólo una parte de los agente patógenos mientras los que no son eliminados desarrollan resistencia.

De esta manera si el paciente tuviera que recibir el medicamento en la justa dosis, el agente patógeno estaría en grado de resistir su acción y continuar infectando el organismo, ponderó.

"El desarrollo de los gérmenes resistentes a los antibióticos y a otros tratamientos es un problema que concierne a toda la humanidad, no sólo a los africanos. Es por tanto interés de todos combatir el contrabando de medicamentos falsificados", puntualizó.

CUIDADO PASTORAL DE PAREJAS QUE COHABITAN




Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Todos somos dolorosamente conscientes de que hay muchos católicos hoy que viven juntos, en cohabitación. La Iglesia debe dejar claro a los fieles que estas uniones no están de acuerdo con el Evangelio y ha de ayudar a los católicos que se encuentran en esta situación a hacer lo que deben para que sus vidas sean agradables a Dios.

En primer lugar, debemos enraizarnos con firmeza en la enseñanza del Evangelio que, en lo que se refiere a la unión sexual, muestra solo dos estilos de vida que Jesucristo acepta para sus discípulos: una vida de castidad en soltería, o la unión de un hombre y una mujer en el Sacramento del Matrimonio. Para un cristiano, no hay una "tercera vía" posible. La Biblia y la Iglesia enseñan que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y se opone a las uniones del mismo sexo.

Tenemos tres grupos de gente que viven contra la enseñanza del Evangelio sobre el matrimonio: los que cohabitan, los que tienen sólo una unión civil sin matrimonio previo y los que viven en unión civil que se casaron con anterioridad. Esta gente vive objetivamente en un estado de pecado mortal y no pueden recibir la Santa Comunión. Están en gran peligro espiritual. En el mejor de los casos, y tristemente así suele ser, ignoran el plan de Dios para el hombre y la mujer. En el peor, desprecian los mandamientos de Dios y sus sacramentos.

De estos tres grupos, los dos primeros no tienen realmente una excusa. Deberían casarse por la Iglesia o separarse. A menudo aseguran que "no podemos permitirnos una boda por la Iglesia" (es decir, los ropajes externos) o que "¿y en qué cambia el tener un pedazo de papel?", ¡como si la alianza sacramental fuese nada más que una pedazo de papel! Estas afirmaciones muestran ignorancia religiosa o una falta de fe y de conciencia en la maldad del pecado.

El tercer grupo, los que antes estuvieron casados y se han casado otra vez fuera de la Iglesia, pueden buscar una nulidad matrimonial y hacer que su matrimonio quede bendecido por la Iglesia.

Por favor, recordad que el divorcio no es causa para abstenerse de la Santa Comunión siempre que no se haya entrado en otro matrimonio o en una relación pecaminosa. Muchos católicos se confunden en este detalle.

Cristo Nuestro Señor ama a todas estas personas y desea salvarlas, no ignorando su pecado ni llamando bueno a lo que es malo, sino mediante el arrepentimiento y ayudándoles a cambiar sus vidas de acuerdo con su enseñanza. Nosotros, como su Iglesia, debemos hacer lo mismo. Por eso, os recordaría lo siguiente:

1. Las personas que están en las tres situaciones mencionadas no pueden recibir los sacramentos, con la importante excepción de los que viven castamente ("como hermano y hermana") hasta que su situación se regularice. Por supuesto, los que estén en peligro de muerte se supone que se arrepienten.

2. Estas personas no pueden ser elegidas como ministros extraordinarios de la Santa Comunión, no solo por el escándalo, sino más aún, porque se comete pecado de sacrilegio al administrar un sacramento en estado de pecado mortal.

3. Ni deben estas personas ser admitidas como padrinos de bautismo o confirmación, como explica claramente el Documento Archidiocesano sobre Padrinos. Es importantísimo que el padrino sea un católico practicante. ¿Y puede llamarse seriamente católico practicante a quien no es capaz de recibir los sacramentos porque vive en pecado?

