sábado, 31 de diciembre de 2011

Sobre el espiritismo

La postura de la Iglesia Católica ya la hemos visto: hay mucho fraude, pero si hubiesen intervenciones extranaturales, éstas sólo pueden provenir de espíritus malvados

Hace unos días una persona me preguntó que qué opinaba la Iglesia católica sobre el espiritismo y si le era lícito entrar en contacto con sus difuntos por ese medio. La respuesta a esta pregunta la tenemos en el “Catecismo de la Iglesia Católica”, que dice así:

“2116. Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir (cf. Dt 18,10; Jr 29,8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘mediums’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo y la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”

2117. Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo –aunque sea para procurar la salud–, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de la intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo indica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él”.

Podemos decir que éste es el pronunciamiento oficial de la Iglesia sobre estas cuestiones. Deuteronomio 18,10-14 condena enérgicamente y califica de abominaciones a las prácticas a las que hemos hecho referencia, mientras Jeremías 29,8 califica de mentirosos a los profetas y adivinos no enviados por Dios. Y es que en estas cuestiones es muy fácil que nos encontremos con intervenciones diabólicas o, seguramente con nucha más frecuencia, con fraudes.

En la línea de intervenciones diabólicas leo en el célebre libro de A. Trochu, “El cura de Ars”, lo siguiente: Un capitán del ejército pregunta al Cura de Ars si son verdad las historias sobre el diablo. El sacerdote le respondió: “Amigo mío, usted ya sabe algo de esto… Sin lo que hizo, no hubiera podido librarse”. Sus compañeros se dieron cuenta que el santo no hablaba por hablar y le interrogaron. Éste les dijo que había ido a varias sesiones espiritistas y “un día, dijo, al entrar en mi cuarto, sentí la impresión de que no me hallaba solo. Miro y rebusco por todas partes. Nada, al día siguiente lo mismo. Además, me parecía que una mano invisible me apretaba por la garganta. Yo tenía fe. Fui a buscar agua bendita a mi parroquia. Rocié la habitación con todos sus rincones, y, a partir de aquel momento, cesó toda impresión de una presencia extranatural. No dudo que el cura de Ars acaba de aludir a este incidente”.

De todas formas en la gran mayoría de los casos, nos movemos en el campo del fraude. De adolescente teníamos en casa varios volúmenes del libro “Los fraudes espiritistas” del jesuita Carlos María de Heredia. Este señor realizaba sesiones espiritistas muy completas, pero de las que advertía: “todo lo que van a ver, tiene truco”. Y en el libro “Le Spiritisme” de Y. Castellan de la colección Que sais-je?, recoge unas declaraciones de las hermanas Fox, iniciadoras del espiritismo moderno, en que reconocen haber engañado. Otra frase importante que encontramos en ese libro es: “todos los grandes mediums han engañado”.

La postura de la Iglesia Católica ya la hemos visto: hay mucho fraude, pero si hubiese intervenciones extranaturales, éstas sólo pueden provenir de espíritus malvados. Recuerdo lo que me dijo un jesuita, muy conocido parapsicólogo: “Diles a tus alumnos que no jueguen al juego de la ouija (güija), porque un amigo mío, un muy conocido psiquiatra, me dijo. ‘Estoy harto de tener mi consulta llena de adolescentes, como consecuencia del juego de la ouija’”.

Está claro por tanto que el espiritismo es una opción no lícita para un cristiano. Ello no significa sin embargo que piense que no es posible una relación entre nuestros difuntos y nosotros. Nosotros podemos y debemos ayudarles con nuestras oraciones, y ellos desde luego también nos ayudan con su oración de intercesión por nosotros.



Pedro Trevijano, sacerdote

Viva la vida, fuera la muerte

Dios es amigo de la vida, no de la muerte. La muerte no la ha inventado Dios, sino que ha sido introducida en el mundo y en la historia por el pecado del hombre.



Las fiestas de Navidad nos hablan de vida, de fecundidad, de algo nuevo que nace. La Navidad es la fiesta de la vida. “Quien tiene al Hijo [Jesucristo] tiene la vida, quien no tiene al Hijo no tiene la vida” (1Jn 5,12). La Navidad es fiesta de exuberancia de vida. Esa vida ha brotado en el seno de una Virgen, donde la virginidad no es una tara ni una merma, sino abundancia pletórica de vida, reflejo de la vida sobreabundante del Padre, que engendra virginalmente a su Hijo en la eternidad y lo ha engendrado como hombre de María Virgen en el tiempo.

Dios es amigo de la vida, no de la muerte. La muerte no la ha inventado Dios, sino que ha sido introducida en el mundo y en la historia por el pecado del hombre. “Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rm 5,12). La muerte a la que todos estamos sometidos por el pecado original, y la muerte que nosotros mismos introducimos por nuestros propios pecados: homicidios, guerras, odios que conducen a la muerte.

La familia, según el plan de Dios, es el santuario del amor y de la vida. Constituida sobre el amor estable de un varón y una mujer, bendecido por Dios, la familia está abierta a la vida, es el lugar donde se transmite la vida, es el nido donde hemos venido a la vida y hemos crecido por el amor de nuestros padres, que nos han cuidado con esmero y cariño. Nada más bonito que ese nido de amor y de vida, que es la familia según el plan de Dios.

Muchos jóvenes se preguntan hoy si será posible alcanzar ese sueño dorado de una familia estable, de un amor fiel hasta la muerte, de una fecundidad que resulta rentable en todos los aspectos de la vida. Es un deseo que para muchos resulta inalcanzable, o al menos, lleno de riesgos. ¡Quién no quiere un amor para toda la vida! ¡Quién no se siente gozoso al verse fecundo y prolongado en los hijos! ¡Quién no desea una familia estable, en la que poner todas las esperanzas humanas como proyecto vital!

Pero la realidad que palpamos viene a decirnos todo lo contrario. Entre los matrimonios jóvenes, son menos los que permanecen fieles para toda la vida que los que rompen su matrimonio como algo inaguantable. ¡Con lo que duele eso! Es más fácil romper un matrimonio que romper cualquier otro contrato. Son cada día más frecuentes los abortos, que suponen matar al hijo en el propio seno materno, llevados por la presión ambiental. En España, en Andalucía, son miles de abortos cada año, impunemente. Cuando las leyes facilitan algo, casi que están induciendo a que se haga. Las estadísticas lo cantan.

La Navidad viene a decirnos que sí, que es posible. Dios quiere la felicidad del hombre, ya aquí en la tierra, aunque haya dificultades y sufrimientos, y para siempre en el cielo sin ningún sufrimiento. Más aún, siguiendo los planes de Dios, la economía es más estable y armónica. Cuesta menos dinero una familia estable y fiel que el sujeto que tiene dos o más parejas. Los hijos de una familia como Dios manda crecen más sanos que los que están repartidos, y no saben de quién son. ¡Cuánto sufren esos niños! La Navidad viene a hacer posible el matrimonio y la familia según el plan de Dios.

La Navidad es la gracia de Dios, que sana el corazón humano, herido por el pecado. La Navidad nos habla de que es posible la fidelidad matrimonial, es posible la apertura generosa a la vida, es posible el matrimonio y la familia según el plan de Dios. Dios ha pensado muy bien las cosas, y cuando el hombre sigue los caminos de Dios, a pesar de sus debilidades, encuentra la vida, encuentra la felicidad en algo tan fundamental para la sociedad como es la familia. Que viva la vida, que brota del corazón de Dios y quiere hacer feliz al hombre. Luchemos contra la muerte que destroza el corazón humano y siembra destrucción en la sociedad.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.