4. En lo que se refiere a otros ministerios parroquiales y otras organizaciones, creo que es mejor dejar que discierna el pastor. Se necesita prudencia y evitar toda posibilidad de escándalo. Debemos ver la participación de estas personas en la parroquia como una oportunidad para trabajar con urgencia con ellas para acercarlas al arrepentimiento y la regularización de su estilo de vida.

5. Muchos de estos pecados se cometen por ignorancia. Pido a nuestros pastores que prediquen sobre la gravedad del pecado y sus malignas consecuencias, sobre el 6º y 9º mandamiento de Dios y sobre la naturaleza sacramental y el significado del matrimonio cristiano. Nuestros programas catequéticos parroquiales, para niños, jóvenes y adultos, deben enseñar estas verdades de forma clara y repetida.
Una boda por la Iglesia no requiere espectáculos y entretenimientos que cuesten grandes sumas de dinero. De hecho, ¡cuántas veces hemos visto las bodas más costosas acabar en divorcio al cabo de unos meses o pocos años! Si bien la belleza y el gozo deben rodear una boda cristiana, hay que recordar a todos que es un sacramento, no un espectáculo.

6. A aquellos que se casan fuera de la Iglesia debido a una unión previa les urgimos a buscar una nulidad mediante nuestro tribunal matrimonial. Si se muestra que el primer matrimonio carecía de alguna cualidad esencial para un matrimonio válido, el tribunal puede conceder la nulidad. Tu pastor te puede ayudar a empezar la causa matrimonial con este propósito. Es importante que estas parejas sigan rezando y acudiendo a misa aunque no puedan recibir la comunión hasta que su matrimonio sea bendecido por la Iglesia.

Nuestra cultura popular americana a menudo está en conflicto con las enseñanzas de Jesús y su Iglesia. Animo especialmente a los jóvenes a no cohabitar, que es pecaminoso, sino a casarse por la Iglesia y prepararse bien para ello.

Felicito y doy las gracias a los miles de matrimonios católicos que son un modelo del sacramento del matrimonio según las enseñanzas de Jesús y su Iglesia.

Sinceramente vuestro en el Señor Resucitado,

Reverendísimo Michael J. Sheehan, arzobispo de Santa Fe



La enfermedad del síndrome postaborto



Nuestros actos son a menudo irreversibles y sus consecuencias están con frecuencia fuera de nuestro alcance. El aborto suele destrozar literalmente las vidas de quienes lo llevan a cabo, porque matar a un hijo o a un ser humano inocente conlleva un sentimiento de culpa, por lo que muchas necesitan tratamiento psiquiátrico posterior



En la prensa digital y de papel ha salido esta noticia: “Un juez rechaza que un médico pueda negarse a informar del aborto. La resolución estima que el interés público que supone la atención sanitaria prevalece sobre la conciencia del facultativo”. Es cierto que todavía cabe recurso, pero desde el punto de vista humano y cristiano es una resolución totalmente aberrante y empleo uno de los términos más suaves que se me ocurren.

Este intento de violación de la conciencia del médico por parte del juez va contra el juramento hipocrático, realizado por los médicos desde el siglo Vº a. de C.: “tampoco daré ningún abortivo a ninguna mujer”, contradice los artículos 18 y 19 de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, que dicen: “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión” (art. 18) y “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones” (art. 19) y nuestra Constitución “la ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia” (art. 20, 1 d), lo que significa proteger este derecho y no terminar con él. Cualquier persona, que no sea analfabeto profundo o sectario de la misma categoría sabe que la profesión médica está para sanar y no para asesinar a sus pacientes y desde luego quien ordena hacer un crimen es él mismo criminal.

La doctrina de la Iglesia condena categóricamente el aborto, al que el Concilio Vaticano II llama “crimen abominable” (Gaudium et Spes nº 51) y sobre la conciencia nos dice ese mismo documento: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente” (nº 16). Como dijo el propio Zapatero el día que se aprobó la Ley del Aborto: “el derecho a la vida, el valor de la vida es el principio fundamental de la concepción y del despliegue de los derechos humanos”. Antes que matar, sobre todo a un inocente, cualquier cosa, incluso el martirio.

Pero es que el médico no sólo no debe matar al feto, sino que también tiene que cuidar de la salud de la mujer. El aborto por supuesto no cura ninguna enfermedad, sino que con bastante frecuencia, ocasiona una patología llamada síndrome postaborto, que se presenta antes o después a lo largo de la vida, independientemente de ideologías o creencias, y se expresa con problemas graves de personalidad, inestabilidad emocional, agresividad contra el médico que les ha inducido y a quien no quieren volver a ver, o contra el marido o compañero con un número muy elevado de conflictos conyugales, violencia doméstica, consumo de drogas, separaciones y divorcios en el primer año tras el aborto, pues se quejan, en la inmensa mayoría de los casos con razón, de no haber recibido información veraz y completa acerca de las consecuencias físicas, y sobre todo psicológicas, que ese aborto tendría para ellas, como depresiones, autorreproches, remordimientos, insomnio, pesadillas, trastornos de conducta como la promiscuidad o el alcoholismo, así como una fuerte propensión al suicidio, y es que es más fácil sacar al niño del seno de su madre que de su pensamiento. Es obvio que toda mujer que aborta queda profundamente afectada por ello, y que el sentido de culpabilidad deja muy malas consecuencias en todos aquéllos que intervienen en un aborto, ya que este sentimiento, al revés de lo que sucede en muchísimos otros pecados, que con el paso del tiempo se difuminan, aquí por el contrario su recuerdo se hace cada vez más vivo, lo que no es extraño porque el aborto es una de las grandes tragedias de la humanidad. Ninguna enfermedad y menos una enfermedad psíquica puede curarse mediante un aborto, que, por el contrario, ocasiona graves daños, al ser un acto contra el instinto natural de ser madre.

Nuestros actos son a menudo irreversibles y sus consecuencias están con frecuencia fuera de nuestro alcance. El aborto suele destrozar literalmente las vidas de quienes lo llevan a cabo, porque matar a un hijo o a un ser humano inocente conlleva un sentimiento de culpa, por lo que muchas necesitan tratamiento psiquiátrico posterior. Desde el punto de vista de la mujer, el aborto es un acto que va totalmente en contra de sus sentimientos e instintos más profundos. Y es que el problema no es ser madre o no serlo, sino ser madre de un hijo vivo o de un hijo muerto. El tiempo no cura el problema, sino que por el contrario, lo agrava, pues a medida que pasan los años, el aborto se hace cada vez más presente. Por todo ello, hay que insistir en que el aborto no supone el final del problema, sino, por el contrario, el inicio de un nuevo, duradero y gravísimo problema.

Y es que la naturaleza no perdona. Si el simple aborto natural suele ocasionar una depresión, un acto como el aborto provocado lleva consigo un muy serio problema emocional que hace necesario con frecuencia el correspondiente tratamiento médico psiquiátrico de quien lo realiza, a fin de poder asumir, también humanamente, las consecuencias de su acto, sacando a la luz sus sentimientos de culpa y hablando de este tema a fondo con alguien que sepa escucharles, experimentando muchas la necesidad de que alguien superior les perdone. Pero incluso con el perdón de Dios, muchas veces ellas son incapaces de perdonarse, por lo que es muy de recomendar su activa colaboración en Asociaciones Pro-Vida.

P. Pedro Trevijano, sacerdote

Poderosa Ministra de Trabajo de Alemania

Madre de 7 hijos y defensora de los valores cristianos: así es la ministra que revoluciona Europa Está revolucionando la política alemana. Hace sombra a la poderosa Angela Merkel y hasta su nombre ha sonado para presidenta del país o futura canciller. Es el caso Úrsula Von der Leyen, una política atípica que está rompiendo moldes en Europa. Precisamente ahora es ministra de Trabajo y Asuntos Sociales en Alemania y en España es conocida por haber venido a ofrecer empleo a 5.000 jóvenes españoles. Esta alemana de 55 años es algo más que política. Los alemanes la llaman “la madre de la nación” pues tiene siete hijos. Durante sus años en la política se ha empeñado en demostrar la grandeza de los hijos, las enormes ventajas de los niños en la sociedad y ha luchado por abrir camino a las familias que quieren tener hijos en una Europa con una histórica crisis demográfica. La importancia de rezar con sus hijos Von der Leyen es además una mujer de fuertes convicciones religiosas. Es cristiana y practicante. Cuenta orgullosa lo importante que es desayunar todos los días con sus hijos y rezar con ellos antes de acudir a sus obligaciones en el Ministerio. Del mismo modo hace lo mismo por las noches antes de que sus hijos vayan a dormir. Es una de las principales valedoras en recuperar y poner en valor en Europa los valores cristianos que han forjado el continente siglos atrás. La familia juega aquí un papel esencial. Lo sabe. Y no le importa liderar esta revolución familiar. No es de extrañar, por tanto, que las feministas radicales la tengan en su punto de mira y esté siempre en la diana de sus críticas e insultos. “¡Esa mujer!”. Así se refieren a ella con desdén las feministas. Sin embargo, ella les replica que Alemania y Europa irían mejor con más mujeres como ella, es decir, madres. Luchadora por la familia Desde 2009 es ministra de Trabajo pero su incansable lucha por la familia viene de atrás pues previamente, de 2005 a 2009, fue ministra de Familia, Mujer y Juventud. Desde ese puesto legisló a favor de este colectivo y ayudó a que las familias puedan conciliar mejor el cuidado de los hijos y el trabajo. Algo básico hoy en día. Úrsula ha mostrado también al mundo la falacia de que no se puede ser madre y progresar profesionalmente, sin tener que por ello renunciar a tener familia. Estudió Económicas y más tarde se doctoró en Medicina llegando a dedicarse a la investigación. Más tarde se trasladó a EEUU debido a compromisos laborales de su marido. Allí se dedicó a cuidar de sus hijos y a la investigación y vio la importancia de ayudar a la familia. A partir de ahí entró en la CDU alemana y comenzó su meteórica carrera política. Su carrera contracorriente Al llegar al Gobierno de Merkel fue consciente de que sus cinco compañeras del Ejecutivo, incluida Merkel, habían renunciado a la maternidad para dedicarse a la política. Ella era el bicho raro y lamenta que en su país “tener siete hijos esté mal visto, se considera casi una provocación”. Como ministra de Familia preparó una mini-revolución que fue hasta mal vista por su propio partido aunque ella siguió adelante. Propuso guarderías gratuitas y ayudas a los padres para el cuidado de sus hijos así como el permiso para que los padres pudiesen quedarse en casa cuidando de los niños. Pese a las críticas ella hablaba de sus experiencias familiares y cómo había podido conciliar trabajo y familia. “Me han llegado a preguntar si quiero encerrar a los padres a latigazos y eso demuestra el desprecio hacia todo lo que tenga que ver con el cuidado de los niños”. La familia, cuna de valores En una entrevista en ABC cuando aún era ministra de Familia, Von der Leyen aseguraba que “no soy una superwoman, donde estoy es el resultado de un largo camino de altibajos y decisiones con mi marido, y también de algunos errores”. “La familia recobra su importancia, no sólo como factor de equilibrio, sino como herramienta para transmitir directamente unos valores, una interioridad y una trascendencia. Además, comprobamos que sin niños un país no puede seguir existiendo, por razones económicas y también emocionales”, afirmaba. “Los niños no significan pobreza” En este sentido, agregaba que “estamos en una situación muy crítica, sobre todo psicológicamente. Hay que volver a hablar del pan que los niños traen bajo el brazo: se llama alegría, fuerza creadora, seguridad futura…que los niños no significan pobreza, sino perspectiva”. Del mismo modo, Úrsula Von der Leyen afirma que hay que recuperar los valores de siempre, no existen los nuevos. “La familia, la responsabilidad por el otro, valores cristianos que deben ser traducidos a otros tiempos. La familia no puede pervivir mirando a lo que fue, su economía y la de todos es ya global y la mujer es hoy muy importante. Pero siguen importando que haya niños en las calles, la solidaridad generacional, la buena educación, la subsidiaridad, y hay que preguntarse cómo mantenerlas en un mundo moderno”. “Tener cuatro hijos es dirigir una pyme” En su opinión, la familia “recupera importancia frente a la globalización. La familia es donde se aprende la responsabilidad entre hijos y padres, los valores que queremos para mañana. La educación hoy es transfronteriza, pero igual necesita límites, pues de mayor uno encontrará reglas. Los niños siguen necesitando tiempo, y ejemplo: y deben conocer valor del esfuerzo para el éxito”. A pesar de ello ve cambios en el mundo actual. Hay ya empresas que prefieren a personal con familia que a solteros. La ministra responde que es algo normal pues “son las cabezas más flexibles, rápidas y maduras emocionalmente. Piense que tener cuatro hijos es ya dirigir una pyme”. Igualmente, cuenta su experiencia personal en Estados Unidos cuando se trasladó allí con su marido. “Cuando me presentaba a trabajos en EEUU siempre me preguntaban qué hacía además del trabajo, si criaba niños o colaboraba con alguna asociación. ¡Me han dado puestos por tener hijos…En Europa me los darían por no tenerlos!”.

Premiado por la Cruz Roja

Pui, el perrito que encontró a un recién nacido abandonado y lo llevó a casa La niña era prematura y se recupera en la incubadora. El hecho sucedió en Bangkok, la capital tailandesa. Tuvo más «humanidad» que quienes dejaron a la pequeña abandonada para que muriera. Pui, un perrito de dos años de raza bangkaew, autóctona de Tailandia, salió de paseo este lunes y se encontró, abandonada en la cuneta, una bolsa donde algo se movía. Percibiendo instintivamente que quien la ocupaba corría peligro, la cogió con los dientes y la llevó hasta su casa. Sucedió en Sala Loi, un barrio de Bangkok, la capital tailandesa. Según cuenta Bangkok Post, Pui dejó su carga en la puerta y empezó a ladrar para llamar la atención, hasta que la pequeña Sudarat, de 12 años, salió a mirar qué pasaba. Al ver el "paquete" que había traído el can, lo abrió y se encontró un recién nacido y su cordón umbilical. Rápidamente avisó a sus padres, Kummerd y Pummarat, quienes llevaron a la niña al Hospital Tha Rua. La pequeña a quien salvó Pui. Resultó ser una niña sietemesina a la que pudieron salvar la vida. Pesaba 2,2 kg y fue trasladada al hospital Pharanakhon Sri Ayutthaya. Está actualmente en la incubadora. Los dueños de Pui, que se han ofrecido para adoptarla, comentaron luego que el perrito suele salir a corretear por un parque cercano a la casa, donde se cree que encontró la bolsa. Allí está investigando la policía para encontrar a la madre de la criatura. Pero mientras las autoridades intentan resolver el caso, la Cruz Roja ha querido recompensar el comportamiento del animal, y le ha premiado con un collar de cuero y un certificado que recuerda su inteligente reacción al hallazgo, gracias al cual tal vez muy pronto Sudarat tenga una nueva hermanita.

jueves, 31 de enero de 2013

Sobre la educación en la adolescencia

Buena parte de la vida de los adolescentes transcurre en su centro escolar: colegio o instituto. Un centro de estudios debe ser fundamentalmente eso: un centro de estudios, al que se va para aprender y formarse. Ha habido en Educación una serie de errores, siguiendo los principios de Rousseau, ese educador que abandonó a sus hijos y del que Voltaire dijo: “jamás se ha empleado tanta inteligencia en convencernos en que debemos volver a andar a cuatro patas”, que han logrado destrozar la enseñanza, transformando los centros escolares en garajes para adolescentes, con ideas como el que los alumnos siempre tienen de por sí ganas de estudiar, y si no lo hacen así, es porque la culpa es del profesor, y con normas como el que un alumno puede pasar de curso con todas suspendidas, clases con alumnos de muy diverso nivel, guerra a muerte a la memorización, la enseñanza de la puntuación y de la gramática son un obstáculo a la creatividad, muchos trabajillos y fichitas en vez de asignaturas concretas, exceso de asignaturas y poco tiempo para las de verdad importantes, supresión de los exámenes de septiembre, o la genialidad que no se podía echar a un alumno de clase, por su derecho a la enseñanza, sin tener en cuenta el derecho del profesor a impartir clase y el de los demás alumnos a recibirla. Se ha llegado a confundir escolarización con educación. Los resultado de semejantes métodos han estado a la vista de todos los que lo querían ver: un descenso tremendo en el nivel de la enseñanza, y si no ha sido todavía peor, creo que hay que agradecérselo a muchos profesores y alumnos que nunca han pensado que en enseñanza los duros se venden a cuatro pesetas (no conozco el refrán que actualice esto a la época del euro), o que los perros se atan con longanizas. Es evidente que si se quiere aprender hay que esforzarse, porque nada se consigue sin esfuerzo y que el estudio supone fuerza de voluntad. Han sido los laboristas ingleses los autores iniciales del desaguisado que nos llevó a la Logse, pero también de los primeros en darse cuenta del disparate cometido, porque si algo tienen los ingleses es sentido práctico, y así explicó otro ministro laborista de Educación la marcha atrás: “creo en la disciplina, en una aritmética sólida, en aprender a leer y escribir con corrección, en deberes para casa”. Por supuesto que es legítimo y bueno tratar de conseguir que todas las personas tengan las mismas oportunidades. Pero la inteligencia, el esfuerzo y el ambiente escolar juegan un papel y no se puede pretender que al final del proceso educativo todos los alumnos alcancen los mismos resultados. Es un deber elemental de cualquier profesor hacer que los buenos alumnos puedan estudiar y trabajar, sin tolerar que los malos alumnos saboteen las clases, aunque la consecuencia sea que unos aprovechan el tiempo y otros no, y ello produce resultados escolares distintos. Hay también el fallo de pretender que la escuela tiene que ser neutral. Nos guste o no nos guste, la educación no puede ser neutral. Los profesores, quieran o no, educan en valores; porque aunque no lo deseen ni pretendan, están educando en valores. Está claro que la enseñanza pública no es confesional, pero es evidente que no es neutra ni neutral, por la sencilla razón de que la escuela neutra no existe, pues quien pretende que su enseñanza es neutra, ya está educando en valores con los que estaremos de acuerdo o no; e, incluso, pueden parecernos solemnes disparates, pero desde luego la enseñanza, nunca, nunca, es neutral. Todo centro y todo profesor pretende algo de sus alumnos; ese algo, aunque sea el pasotismo más descarado o la apología del terrorismo, son los valores, en este caso negativos, que integran la educación. Como nos dijo Jesucristo: “la Verdad os hará libres” (Jn 8,32), y por ello los creyentes pensamos que es a través de la verdad como alcanzamos en todos los ámbitos de la vida, la auténtica libertad, una libertad que tiene tanto derechos como obligaciones, una libertad basada en el compromiso y la responsabilidad, y no en el egoísmo individual o colectivo, una libertad que cree en la democracia, pero que considera ésta con el fundamento, más que de la opinión mayoritaria, el del respeto hacia todo ser humano y su común dignidad intrínseca. El profesor tiene que tratar de imbuir a sus alumnos valores positivos que sirvan para el desarrollo de su personalidad, por lo que hemos de defender una educación en valores y virtudes, una educación democrática que inculque el ejercicio y la defensa de los derechos humanos, una educación que no se olvide de Dios, porque cuando se niega a Dios, se niega también el fundamento de la dignidad humana. El fundamento de la democracia no es el relativismo, sino la búsqueda colegiada de una verdad objetiva que encauce los intereses de todos, para lograr así el entendimiento racional entre los hombres. La libertad no es pura indeterminación, sino que la educación debe enseñar al educando a saber escoger aquello que le va a ayudar a ser mejor, en pocas palabras, a pasar por este mundo haciendo el Bien, porque el Amor y la Verdad son el sentido de la vida. Pedro Trevijano